La ley de deshumanización progresiva

Arte inspirado en un artículo publicado en Le Monde

En 1950, el escritor y líder político de Martinica, Aimé Césaire publicó Discurso sobre el colonialismo, uno de los textos más importantes del siglo XX. En sus páginas, Césaire formuló lo que llamó la “ley de la deshumanización progresiva”. Citemos el pasaje en que la presenta: “La burguesía … está condenada … a cargar con toda la barbarie de la historia, con las torturas de la Edad Media y con la Inquisición, la razón de Estado y con el belicismo, con el racismo y con el esclavismo, en resumen, con todo aquello contra lo cual protestó … en la época en que … ella encarnaba el progreso humano … Existe una ley de deshumanización progresiva en virtud de la cual en el orden del día de la burguesía solo hay de ahora en adelante … violencia, corrupción y barbarie.” En otro sitio, añade: “la burguesía está condenada a ser cada día más huraña, más abiertamente feroz, más despojada de pudor, más sumariamente bárbara”. 

Violencia, corrupción, barbarie, ausencia de pudor: ¿acaso no describen estos términos la época de Trump, de Elon Musk, de los archivos Epstein? ¿Torturas de la Edad Media? Pensemos en el centro de detención en Guantánamo, la política de “rendición” de prisioneros a estados donde serían torturados, la cárcel de Abu Graib en Irak (anteriores a Trump) o la súper cárcel de Bukele en El Salvador, carcelero asociado de Trump. ¿Inquisición? Pensemos en la eliminación de referencias a la esclavitud o el colonialismo en museos o libros de texto, el chantaje contra universidades para que eliminen programas de diversidad e inclusión o el estudio crítico del racismo, la persecución de la prensa independiente y la censura hasta de comediantes televisivos, que incomodan al residente en Casa Blanca. Pensemos en la criminalización de la protesta, hasta el punto de justificar el asesinato de activistas anti-ICE. ¿Barbarie? Baste mencionar el genocidio en Gaza.  ¿Racismo? Demasiados son los ejemplos que se podrían dar. Recordemos como Trump llama “basura” a los inmigrantes de Somalia, lo cual también sirve como ejemplo de la falta de pudor de la burguesía de nuestra época. Recordemos además que Musk, el hombre más rico del mundo, es también un supremacista blanco, que cita aprobadoramente tuits como este: “el comunismo racial que destruyó a Rhodesia y Sur África [dos estados francamente racistas] es lo mismo que están trayendo a América y el resto de Occidente para convertirnos en una favela [barrio pobre] global.”

¿Deshumanización progresiva? Recordemos como el mismo Musk: considera que la gran debilidad de la civilización occidental es la “empatía” o como Javier Milei, presidente neoliberal de Argentina (levantando amenazante una motosierra) afirma que la justicia social es un ideal maldito.

Según Césaire, esta realidad es producto de una inversión histórica: la decadencia de la burguesía se constata en la medida en que se convierte en enemiga de lo que en su ascenso había defendido. ¿Qué había defendido entonces? Precisamente la crítica de los privilegios y las instituciones existentes; la crítica de la censura y la Inquisición. Había cuestionado el poder político de la nobleza y el poder terrenal de la iglesia. Había defendido la sujeción de los gobernantes a la voluntad de los gobernados, los derechos del hombre y del ciudadano, la igualdad ante la ley y la erradicación de la tortura. Ideas que se resumieron en la consigna inmortal de la revolución francesa: ¡Libertad, igualdad y fraternidad! Esa era la burguesía, o al menos la vanguardia de la burguesía, cuando era una clase “al ataque” como dice Césaire, cuando “ella encarnaba el progreso humano”.

Pero ¿cómo se explica la inversión señalada? Su resorte principal es la divergencia de los ideales de la revolución burguesa y las realidades de la sociedad capitalista. ¿Qué libertad tiene el obrero desposeído, obligado a venderse por un salario y subordinado a la voluntad del patrono mientras trabaja? ¿Qué igualdad puede existir entre poseedores y desposeídos, patronos y asalariados? ¿Qué fraternidad puede existir en una sociedad basada en la competencia de todos contra todos (individuos, empresas y países)? Y en la medida que muy pronto fue posible criticar la sociedad capitalista a nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la burguesía empezó a alejarse de sus propios ideales, tanto en la teoría como en la práctica. Ahora justificaba la dictadura, con tal de reprimir al movimiento obrero. Abrazaba teorías sobre la desigualdad de inteligencia o habilidades, con tal de justificar la división de clases. Consideraba la competencia como inherente al ser humano, con tal de naturalizar el mercado capitalista.

El caso extremo de esta inversión es el fascismo, con la supresión de todas las libertades y el traslado de la culpa por los males generados por el capitalismo a sectores y grupos históricamente discriminados, como los judíos en el caso del Nazismo, o como los inmigrantes, en la actualidad. Césaire advierte que el fascismo fue preparado por el colonialismo, que implicaba la negación de la capacidad de sus víctimas a gobernarse, y, bien vista, en la medida que tal capacidad define al ser humano adulto, la negación de su humanidad. Los Nazis aplicaron en Europa la inhumanidad ensayada en las colonias.

Pero no se trata del pasado: hoy renacen el mismo racismo y la misma xenofobia. Trump afirma que los inmigrantes de Somalia son basura. Es un lenguaje genocida: al fin al cabo ¿qué se hace con la basura? Recordemos parte del tuit de Homeland Security que discutimos en otra columna para La propuesta:

“¡Los alquileres están demasiado altos!

Hay decenas de millones de ilegales criminales en nuestro país.

¡La comida cuesta demasiado!

Hay decenas de millones de ilegales criminales en nuestro país.

¡No hay suficientes empleos!

Hay decenas de millones de ilegales criminales en nuestro país.

...

Muchos problemas. Una respuesta simple.”

En 1950, Césaire ya describía este razonamiento: “¡No más crisis sociales! ¡No más crisis económica! ¡No hay más que crisis raciales!” Ante los que, en aquel momento, a cinco años de la derrota del Nazismo, hablaban de la necesidad de proteger a la cultura francesa de la amenaza que representaban las olas de inmigrantes, Césaire proclamaba implacablemente que la burguesía francesa estaba “condenada a volver a rumiar, como por vicio, el vómito de Hitler”. Imagen terrible, pero ¿acaso no es eso lo que hacen Trump y Musk y las derechas afines en la actualidad?

El texto de Césaire está repleto de imágenes estremecedoras que parecen diseñadas para describir el momento actual de nuestras clases gobernantes. La idea, por ejemplo, de que antes de desaparecer una clase gobernante, debe “deshonrarse por completo”. ¿No es acaso esa la función que está cumpliendo Trump respecto a su clase? Citemos a Césaire una vez más: “es una ley implacable, que toda clase decadente se ve transformada en el receptáculo en el que confluyen todas las aguas sucias de la historia; que es una ley universal que toda clase antes de desaparecer debe deshonrarse por completo … y que es con la cabeza escondida debajo del estiércol como las sociedades moribundas entonan su canto del cisne.” Confluencia de todas las aguas sucias, cabeza escondida debajo del estiércol… las imágenes de Césaire nos deslumbran pues describen una pesadilla que ha evolucionado, pero no ha desaparecido. Pesadilla cuya cabeza más visible no hay que mencionar.     

Césaire confiaba, sin embargo, que la burguesía decadente estaba entonando su canto de cisne; es decir, que pronto desaparecería, cediendo, en sus palabras, a “la preponderancia de la única clase que todavía tiene una misión universal, porque sufre en su propia carne todos los males de la historia, todos los males universales: el proletariado.” Pero esa preponderancia de la clase obrera no se ha materializado. Setenta y cinco años después seguimos bajo el gobierno de una clase cada vez más corrupta. Eso nos recuerda que esa clase no caerá por su propio peso. Hay que derribarla. Y eso depende de nosotros y nosotras.

Rafael Bernabe

Rafael Bernabe es profesor de la Universidad de Puerto Rico, activista social y político, exsenador, autor de libros y artículos sobre historia y literatura puertorriqueña.

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