Esencia: un proyecto ecocapitalista

Palpablemente, la mistificación ecológica, el teñido verde o el ecoblanqueo, está muy presente en la campaña publicitaria de Esencia que ha recurrido inclusive al despliegue elegante de viejos esquemas retóricos y clichés promocionales con una larga historia colonial, como lo es la representación de Puerto Rico como un paraíso (Anazagasty Rodríguez, 2024; 2025). Ciertamente, dicha campaña subraya y elogia las cualidades verdes del megaproyecto turístico a la vez que disimula u omite mucho de los impactos ecológicos y sociales del complejo turístico y residencial durante y después de su construcción y los impactos de los estilos de vida de sus potenciales clientes. Los discursos y expresiones públicas de los desarrolladores en los medios y revistas de negocio también destacan continuamente las pretensiones ambientales del megaproyecto, contribuyendo a su teñido de verde. Efectivamente, el alegado compromiso de los desarrolladores del megaproyecto con la protección ambiental y la sustentabilidad es tema de numerosos artículos sobre Esencia. Por ejemplo, Stella Manferdini (2026) cita en su artículo para Design Courier a Will Bennett, uno de los inversionistas de Esencia, precisamente destacando la alegada aminorada huella ecológica del megaproyecto: “We’re also investing heavily in infrastructure, renewable energy, water systems, and environmental restoration. Compared to previous plans approved for this site, our master plan reduces the built footprint by 80%. Our environmental footprint is a fraction of what it would have been otherwise.” Por su parte, Michael Gross (2025) en su artículo “Carnet de Voyage: A Caribbean Second Coming” para la revista Palmer subraya las “ambiciones ambientales” de los desarrolladores de Esencia: “Like Yntegra, the Reubens and Three Rules are stressing their environmental ambitions, even applying for Signature Platinum Certification from Audubon International. Jamie Reuben promises ‘a significant investment’ will be made, ‘ensuring every aspect of Esencia meets the highest sustainability standards’”.

El que los capitalistas como Bennett o Reuben manifiesten ambiciones ambientales e incorporen medidas para proteger el ambiente a sus proyectos podría resultarle impactante y ciertamente sospechoso a muchas ambientalistas. Es de esperarse, pues en un pasado no tan lejano los capitalistas rechazaban y evitaban fogosamente medidas y prácticas ambientalistas y luchaban firmemente contra las regulaciones ambientales ya que las consideraban límites para el crecimiento económico y la acumulación de capital. Todavía muchos los hacen. Sin embargo, hoy en día es bastante común escuchar a muchos capitalistas e inversionistas hablar sobre la necesidad de proteger el medioambiente, así como del desarrollo sustentable y la modernización ecológica. Esto se debe a que, en la actualidad, a pesar de algunos negacionistas del cambio climático y de la desregulación ambiental en algunos países como Estados Unidos, el capital ya no puede negar la crisis ambiental global,  que se manifiesta tanto en la grave degradación ambiental como en un agotamiento severo de importantes recursos naturales. La crisis afecta al capital mismo, pues el deterioro ambiental equivale al menoscabo de las condiciones de producción del propio sistema económico. Además, los capitalistas no siempre pueden escapar a las leyes y regulaciones ambientales todavía vigentes alrededor del planeta. Pero existe, aparte de esas razones, una motivación de mayor peso para que hoy los capitalistas recurran a parches o remiendos ecológicos, que no es otra que el hecho de que hoy hacerlo es lucrativo. Esencia es un buen ejemplo de esto. 

Gross compara el proyecto Esencia de Reuben Brothers y Three Rules Capital con el megaproyecto de Yntegra Group en las islas Exumas en Bahamas. Para él, ambos grupos intentan "establecer un estándar global para el desarrollo responsable", aprovechando energías renovables y solicitando certificaciones de sostenibilidad mientras prometen generar empleo e invertir millones de dólares en Puerto Rico y Bahamas, respectivamente. Para Gross, los objetivos ambientales de Reuben Brothers y Three Rules Capital son palpables en sus esfuerzos por  obtener la Signature Platinum Certification de Audubon International, un prestigioso certificado ambiental que ratificaría su reclamo de que Esencia es sustentable. Pero lo que Gross expresó después acerca de estos desarrolladores, aunque sus intenciones no fuesen críticas, revela el fin subyacente de dicha certificación: “But they also hope to make lots of money, too.” El fin de los ambiciosos desarrolladores no es otro que la acumulación de capital, esto según Gross, aprovechando que Puerto Rico, aparte de ser un bello destino turístico, es además un mercado promisorio. Si bien Esencia, como notó Gross, les permitiría a los inversionistas explotar un mercado lucrativo, el de Puerto Rico como destino turístico y residencial de lujo también les abriría a estos la puerta ancha  a uno de los mercados más prominentes y lucrativos de nuestros días: el mercado verde,  vinculado al ecoturismo particularmente. De ahí la importancia del certificado de Audubon International. Los fines ambientales de los Reuben Brothers y Three Rules Capital van entonces acompañados, o más bien están subordinados, a sus ambiciones y fines monetarios. Nuevamente, la sustentabilidad ambiental, lo que para muchos capitalistas fue por mucho tiempo un obstáculo a la acumulación de capital, es para estos inversionistas promisorio. 

Los certificados ambientales forman parte de iniciativas ambientalistas que animan a diversos actores económicos a reducir voluntariamente su huella ecológica, en particular aquellas que van más allá de los requisitos establecidos por las regulaciones y leyes ambientales. Audubon International, una organización sin fines de lucro, y heredera de la famosa Audubon Society of New York State, los utiliza para promover la sostenibilidad ambiental, la conservación y las buenas prácticas de gestión ambiental, aparte de la responsabilidad social y las buenas relaciones con las comunidades. Audubon International y otras organizaciones similares no solo han contribuido al creciente uso y popularidad de estos certificados, sino que además  impulsan con estos  los ideales y fundamentos del capitalismo verde o ecocapitalismo, en particular la idea de que la naturaleza se protege mejor en y a través de la expansión del capitalismo y los mecanismos del mercado capitalista. Así, y a pesar de sus fines ambientalistas y sociales, los certificados ambientales se han convertido en una herramienta muy usada por la mercadotecnia verde. Estos certificados cumplen hoy una función mercantil importante para las empresas y corporaciones, en particular para aquellas vinculadas al turismo, los hoteles y hospederías, los bienes raíces y los campos de golf.  El certificado de Audubon International, por constituir un reconocimiento público de prestigio para las corporaciones que los obtienen, les añaden valor económico a estas. Christine Kane (2024), quien fuese directora ejecutiva de Audubon International, así lo plantea al referirse a los certificados otorgados por esta organización a los clubs de golf. En sus palabras, estos aumentan tanto el valor real como el valor percibido por sus miembros y comunidades vecinas. De hecho, eso es, según ella, un componente fundamental de cada proceso de certificación de su organización, y añade que estos certificados les ofrecen a los clubs ventajas ante aquellos competidores que no los tengan. Estos certificados son además un atractivo para muchos clientes potenciales, pues como indica Kane: “Their decision will also let them be proud of doing something good for the environment, as opposed to another club that has no such programming to promote. That’s the benefit of committing to constant and consistent outreach and education (111).”   El valor y atractivo que suman estos certificados  son tan ambicionados por empresarios y corporaciones, particularmente por aquellas compitiendo en el campo de los mercados verdes o buscando atraer a los consumidores verdes, como es ciertamente el caso de Esencia. 

La certificación platino de Audubon International está diseñada específicamente para propiedades o proyectos nuevos o de renovación con el objetivo de promover un diseño, construcción y gestión sostenible a largo plazo, proyectos que como Esencia incluyan campos de golf, hoteles y residencias, entre otras cosas. Este certificado platino recoge en una sola certificación lo que usualmente la organización ofrece por separado y en tres niveles (bronce, plata y oro). Para obtener el certificado los desarrolladores de Esencia deben incorporar prácticas sustentables afines a una buena gestión ambiental durante las etapas de diseño, construcción y manejo del megaproyecto. Los desarrolladores de Esencia han insistido en que así es y de hecho es lo que reclaman en la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto:  

Conjuntamente, se pretende crear un desarrollo que gire alrededor de la belleza natural del paisaje adyacente, protegiendo y mejorando áreas que contienen recursos naturales, tales como la restauración de los humedales existentes y siembra de nuevos, mejorando y preservando las dunas, creando accesos seguros a la playa para residentes y visitantes, y aumentando el turismo en el área, entre otros. Además, al perseguir ser autosustentable en consumo energético y de agua potable, y en el manejo de aguas sanitarias, las cuales una vez tratadas a los estándares adecuados, se utilizarán para el riego de las áreas verdes y campo de golf, limitará el impacto a la infraestructura del área. Igualmente, mejorará la infraestructura de las carreteras del área. Por estas razones, y por las presentadas dentro de este documento, se entiende que la acción propuesta es la mejor alternativa. (Cabo Rojo Land Adquisition 2026: 397)

El megaproyecto turístico incorpora algunas prácticas ecológicas, como la conservación o la restauración del medioambiente, siempre que sean afines a la acumulación de capital o el lucro. Sin estas prácticas, los desarrolladores no obtendrían la anhelada certificación. Claro, algunas de estas prácticas a favor del medioambiente son requeridas por las regulaciones ambientales locales y federales, en particular porque parte del proyecto se ubicaría en suelos especialmente protegidos. Pero, en cualquier caso, la incorporación de estas prácticas son parte de las estrategias de acumulación de los desarrolladores de Esencia. Y es por su integración de estas medidas ambientales para fines de lucro que el proyecto constituye un desarrollo ecocapitalista. 

Como ilustra el caso de Esencia, la protección, conservación y restauración del medioambiente son hoy cruciales para algunos sectores capitalistas, esto en el contexto de varios mercados verdes. Por ejemplo, hoy la restauración de los humedales es toda una estrategia de acumulación de capital en el contexto del mercado de los llamados “wetland credits” (Smith, 2006).  También lo es la conservación ambiental, que se ha convertido, como le llaman Bram Büscher y Robert Fletcher (2014), en "acumulación por conservación". Esencia incorpora tanto la conservación como la restauración, entre otras prácticas verdes, como elementos fundamentales de sus estrategias de negocios. A través de estas prácticas, los inversionistas buscan ampliar e intensificar la mercantilización de los recursos naturales, preservándolos o restaurándolos como capital natural para un uso no extractivo. En lugar de extraer y mover recursos como materias primas para procesos de fabricación, los desarrolladores de Esencia dejan los recursos en su lugar para transformarlos en bienes aprovechables de formas no extractivas. Por lo cual  Esencia es ejemplar de un cambio cualitativo en la relación entre la protección o gestión ambiental y capitalismo en las últimas décadas (Smith, 2006). 

Las áreas restauradas y conservadas implican cierta escasez no solo porque la destrucción ambiental ha dejado pocos espacios para esto, sino porque además  el acceso a esas áreas, y sus recursos, están restringidos o  altamente regulados. Esencia se serviría de estos bienes escasos, bienes además protegidos. Su escasez y el acceso limitado a estos aumentan el valor económico o de cambio de esos suelos, que son, incluso , por ser áreas de alto valor ecológico, un atractivo para sus potenciales clientes. El plusvalor de áreas protegidas o conservadas puede obtenerse tanto mediante el trabajo muerto o pasado, alteraciones previas al medioambiente que a su vez ahora encuentra un nuevo valor de intercambio al que puede adherirse o, a través de trabajos de restauración, renovación o transformación, el trabajo objetivado futuro (Smith, 2006). Esencia, a pesar de sus medidas de conservación, dependerá mucho de este último ya que Los Pozos será alterado o trans-ormado profundamente. Y, cualesquiera que sean las cualidades de las áreas reconfiguradas, modificadas o restauradas, o de las áreas conservadas, su principal valor de uso será precisamente su capacidad para producir riqueza o capital bajo las nuevas condiciones, las de escasez y exclusividad. Además, el hecho de que Esencia esté rodeada de áreas protegidas por el Estado, también escasas, y que sea un proyecto lujoso y exclusivo para turistas ricos también le añaden valor económico.  Como ya se ha indicado, el certificado de Audubon International también le añadiría valor. 

Incorporar  la conservación, la restauración y otras prácticas sustentables al proyecto Esencia está atada al ecoturismo, mercado al que apela el megaproyecto que es actualmente un medio capitalista para sostenerse a sí mismo mediante la expansión espacio temporal en la era neoliberal (Fletcher & Neves, 2012). El ecoturismo genera valor transformando recursos naturales en bienes de consumo, en un lugar específico, sin moverlos. Son los consumidores, los turistas, los que son transportados a ese lugar, y pagan mucho dinero por interactuar y vacacionar con recursos naturales escasos, conservados y restaurados, pero ciertamente transformados en mercancías o bienes de consumo. El ecoturismo ha sido, sin duda, un mecanismo de financiación importante para la conservación neoliberal flexible, aunque es importante además para la conservación ficticia atada a los mercados de los derivados ambientales (Fletcher & Neves, 2012; Büscher & Fletcher, 2014). Sin embargo, Esencia no implica cualquier transformación de la naturaleza, pues su éxito dependerá de su atractivo como destino turístico de lujo. Esencia requiere de la estética de un paisaje bello, agradable y ecoamigable. Efectivamente, el proyecto fue diseñado para figurar una conexión con la naturaleza, el equilibrio ecológico y el desarrollo sostenible, combinando el atractivo visual con la conciencia ambiental de los clientes potenciales. 

Los desarrolladores recurrieron precisamente al paisajismo verde con el objetivo de hacer que el medio ambiente, y la supuesta integración ecosistémica del megaproyecto, resulten atractivas para sus clientes, muchos de estos consumidores verdes y ecoturistas ricos del Norte global. Esto funciona conectando a Esencia con el ecoturismo, el descanso y la recuperación, promocionándolo como un escape de la ajetreada vida en los entornos urbanos del Norte global. El megaproyecto es vinculado entonces a la idea de que este ayudará a los clientes a superar su alienación de la naturaleza, también producida por la vida moderna en las sociedades capitalistas. Esto último implica una oferta particular que las corporaciones pueden, mediante el ecoturismo, concretar y mediar eficazmente los encuentros o reencuentros de sus clientes con la naturaleza a cambio de dinero, por supuesto. Esencia también está conectado con la idea de que el lucro no es incompatible con la sostenibilidad; que el desarrollo sustentable y el crecimiento económico son posibles y deseables. Por lo tanto, la conservación, la restauración y el paisajismo verde, prácticas esenciales del ecoturismo, son partes fundamentales de las estrategias económicas de Esencia que explota las dimensiones culturales de nuestras relaciones con la naturaleza. Es decir, sus valores de uso estéticos, visuales, recreativos y psicológicos, entre otros, subsumiéndolos y subordinándolos a su valor de cambio en el mercado capitalista.   

Esa “segunda venida caribeña” a la que se refería Gross (2025) en su escrito no es otra entonces que la intensificación en Puerto Rico de lo que Smith (1994; 2006) llamó la producción capitalista de la naturaleza, hoy marcada por una transformación dramática en la relación socioeconómica con la naturaleza. Esta implica una creciente y agresiva subsunción capitalista de la naturaleza, tanto formal como real. Efectivamente, Esencia implica la transformación y conversión de recursos naturales, incluyendo los bienes comunes, y de  gestión de sus  mercancías o bienes, así como la mercantilización de nuestras relaciones y encuentros con la naturaleza con el fin de acumular capital continuamente. Nuevamente, las ambiciones y fines ambientales de los inversionistas y desarrolladores de Esencia están subordinadas a sus intereses monetarios, por lo que sus fines primordiales no son la protección del medioambiente, sino la acumulación de capital, incluyendo el capital natural. 

La clasificación del Proyecto Esencia como un proyecto ecocapitalista no lo convierte en un proyecto de bajo impacto ambiental, y mucho menos en el epítome de la conservación o del desarrollo sustentable aun si obtuviese el prestigioso certificado de Audobon International. Aunque Esencia, y el ecoturismo en general, podrían considerarse una mejor alternativa al turismo masivo tradicional, por atenuar varios de los impactos medioambientales negativos que suele conllevar el turismo tradicional, este no está exento de profundas consecuencias y/o externalidades ambientales. Ciertamente, podemos admitir que un proyecto como Esencia que implique modernización ecológica, la adopción de algunas metas y prácticas sustentables, y hasta cierta conservación y restauración de recursos, sea mejor para el medioambiente que un proyecto turístico tradicional que no incluya esas prácticas. Y es precisamente a esto a lo que apuestan aquellos actores que otorgan certificados ambientales, usualmente vinculados al ambientalismo reformista. Pero esto no significa que tales proyectos, incluyendo Esencia, no tengan impactos ambientales o ecológicos adversos, ni que su huella ecológica no sea profunda y devastadora.

 La huella ecológica de Esencia, de finalmente construirse, sería todavía muy profunda. Efectivamente, Esencia no es tan verde como parece, como también es cierto de una buena parte de los grandes proyectos ecoturísticos alrededor del mundo (Brockington & Duffy, 2010). Es un ejemplo más, como advierte Enrique Leff (2008: 142), de que, aunque queramos “revestirnos de verde y ecologizarlo todo,” “. . . no todo lo que brilla es oro, ni todo lo verde es ecológico.” La alegada ecoamabilidad de Esencia, así como su sustentabilidad, ya han sido efectivamente cuestionadas por un creciente número de opositores, quienes aseguran y han demostrado que el proyecto tendría un impacto adverso significativo para el medioambiente, con implicaciones graves en cuanto a la biodiversidad, los suelos y los recursos hídricos, entre otras consecuencias ecológicas peligrosas. Al final, las medidas y acciones verdes que propone el proyecto son bastante ligeras cuando consideramos su extenso e intenso impacto ambiental. 

Otra consecuencia grave del proyecto Esencia, aparte de sus nefastas consecuencias ecológicas, es que las prácticas ambientales que incorpora el proyecto, aunque pobres y ligeras, implicarían una profunda transformación de las relaciones socialmente estructuradas con la naturaleza en Puerto Rico, transformando particularmente la gestión ambiental y el manejo de recursos naturales en áreas protegidas y de alto valor ecológico. El proyecto involucraría el manejo y explotación corporativa y privada de suelos definidos por el propio gobierno estatal como suelos rústicos especialmente protegidos, una gestión ambiental que sería profundamente capitalista, neoliberal inclusive. Es decir, Esencia implicaría la privatización de la conservación y la restauración ambiental,  de la protección ambiental de los suelos especialmente protegidos, evitando, además, que estos sean convertidos en áreas protegidas o reservas manejados por el Estado y sus agencias o por las comunidades. 

De hecho, la recién aprobada Ley 82-2026, hecha a la medida de Esencia y que enmienda el Código Municipal de Puerto Rico (Ley 107-2020), específicamente su artículo 6.007 respecto al plan territorial y los suelos rústicos, facilita la gestión y usufructo corporativo de esos suelos. Con la nueva ley, un suelo rústico es un terreno que no debe urbanizarse a menos que la Junta de Planificación de Puerto Rico determine que cumple con al menos uno de varios requisitos. í, solo uno: que sea un proyecto designado por el Gobierno de Puerto Rico o por un municipio como un proyecto estratégico, prioritario, o de infraestructura crítica; sea compatible con la conservación del entorno; que el proyecto en cuestión identifique, incorpore o mitigue en su plan de desarrollo la protección y conservación de aquellas características especiales por las cuales dicho terreno ha sido identificado como suelo rústico especialmente protegido y que el proyecto incluya un sistema de generación de energía eléctrica sujeto a las disposiciones del Reglamento Núm. 9028 de 2018 del Negociado de Energía de Puerto Rico. Los desarrolladores de Esencia reclaman precisamente que el proyecto es compatible con la conservación y que incorpora medidas de mitigación, conservación y restauración, entre otras prácticas verdes. 

En Puerto Rico, como en otras partes del mundo, atravesamos entonces por un momento en el que la relación socioeconómica con la naturaleza es dramáticamente transformada por el capital, una que intensifica enormemente el asedio capitalista de los recursos naturales y los bienes comunes. Y peor aún, esa transformación, con la ayuda del estado colonial, reproduce y agrava la desigualdad ambiental en Puerto Rico, como demuestra la mencionada Ley 82-2026. De hecho, esta ley se aprobó de forma expedita y sin la necesaria deliberación y discusión pública, constituyendo lo que podríamos denotar como una injusticia ambiental en los procedimientos. Sectores importantes y relevantes de la sociedad civil no participaron de la discusión y toma de decisiones al respecto de esta. Además, la ley reproduce y reafirma la desigualdad ambiental al limitar las acciones que puedan tomar una “persona natural o privada” con respecto a la protección del medioambiente o contra la desigualdad o injusticia ambiental. Efectivamente, La Ley 82-2026 atenta contra la fiscalización y la participación ciudadana en la toma de decisiones respecto al medioambiente, erosionando la “ciudadanía ambiental.” La aprobación de la consulta de ubicación del megaproyecto Esencia por parte de la Oficina de Gerencia de Permisos, sin vistas públicas, es una acción ciertamente antidemocrática quetambién constituye una injusticia ambiental.    

Referencias

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Büscher, B., & Fletcher, R. (2014). Accumulation by Conservation. New Political Economy, 1-26.

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Fletcher, R., & Neves, K. (2012). Contradictions in Toursim: The Promise and Pitfalls of Ecotourism as a Manifold Capitalist Fix. Environment and Society: Advances in Research(3), 60-77.

Gross, M. (2025, September 2). Carnet de Voyage: A Caribbean Second Coming. Palmer. Retrieved April 17, 2026, from https://palmerpb.com/2025/09/02/carnet-de-voyage-a-caribbean-second-coming/

Kane, C. (2024, July/August). Environmental Certification is a Value-Added Proposition for Members. The Board Room, 28(314), 111-12. Retrieved June 23, 2026, from https://issuu.com/boardroommagazine/docs/br07082024magazinefinal/20?fr=sZmFmZDc2NjA0Mzc&ct=t(BR_July_August_2024)

Leff, E. (2008). Discursos Sustentables. México: Siglo XXI Editores.

Manferdini, S. (2026, May 18). Can Luxury Development Be Responsible? Will Bennett Thinks So. Design Courier. Retrieved August 1, 2026, from https://www.thedesigncourier.com/into-big-affairs/can-luxury-development-be-responsible-will-bennett-thinks-so

Smith, N. (1984). Uneven Development: Nature, Capital and the Production of Space. New York: Basil Blackwell.

Smith, N. (2006). Nature as Accumulation Strategy. Socialist Register, 43, 16-36.


José Anazagasty Rodríguez

José Anazagasty Rodríguez es catedrático en el programa de Sociología del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez. Es especialista en sociología ambiental, estudios americanos y teoría social y ha realizado investigaciones en la retórica imperialista estadounidense y la producción capitalista de la naturaleza en Puerto Rico.

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