La construcción de una perspectiva antillana en Eugenio María de Hostos

[El siguiente texto sirvió de base para las palabras pronunciadas en la conmemoración del natalicio de Eugenio María de Hostos celebrada el pasado domingo, 11 de enero de 2026, frente al busto de Hostos en el parque de Mercantil Plaza].

0.

Esta conmemoración del natalicio de Eugenio María de Hostos se le dedica “al Caribe antillano”, en el contexto de una renovada agresión antiinmigrante del gobierno de Donald Trump, que para Puerto Rico implica, sobre todo, un ataque a la comunidad dominicana y haitiana. Ante este contexto, me limitaré en el día de hoy a decir unas palabras sobre la perspectiva antillana que desde temprano en su vida Hostos promovió y profesó. Para eso, aprovecharé tres distintos momentos en la obra de Hostos.

1.

El primero, un discurso que pronunció Hostos en el Ateneo de Madrid el 20 de diciembre de 1868. Meses después de la Revolución de Septiembre en España, en momentos en que se debatía el gobierno ideal para España, se auspició una discusión guiada bajo la siguiente pregunta: “¿Cuál de las dos formas de gobierno, monarquía o república, realiza mejor el ideal del derecho?”. Ante esta, Hostos pide la palabra e inicia de manera contundente diciendo lo siguiente:

“Yo no necesito deciros lo que soy. Yo soy americano: yo tengo la honra de ser puertorriqueño y tengo que ser federalista. Colono, producto del despotismo colonial, cohibido por él en mis afectos, en mis pensamientos, en mis actos, me vengué de él imaginando una forma definitiva de libertad y concebí una confederación de ideas, ya que me era imposible una confederación política. Porque soy americano, porque soy colono, porque soy puertorriqueño, por eso soy federalista. Desde mi isla veo a Santo Domingo, veo a Cuba, veo a Jamaica y pienso en la confederación: miro hacia el norte y palpo la confederación, recorro el semicírculo de islas que ligan y ‘federan’ geográficamente a Puerto Rico con la América Latina, y me profetizo una confederación providencial”.

La pregunta que da pie a la discusión en el Ateneo es contestada, de inicio, casi con naturalidad: por ser puertorriqueño, dice Hostos, él “tiene que ser federalista”. Esa respuesta le permite luego exponer lo que se relaciona con el tema de hoy. Leo, nuevamente: “Colono, producto del despotismo colonial, cohibido por él en mis afectos, en mis pensamientos, en mis actos, me vengué de él imaginando una forma definitiva de libertad y concebí una confederación de ideas, ya que me era imposible una confederación política”.

Para Hostos, el colonialismo, o el despotismo colonial, implica no solo una sujeción política, sino también una manera de entender las cosas, de mirar, una perspectiva. El colonialismo limita intelectualmente, sentimentalmente, al “colono”. Para romper con esta perspectiva cohibida, represiva, limitada —añadimos nosotros fragmentada —era importante desarrollar una perspectiva distinta: amplia, abarcadora, larga, que asociara. Ante lo cohibido, lo expansivo.

Es el paso que le permite, entonces, hacer alusión hacia la Confederación Antillana. “Porque soy americano, porque soy colono, porque soy puertorriqueño, por eso soy federalista. Desde mi isla veo a Santo Domingo, veo a Cuba, veo a Jamaica y pienso en la confederación: miro hacia el norte y palpo la confederación, recorro el semicírculo de islas que ligan y ‘federan’ geográficamente a Puerto Rico con la América Latina, y me profetizo una confederación providencial”.

Si por un lado la mirada expansiva que rompe con el colonialismo parecería requerir una consciencia aguda de los efectos del colonialismo en el sujeto, la mirada que permite asociar a las islas del Caribe, la perspectiva antillana, se presenta con la mayor naturalidad posible. La federación de las islas es primero una realidad a partir de la mirada que, desde un punto, liga las distintas islas en un destino común. De ahí, la idea, ya política, de federarlas entre sí.

Contrario a lo que suele pensarse, esta federación de islas no buscaba replicar las divisiones que produjo la fragmentación imperial: la Confederación Antillana no es una confederación de excolonias españolas, ni una fundamentada a partir de criterios estrechos lingüísticos. De la propia cita se desprende este carácter, diríamos hoy, multilingüe y multicultural de la perspectiva antillana de Hostos: la confederación incluye igual a islas hispanohablantes como a Jamaica; y por “Santo Domingo”, debe entenderse la isla llamada Santo Domingo, es decir, no solo la República Dominicana, sino también Haití. Si en algunos momentos de la obra hostosiana se enfatizan las Antillas hispánicas, es meramente como punto de partida, pero el proyecto se presenta, desde temprano, más abarcador.

2.

Vale señalar cómo esta visión antillanista se condensa, consciente o inconscientemente, en La peregrinación de Bayoán, novela en forma de diario que publicó Hostos en el 1863, cinco años previo al Discurso en el Ateneo. No sorprende el que Antonio S. Pedreira, en su biografía Hostos. Ciudadano de América, haya afirmado que La peregrinación de Bayoán sea “el prefacio público de su ideal antillano” (25-26). Esta permite abordar desde otro ángulo la “naturalidad” de la perspectiva antillana.

En La peregrinación de Bayoán las Antillas no se presentan como islas y pueblos aislados. La novela construye y articula un espacio antillano que funde la historia de las distintas islas de las Antillas a partir del viaje en el mar. Es desde el viaje marítimo que se posibilita el desarrollo de una mirada unitaria, de un espacio antillano amplio, que tiene, además, como punto inicial la historia precolombina de las Antillas y la época de la conquista y colonización, aunque englobe también la historia compartida de la esclavitud. En esta novela el mar no es un cuerpo que separa las islas, sino uno capaz de comunicar y unirlas y así restablecer una historia común que el proceso de conquista y colonización había borrado. El mar, en fin, es un vaso comunicante que permite contrarrestar la visión estrecha e insular producto de siglos de competencia entre imperios trasatlánticos y entre islas colonizadas.

Para efectos de hoy, de La peregrinación de Bayoán interesa sobre todo la primera parte del diario de Bayoán, protagonista de la novela. Estas páginas consisten enteramente en los apuntes y las reflexiones de Bayoán durante su recorrido algo azaroso, y sin propósito predeterminado, por el lado atlántico de las Antillas mayores. Aquí, la mirada en transcurso y la reflexión histórica se presentan como una homología. La reflexión histórica parece ser, también, un “peregrinaje”, un viaje de descubrimiento.

Bayoán inicia su diario en las costas del noreste de Puerto Rico y, según escribe en el encabezado de la primera entrada, “A bordo. Octubre 12”. El 12 de octubre es, por supuesto, el día del encuentro entre los dos mundos. Pero el otro hecho que señala el encabezamiento de la primera entrada del diario es igualmente significativo: “A bordo”. La escritura del diario de Bayoán comienza, no desde la firmeza terrestre, sino desde el mar. Son múltiples las lecturas de este inicio acuático, a flote. El desarraigo del comienzo del diario pudiera ser una alusión a la condición colonial, que no ha permitido la fundación de un país. El mar es también el espacio que podría superar las fronteras impuestas por la historia colonial y así aproximarse a la creación de un espacio amplio antillano. Más que estar desarraigado, Bayoán se presenta en una posición que, por ser escurridiza, es curiosamente capaz de enlazarse a la compleja historia antillana. Mientras la historia colonial ha hecho que el mar sea un espacio de lucha entre imperios, en La peregrinación de Bayoán el mar se recrea como uno capaz de volver a darle una unidad a la región.

3.

Cuando originalmente se me invitó a participar de esta conmemoración, todavía no había ocurrido la invasión de Venezuela por parte de los Estados Unidos, lo que representa un nuevo momento en la historia reciente de agresiones imperialistas hacia América Latina, y una puesta en vigor de lo peor de la Doctrina Monroe. Si bien en un momento pensé dedicarle mayor espacio a La peregrinación de Bayoán, pensé más adecuado abordar otro aspecto de la visión hostosiana de la Confederación Antillana. En una reflexión extensa en su diario, fechada el 26 de septiembre de 1869, Hostos aborda los peligros que pudieran darse en las Américas producto, en parte, de la arrogancia de los Estados Unidos: “ella misma ha concebido de su prepotencia. Luego esta prepotencia destruirá el fin histórico de ambas partes”. Es entonces que articula una función adicional, crucial, de la Confederación: la de servir de contrapeso, de balance, a América del Norte y la América Latina.

“¿Cómo impedir el peligro [de una falta de balance de poderes entre América del Norte y América del Sur]? Favoreciendo la constitución de una federación interamericana. ¿Qué países pueden ofrecer esperanzas? Las Antillas, cuya posición central, vis a vis del Continente y del mundo entero, hace de ellas una fuerza comercial imponderable favoreciendo un vasto desarrollo de la civilización, mediante la cual servirán a estos tres fines: balancear las fuerzas de la América, servir de conductor civilizador y preparar el ensayo de fusión latente que se verifica siempre en los grandes centros comerciales, la unidad de la especie”.

Ante la vergonzosa colaboración del gobierno de Puerto Rico, y del uso del territorio nuestro como parte de la remilitarización del Caribe, ante la colaboración del gobierno de Trinidad y Tobado en este esfuerzo, vale la pena pensar qué hubiese sido de esta intervención con una federación antillana sólida. Incluso, vale la pena preguntarse: ¿hubiera sido posible esta invasión y este secuestro sin esta colaboración, con una Confederación Antillana independiente, con perspectiva propia? Sería esta, también, otra “rebelión” ante la perspectiva colonial y ante la praxis imperial.

4.

Aunque se establece un pasado común en las Antillas, es cierto que en La peregrinación de Bayoán el futuro de la región no se piensa o se desarrolla; solo se intuye. Además, quizá el haber llamado a su ideal antillano una “confederación de ideas” en aquel discurso del 1868, años después de su novela, sea la manera en la que el propio Hostos reconoció la imposibilidad de aquel sueño político en su tiempo. Y es de notar que, para alguien que será conocido por una vasta obra rigurosa y articulada a partir de discursos científicos y filosóficos (Tradado de moral, Tratado de lógica, Tratado de sociología, Lecciones de derecho, Ciencia de la pegagoía), la Confederación Antillana no dejará de ser, simultáneamente, una idea clave del pensamiento y la obra hostosiana, a la vez que una que no se desarrolla conceptualmente a cabalidad.

Sin embargo, este imaginario antillano amplio relaciona al pensamiento hostosiano con los intentos de unión que, si bien es cierto que no se dieron a nivel político, animaron a algunas de las mentes más progresistas de la época: Ramón Emeterio Betances, Antenor Firmín, José Martí y el propio Hostos. Un siglo después, el sueño se intentó en las antiguas colonias antillanas británicas, ante las ilusiones y las desilusiones de Eric Williams, entre otros. Algunas figuras políticas en Puerto Rico, entre las que se destaca Juan Antonio Corretjer, insistieron en la idea hostosiana de una Confederación Antillana.

Incluso, recientemente, la crisis climática le ha dado una nueva dimensión y urgencia a esta idea. El texto Puerto Rico ante la catástrofe capitalista. Manifiesto ecosocialista, plantea que:

“La fragmentación política y económica es una de las peores herencias del colonialismo en el Caribe. Cada isla o grupo de islas se relaciona más con la metrópoli, antigua o presente, que con sus vecinos. La necesidad de reducir el transporte y relocalizar la producción exige superar esta fragmentación. La centenaria perspectiva de una federación antillana se convierte en una exigencia ecológica. Movernos en esa dirección es parte necesaria del proyecto ecosocialista en nuestra región”.

Por lo dicho, quizás la poca definición de la Confederación Antillana, o, dicho de manera positiva, la apertura de posibilidades que abre la Confederación según Hostos, en lugar de ser uno de los defectos políticos del pensamiento hostosiano, sea su fortaleza. La capacidad de soñar aquella “confederación de ideas” quizás haga de él una aspiración todavía, cada vez con mayor urgencia ante la realidad cambiante (económica, social, ambiental) que se vive y que nos asecha. Su fuerza estriba en que deja abierto el sueño de esta utopía de islas, en proponer, precisamente, un horizonte que observar y al que caminar hacia adelante.

Jorge Lefevre Tavárez

Jorge Lefevre Tavárez (editor, escritor, sindicalista) es docente sin plaza en la Universidad de Puerto Rico. Forma parte de la Junta Nacional de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universtiarios. Es miembro de Democracia Socialista.

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