De Engels a Conrad Schmidt: una carta memorable

Por Rafael Bernabe



Recientemente preparé un escrito con motivo del bicentenario del nacimiento de Federico Engels que momento crítico publicó. Ese trabajo me obligó a repasar algunos de los escritos de Engels. Entre ellos se encuentra una magnífica carta del 27 de octubre de 1890 que envió a su amigo Conrad Schmidt [1]. Por falta de espacio no pude comentarla en el artículo mencionado [2]. Aprovecho ahora para discutirla brevemente, con la esperanza de que quienes leen se animen a consultarla.


El marxismo, como se sabe, plantea que las acciones fundamentales del estado (y el derecho) y el contenido de las corrientes dominantes en otras esferas de la actividad social (la filosofía, la religión, etc.) corresponden a los intereses de las relaciones de producción en determinada sociedad y época. Esta idea genera la pregunta de cuál es la relación entre estos niveles o esferas de la actividad. ¿Cuál es la naturaleza de la correspondencia señalada entre estado, derecho, filosofía, religión y determinadas relaciones de producción y los intereses de determinada clase gobernante? Las respuestas se han debatido entre dos extremos: en uno, las que, por reconocer la autonomía y particularidad de la política, el estado, el derecho, la filosofía o la religión, acaban por independizarlas completamente de las relaciones económicas; y en otro, las que, por enfatizar el carácter derivado de esas esferas, acaban por negarles toda autonomía y las reducen a un reflejo inmediato y mecánico de las relaciones económicas. La carta de Engels aborda este problema: su respuesta insiste en evitar los polos indicados y se mantiene en el terreno intermedio, en el que pueden conducirse productivamente las investigaciones desde una perspectiva marxista. Engels insistirá en la dependencia del estado, la política, el derecho y las demás esferas en las relaciones económicas, sin por ello negar la autonomía de esas esferas y el impacto que a su vez tienen sobre las relaciones económicas.


A su amigo Schmidt le habían ofrecido un empleo en la bolsa de valores de Zúrich. Le había escrito a Engels, preguntándole si debía aceptar la oferta a la vez que le planteaba algunas preguntas sobre el tema del párrafo anterior. Por eso Engels, antes de pasar al segundo problema, inicia su respuesta con un comentario sobre la relación entre la producción, el comercio y las finanzas en el capitalismo, algo que resulta de gran actualidad, hoy que se discute la relación entre la "economía real" y las finanzas.


Producción, comercio, finanzas


Así, Engels indica que la producción y las formas en que se lleva a cabo son los factores decisivos, pero al desarrollarse el comercio como una actividad independiente, a cargo de un grupo especializado (mercaderes, comerciantes) adquiere un movimiento propio que a su vez afecta a la esfera productiva de la cual se ha diferenciado. Engels señala que: "Donde la división del trabajo existe en escala social, las distintas ramas del trabajo se independizan unas de otras. La producción, es en última instancia, lo decisivo. Pero en cuanto el comercio de productos se independiza de la producción propiamente dicha, obedece a su propia dinámica, que, aunque sometida en términos generales a la dinámica de la producción, se rige, en sus aspectos particulares y dentro de esa dependencia general, por sus propias leyes contenidas en la naturaleza misma de este nuevo factor. La dinámica del comercio de productos tiene sus propias fases y reacciona a la vez sobre la dinámica de la producción".


Lo mismo ocurre al desarrollarse el mercado de dinero (la banca, el crédito) y la bolsa de valores como actividades independientes. Junto a la producción y el comercio, esta esfera adquiere su propio movimiento y tendencias, que a su vez afectan la producción y el comercio. Según Engels: "Lo mismo ocurrió con el mercado de dinero. En cuanto el comercio de dinero se separa del comercio de mercancías, sigue, bajo determinadas condiciones y dentro de los límites impuestos por la producción y el comercio de mercancías, un desarrollo independiente, con sus leyes especiales y sus fases, determinadas por su propia naturaleza. Y cuando, por añadidura, el comercio de dinero se desarrolla y se convierte también en comercio de valores … la influencia que el comercio de dinero ejerce a su vez sobre la producción se intensifica y complica aún más". Según Engels, esto era cierto tanto en términos del desarrollo del comercio y las finanzas en sociedades precapitalistas, como en términos de la relación del comercio y las finanzas en una sociedad capitalista: la producción era el fundamento, pero las otras esferas tenían dentro de ciertos límites una dinámica propia, que a su vez impactaba la producción.


Engels menciona cómo en el momento que escribía (1890), en Estados Unidos ya grandes magnates financieros controlaban empresas ferroviarias, y cómo sus acciones estaban más dirigidas a maniobras bursátiles que al desarrollo de los sistemas de transporte. Aunque todo el valor que circula en el comercio y que acumula en el sector financiero proviene del sector productivo, las actividades en aquellos sectores dependientes no dejan de impactar, a veces espectacularmente, lo que ocurre en la producción. Así escribía Engels que: "El ejemplo más patente de ello nos lo ofrecen los ferrocarriles norteamericanos, cuyo funcionamiento depende de las operaciones que en un momento dado pueda realizar un Jay Gould, un Vanderbilt, etc., operaciones que nada tienen que ver con cualquier línea en particular ni con sus intereses como medio de transporte". Y añade: "E incluso aquí, en Inglaterra, hemos visto las luchas por cuestiones de delimitación que durante decenios enteros han librado entre sí las distintas compañías ferroviarias, luchas en las que se invirtieron sumas fabulosas, no en interés de la producción ni del transporte, sino exclusivamente por causa de unas rivalidades cuyo único fin era facilitar las operaciones bursátiles de los banqueros accionistas".


He aquí una guía general para analizar el fenómeno actual de la "financiarización", o de las crisis de 2008, que se inició en el sector de las hipotecas subprime en Estados Unidos: la explicación y el análisis no puede desconectar lo ocurrido en el sector financiero de la evolución del sector productivo, pero tampoco puede dejar de incluir las tendencias y contradicciones propias y particulares del sector financiero ("sus leyes especiales y sus fases, determinadas por su propia naturaleza", como escribía Engels). No hay que escoger entre los que niegan el fenómeno de la "financiarización" o los que lo independizan de las tendencias de la producción capitalista.


Economía, estado, filosofía, etc.


De esta reflexión sobre los sectores del capitalismo, Engels pasa a una consideración "sobre el materialismo histórico en general". Aquí sigue el mismo razonamiento. La sociedad de clases, controlada por una clase dominante y explotadora, genera un órgano especial necesario para su reproducción––el estado––que está al servicio de la perpetuación del dominio de aquella clase. Pero el estado, y los que asumen las funciones estatales, desarrollan sus propios intereses particulares y sus reglas de funcionamiento particulares. Desean, por ejemplo, perpetuarse en sus puestos de gobierno, lo cual no se explica en términos de los intereses de la clase gobernante, o incluso pueden perpetuarse leyes o estructuras cuando ya no responden adecuadamente a las necesidades de una clase gobernante, pero sí a las de los funcionarios encargados de implantarlas o administrarlas.


Así, el estado que surge de ciertas necesidades económicas se autonomiza de esas necesidades y afecta a su vez a la economía. Como planteaba Engels: "ocurre algo parecido a lo que ocurre con el comercio de mercancías, y más tarde con el comercio de dinero: la nueva potencia independiente [el estado, en este caso-RB] tiene que seguir en términos generales al movimiento de la producción, pero reacciona también, a su vez, sobre las condiciones y la marcha de ésta, gracias a la independencia relativa a ella inherente, es decir, a la que se le ha transferido y que luego ha ido desarrollándose poco a poco". La economía sigue siendo determinante, pero no de manera automática o mecánica. Como explicaba Engels a Schmidt: "Es un juego de acciones entre dos fuerzas desiguales: de una parte, el movimiento económico, y de otra, el nuevo poder político, que aspira a la mayor independencia posible y que, una vez instaurado, goza también de movimiento propio. El movimiento económico se impone siempre, en términos generales, pero se halla también sujeto a las repercusiones del movimiento político creado por él mismo y dotado de una relativa independencia".


Con el estado surgen las disciplinas o las doctrinas del derecho. Y aquí ocurre lo mismo: esa esfera está en lo fundamental al servicio de la reproducción de ciertas relaciones económicas, pero también adquiere cierta autonomía y reglas propias, que a su vez pueden afectar las relaciones económicas. Como dice Engels: "Con el Derecho, ocurre algo parecido: al plantearse la necesidad de una nueva división del trabajo que crea los juristas profesionales, se abre otro campo independiente más". A pesar de "su vínculo general de dependencia de la producción y del comercio", ese campo, esos juristas, pueden a su vez afectar la evolución económica. Los juristas, por ejemplo, están obligados a darle coherencia al sistema de derecho y esto complica la relación de dicho sistema con las relaciones económicas. Según Engels: "En un Estado moderno, el Derecho no sólo tiene que corresponder a la situación económica general, ser expresión suya, sino que tiene que ser, además, una expresión coherente en sí misma, que no se dé de puñetazos a sí misma con contradicciones internas. Para conseguir esto, la fidelidad en el reflejo de las condiciones económicas tiene que sufrir cada vez más quebranto".


Esa autonomía de la esfera del derecho fomenta y se nutre de la convicción de los juristas de su independencia y de la independencia de su esfera y actividad. Como explica Engels: "El reflejo de las condiciones económicas en forma de principios jurídicos es también, forzosamente, un reflejo invertido: se opera sin que los sujetos agentes tengan conciencia de ello; el jurista cree manejar normas apriorísticas, sin darse cuenta de que estas normas no son más que simples reflejos económicos". Pero ese reflejo jurídico de la economía, articulado por los juristas que habitan esta esfera, tiene a su vez un impacto en la esfera económica (el "reflejo" impacta a los que está reflejando). Así Engels da el ejemplo de las distintas leyes de herencia en Inglaterra y Francia, hechos jurídicos, que tienen un impacto económico: "La base del derecho de herencia, presuponiendo el mismo grado de evolución de la familia, es una base económica. A pesar de eso, será difícil demostrar que en Inglaterra, por ejemplo, la libertad absoluta de testar y en Francia sus grandes restricciones, respondan en todos sus detalles a causas puramente económicas. Y ambos sistemas repercuten de modo muy considerable sobre la economía, puesto que influyen en el reparto de los bienes". Las leyes de herencia no son por tanto resultado de causas puramente económicas, a la vez que afectan la actividad económica.


¿A qué otras causas pueden deberse su evolución? Una de ellas es la tradición, es decir, el legado de sociedades anteriores: las nuevas necesidades económicas (del capitalismo) no parten de cero, sino de formas estatales, legales, institucionales preexistentes, heredadas de formas económicas anteriores, que son distintas en distintos países y sociedades.


Engels aborda este aspecto cuando explora "las esferas ideológicas". Cuando la filosofía, la religión y otras disciplinas se convierten en actividades especializadas también adquieren su autonomía respecto a las relaciones económicas, aunque aspectos fundamentales de esas disciplinas no dejan de estar determinados por esas relaciones. Engels explicaba a Schmidt que quienes se ocupan de la filosofía o la religión (filósofos, teólogos) pertenecen "a órbitas especiales de la división del trabajo y creen laborar en un campo independiente. Y en cuanto forman un grupo independiente dentro de la división social del trabajo, sus producciones, sin exceptuar sus errores, influyen … sobre todo el desarrollo social, incluso el económico. Pero, a pesar de todo, también ellos se hallan bajo la influencia dominante del desarrollo económico".


Así la evolución económica determina la evolución de las otras esferas, pero no de manera sencilla, directa o unilateral: esas esferas tienen reglas propias, gozan de cierta autonomía y trabajan sobre contenidos heredados, que se ajustan a las nuevas necesidades económicas pero que en parte al menos también perpetúan. Según Engels: "Para mí, la supremacía final del desarrollo económico, incluso sobre estos campos, es incuestionable, pero se opera dentro de las condiciones impuestas por el campo concreto: en la filosofía, por ejemplo, por la acción de influencias económicas (que, a su vez, en la mayoría de los casos, sólo operan bajo su disfraz político, etc.) sobre el material filosófico existente, suministrado por los predecesores. Aquí, la economía no crea nada a novo, pero determina el modo cómo se modifica y desarrolla el material de ideas preexistente, y aun esto casi siempre de un modo indirecto, ya que son los reflejos políticos, jurídicos, morales, los que en mayor grado ejercen una influencia directa sobre la filosofía".


La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Pero explicar la historia de este modo va mucho más allá de un slogan. Requiere una investigación minuciosa y compleja. El historiador que pretenda estudiar determinadas estructuras políticas, estatales o militares, ideas morales o filosóficas o doctrinas religiosas tendrá que tomar en cuenta, por tanto, las relaciones económicas prevalecientes, pero también las reglas internas de la esfera correspondiente, los intereses gremiales, por así decirlo, de sus articuladores (líderes políticos y funcionarios estatales, juristas, jueces, filósofos, etc.), la herencia histórica sobre la cual trabajan, entre otros factores. Quien pretenda adentrarse por este terreno, es decir, el terreno de la comprensión de la historia humana, con toda su complejidad, hará bien si siempre tiene a la vista esta carta de Engels, con sus sugerencias, guías y advertencias. Lo mismo aplica al o la activista que aspire a analizar la realidad (económica, política, cultural) presente, con todas sus particularidades, para así orientar la lucha por transformarla.


Notas


[1] El texto completo puede encontrarse en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e27-x-90.htm.

[2] El segundo violín: doscientos años de Federico Engels (momentocritico.org).


Rafael Bernabe es profesor de la Universidad de Puerto Rico, activista social y político, autor de libros y artículos sobre historia y literatura puertorriqueña.