Curso del Josco Bravo: una alternativa para el encuentro

Por Josué R. (Wisin) Díaz Coss


(Foto de portada de Roberto Beltrán)


Una compañera del Curso del Proyecto Agroecológico El Josco Bravo de la 9na cepa, sección de Cayey/Carite, me lanzó la difícil tarea de reseñar mi experiencia como estudiante y parte de un colectivo de agroecología. Para lograr esto, me resulta importante contar un poco sobre mi historia familiar y contextualizar las razones y experiencias que me traen a este curso, a comprender el contexto actual de nuestra agricultura.


Hasta donde hemos podido rastrear: mi papá (ganadero, criador de cerdos activo y retirado del departamento de Agricultura), mis abuelos (sembradores y ganaderos) y bisabuelos (sembradores y administradores), todos han sido agricultores y hemos estado en diversas posiciones dentro de la cadena alimentaria. Alguna vez tuvimos tierra, tierra que albergó a mis dos familias y les dio comida y techo. Parte de mis abuelos y bisabuelos/as vivieron, trabajaron, sembraron y comieron en el mismo barrio, Barrio Cayaguax de San Lorenzo. Esta finca de 99 cuerdas, según nos cuentan, de bosque, siembra y centro de crianza de animales, donde trabajaban y vivían varias familias, se usaban los bueyes de la finca para bajar los postes y tirar el tendido eléctrico, se abonaba con frijoles el área donde se cultivaba el tabaco y las verduras, siendo toda esta actividad eje central de la dinámica comunitaria.


¿Por qué les cuento toda esta historia? Mi familia, como muchas otras, fue seducida por la visión de “progreso” luego de la implementación del plan Manos a la Obra, dirigido por Muñoz Marín, donde articuladamente se destruyeron las infraestructuras socioculturales de los campos para empujar a las personas a la ciudad como mano de obra barata. En este proceso, uno de mis bisabuelos decide vender la finca para mudarse al casco urbano de San Lorenzo, enviando a una gran cantidad de sus hijos/as a la universidad y arrancándoles a otros la posibilidad de continuar la gesta para la que se habían preparado por largos años: trabajar las tierras de la finca Piedra Blanca en Cayaguax San Lorenzo, Puerto Rico. Desde ese momento, hasta el día de hoy, todavía somos una familia agrícola que no ha podido tener tenencia de ninguna de las tierras que hemos trabajado en el área este del país.


(foto de Roberto Beltrán)


Y estas son las razones que me llevan a la Tierra, las razones de la Justicia Social, entre la tierra-naturaleza y la gente que la habitamos. Para mí en este ejemplo se encuentran algunas de las razones por las cuales estamos en el contexto que se encuentra el país, y a la vez marca unas brechas por donde había senderos que deberíamos volver a visitar como sociedad. Las fincas, los huertos, cocinas y procesos agrícolas en general, tienen una carga intrínseca que hace que las personas graviten por necesidad/interés alrededor de ellas. Y es aquí donde radica la mayor importancia de las escuelas agroecológicas en este contexto: en su capacidad de encuentro. En un mundo post pandemia, donde se aceleró el proceso de digitalización, tecnificación e individualización de muchas dinámicas culturales, se hacen urgentes espacios que permitan compartir y colectivizar sueños, aspiraciones, desacuerdos y dolores. Y esta capacidad de las escuelas en sí mismas es una virtud radical.


(foto de Camille Collazo)


Bajo esta premisa, afirmo que la experiencia del núcleo de Cayey/Carite en el proyecto Carite 3.0 fue sumamente enriquecedora. Fernando y Arielle se encargaron de nutrir una dinámica cotidiana/no académica y llena de práctica que permitió la adquisición de experiencias asertivas para quien comienza en este camino eterno que es la siembra. Se practicaron y transmitieron una serie de destrezas que deberían ser básicas para cualquier ser humano: desde identificar y agarrar herramientas, amolar machetes y sembrar varios tipos de hortalizas, hasta conversaciones más técnicas sobre sistemas agroforestales, sistemas de planificación basados en la escala de la permanencia y los grandes retos que sufre el campo, la pequeña agricultura y la agroecología en el contexto de Puerto Rico, una colonia caribeña de los Estados Unidos de América.


Es importante resaltar que la Escuela Agroecológica del Josco Bravo, la escuela de Huerto Semilla y todas las tantas iniciativas agroecológicas que se gestan desde diversos corazones y necesidades están cumpliendo su objetivo. Esto no es suficiente pero tampoco les toca serlo o solucionarlo. Si no queremos repetir algunos de los errores y encrucijadas que enfrentó y sigue enfrentando mi familia, y el sector agrícola, hay que tomar otras vías. Estas vías van a depender en gran medida de todas las personas que entendemos que la agricultura y la agroecología son formas de vida que responden a una vida más justa con nuestro entorno. Los retos que tenemos enfrente son grandes y requieren del desarrollo y la madurez del poder popular y la colectivización de las tomas de decisiones. Estando en una dinámica colonial, cualquier cambio necesario al orden establecido requerirá organización. Desde aquí asumo el reto que me lanzaron de identificar algunos desafíos que tenemos enfrente para que la agroecología siga siendo una alternativa viable:


● Acceso a tierras y colectivización - Puerto Rico está a la venta y la mayoría de las personas que vivimos en el país no tenemos acceso a tierra o capacidad económica para adquisición. Sin embargo, mi historia me enseña que ese no es el único reto, luego de tener la tierra, o inclusive el poder adquisitivo, ¿cómo la protegemos?, ¿cómo aseguramos que permanezcan dirigidas a producir comida?, ¿cómo las protegemos de los vaivenes políticos y sus planes de desarrollo?

● Generar una discusión y posición política sobre a qué grupos socioeconómicos alimentar y por qué. Siempre teniendo presente las realidades materiales y contextuales.

● Generar infraestructura de economía circular que permita el desarrollo y autosuficiencia de las fincas y les agricultores y sus comunidades.

● Generar un modelo organizacional que se ajuste a las necesidades materiales y políticas para gestar un Movimiento Agroecológico en Puerto Rico.


(primer foto de Roberto Beltrán; segunda foto de Natalia Santos Orozco)


Ninguna experiencia te prepara del todo para un sistema/mundo/naturaleza tan hostil. Sin embargo, toda la información, las redes, el acompañamiento, las experiencias que se generan en las escuelas agroecológicas son y serán cruciales en este caminar hacia la reconexión de la memoria histórica del país, la tierra y la soberanía alimentaria.


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Josué R. (Wisin) Díaz coss es agricultor y Trabajador Social Comunitario. Forma parte de Finca El Vapor.