Notas sobre los resultados electorales en Puerto Rico, 2020

Por Jorge Lefevre Tavárez



[Redacté estas notas como una guía personal para las discusiones sobre los resultados electorales que se tendrán en distintos espacios en los que colaboro. No forman propiamente un análisis electoral, aunque apuntan hacia ciertas direcciones. El análisis será posterior.]


[1] El descenso del apoyo al bipartidismo es evidente. Ninguno de los candidatos a la gobernación por los partidos hegemónicos – el Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo Progresista – logró el 35% de los votos. El próximo gobernador habrá salido electo con apenas un 33%, lo que significa que la gran mayoría de las personas que votaron no lo hicieron por él. Pedro Pierluisi tiene menos apoyo del que recibió Ricardo Rosselló, el gobernador que la lucha en la calle llevó a la renuncia. El dato numérico se hace más dramático al considerar también la alta abstención electoral (50% de las personas hábiles para votar). La legitimidad del ejecutivo está seriamente en entredicho. Las tendencias del descenso en apoyo de los partidos neoliberales han continuado con fuerza en estas elecciones.


[2] Casi 28% del voto a la gobernación recayó sobre partidos con un claro programa antineoliberal, anti-Junta y a favor de la descolonización: el Movimiento Victoria Ciudadana y el Partido Independentista Puertorriqueño. Victoria Ciudadana – un conjunto de fuerzas diversas que incluyeron al Partido del Pueblo Trabajador y al Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores, además de figuras conocidas como Alexandra Lúgaro y Manuel Natal – participa por primera vez en las elecciones y alcanzó poco menos de 15%. El Partido Independentista Puertorriqueño, luego de perder su franquicia en cuatro elecciones corridas, recibe un apoyo histórico con casi el 14% de los votos recibidos, gracias a un candidato articulado y a un intento de renovar la imagen y la proyección del PIP. La posible consolidación de un polo progresista “en la calle y en las urnas” significaría una fuerza de oposición tremenda en los próximos años. No solo eso: señala la posibilidad de que la oposición se convierta, también, en construcción.


[3] Como es usual en épocas de crisis, el declive en las fuerzas políticas tradicionales lleva hacia un posible fortalecimiento tanto de la derecha como de la izquierda. Todavía hay esperanzas de que el polo que domine sea de izquierda. En el 2016, aunque cerca de 20% del electorado votó fuera del bipartidismo, apenas un 2.5% se dirigió hacia los partidos antineoliberales que participaban de dichos comicios (el PPT y el PIP). El resto de ese porciento, poco más de un 17%, recayó sobre candidaturas independientes con un discurso anticorrupción, pero con una política económica todavía anclada en la lógica del neoliberalismo.


[4] En el 2020, por otro lado, cerca de 35% del voto del electorado fue para opciones fuera del bipartidismo, un 28% para las fuerzas progresistas y un 7% para una fuerza conservadora nueva (neoliberal y fundamentalista), el Proyecto Dignidad. El Proyecto Dignidad, un partido nuevo, fundamentalista y neoliberal, logró consolidar un importante 7% y contará con representación en ambas cámaras legislativas. Como en toda época de crisis, el aumento en las fuerzas reaccionarias y conservadoras representa un verdadero peligro para las luchas sindicales, feministas, LGBT+, etc. El crecimiento de este movimiento, sin mucha campaña en las redes o en la televisión, debiera llevar a cautela a todas las fuerzas progresistas. En el futuro cercano, publicaremos en momento crítico un análisis sobre Proyecto Dignidad, su programa político, su plataforma y su estrategia política.


[5] Para el gobierno de Puerto Rico y sus instituciones, lo que se amplía luego de estos resultados electorales es la crisis de legitimidad para gobernar. En gran medida se inició para grandes sectores de la población con los resultados electorales en el 2016. Por otro lado, y a diferencia del 2016 – cuando el PNP ganó el ejecutivo, la Cámara y el Senado –, en el 2020 la crisis de legitimidad la acompaña la posible ingobernabilidad de las instituciones políticas tradicionales. Los resultados del 2020 demuestran poco apoyo para el gobernador electo, pero también conducen a un gobierno compartido como nunca se ha visto en la época moderna en Puerto Rico, y sin política de coaliciones: gobernador y comisaría residente del PNP; Senado con mayoría simple PPD; Cámara sin partido con mayoría; la capital, posiblemente, con un alcalde de un movimiento emergente (aún por confirmar) y con una Asamblea Municipal de influencia del bipartidismo. Veamos un poco esta composición heterogénea.


[6] En el Senado de Puerto Rico, entraron 5 figuras por acumulación fuera del bipartidismo: María de Lourdes Santiago del PIP (quien recibió el mayor apoyo en cantidad de votos), Joanne Rodríguez Veve de Proyecto Dignidad, José Antonio Vargas Vidot (candidato independiente) y Ana Irma Rivera Lassén y Rafael Bernabe de Victoria Ciudadana. De las cinco personas fuera del bipartidismo, 3 se presentan como parte de un polo claramente progresista y antineoliberal. Está por verse si Vargas Vidot representará un aliado del cambio. Como siempre, la acción concertada representará el posible espacio de convergencia que en el proceso electoral y en la campaña no se logró.


[7] Las fuerzas más conservadoras del bipartidismo, por otro lado, quedaron fuera del Senado: Brenda López de Arrarás del PPD y Keren Riquelme del PNP. Proyecto Dignidad parecerá que irá acaparando poco a poco la representación única del fundamentalismo en Puerto Rico, aunque este sector en la actualidad todavía tiene presencia en los partidos históricos, el PPD y el PNP.


[8] La composición en el Senado parece que será, de un total de 27 senadores: 14 senadores del PPD, 8 del PNP, 2 de MVC, 1 del PIP, 1 de Dignidad y 1 independiente. El PPD apenas cuenta con una mayoría simple, por un voto.


[Aclaración: al momento de publicar esta columna, Aníbal José “Jossie” Torre tenía una leve ventaja de .02 porciento sobre Keren Riquelme. De Riquelme entrar al Senado, implicaría dos cosas: en primer lugar, el fundamentalismo tendría una fuerza más en la Cámara alta; en segundo lugar, el PPD dejaría de tener una mayoría simple en el Senado.]


[9] En la Cámara de Representantes, entraron también 4 figuras fuera del bipartidismo por acumulación: Denis Márquez del Partido Independentista Puertorriqueño, Lisie Janet Burgos Muñiz de Proyecto Dignidad y Mariana Nogales y José Bernardo Márquez de Victoria Ciudadana. A estas, posiblemente se le añade Eva Prados de Victoria Ciudadana, quien se encuentra en una contienda apretada para ocupar el escaño del Distrito Representativo 3. 4 de estas 5 personas tienen una clara orientación antineoliberal.


[10] Hasta ahora, la composición de la Cámara parece que será, de un total de 51 representantes: 25 del PPD, 22 del PNP, 2 de MVC, 1 del PIP y 1 de Dignidad. De entrar Eva Prados, serían 21 del PNP y 3 de MVC. El PPD es el partido con mayor número de representantes, pero no suficiente para alcanzar la mayoría simple. Cualquier proyecto de ley requerirá, por lo tanto, apoyo de más de un partido político. Incluso un proyecto que se apruebe por la mayoría simple del PPD en el Senado requerirá apoyo externo en la Cámara.


[11] Difícil era predecir un posible escenario tan favorable para la izquierda en la legislatura, y que posibilitara llevar una crisis a las actuales instituciones políticas. La legislatura es posible que sea un gran espacio de contienda y lucha en el próximo cuatrienio. El Senado será una ficha de tranque importante, dado que dificultará el trabajo del Ejecutivo en cuanto intente una continuación de las políticas neoliberales y descaradamente corruptas: los nombramientos ya no se podrán imponer, como está acostumbrado a hacer el Partido Nuevo Progresista. En la Cámara, ninguna medida podrá ser aprobada sin el apoyo de más de un partido. Las leyes antiobreras encontrarán la oposición decidida de algunas figuras progresistas y anticapitalistas. ¿Se unirán el PPD y el PNP para continuar su agenda neoliberal? Como dice Maritza Maymí, es posible que formalicen políticamente"lo que desde la resistencia se ha nombrado como el PNPPD", la única salida para continuar la imposición atropellada de medidas neoliberales en Puerto Rico.


[12] Más allá de la resistencia legislativa, habrá que ver qué podrán impulsar los y las senadoras y representantes de Victoria Ciudadana y el Partido Independentista Puertorriqueño. Un discurso antineoliberal y anticapitalista constante en la legislatura y en los medios de comunicación será un avance tremendo dentro de la política institucional tradicional, pero es necesario impulsar y aprobar, también, propuestas. Una reforma electoral definitivamente estaría en agenda, y parece que contaría con un importante apoyo de la población (e incluso, posiblemente, de sectores del PPD). Es necesario, además, impulsar un Estado de Emergencia de Violencia de Género, la eliminación de la Ley 85, el derecho de la huelga para los sindicatos de la Ley 45, la sindicalización masiva en el sector privado… De aquí a enero habrá que trazar un programa de transición palpable para impulsar en la legislatura. Por supuesto, nada de esto será posible – ni será provechoso – si no se acompaña por un aumento en la militancia en la calle y una conexión saludable – no una cooptación – entre la calle y la legislatura. Desde estos espacios – separados pero en diálogo – podría además redoblarse la lucha en contra de la Junta de Control Fiscal. Estas son las posibilidades que se abren con los resultados electorales, pero habrá que llevarlas a la realidad concreta con la acción organizada.


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[13] La táctica de las y los socialistas en Victoria Ciudadana (dentro y fuera de Democracia Socialista) parece que rindió frutos: a) se necesitaba crear una fuerza política que acoja a grandes sectores de la población descontenta; b) esta fuerza, de hacer bien su trabajo, no competiría necesariamente con el electorado del Partido Independentista Puertorriqueño, dado que atraería a sectores que no se sienten representados por el PIP; c) si bien intervenimos activamente en Victoria Ciudadana, dejamos establecido que el mejor resultado electoral posible para los sectores progresistas sería un fortalecimiento del PIP y un apoyo considerable a MVC. Los datos mostrados arriba, a nuestro modo de ver, representan eso. Hay que señalar que hace un año no se esperaba este resultado tan exitoso del PIP, aunque entiendo que las líneas generales del análisis continúan vigentes luego del resultado. Por supuesto, este trabajo se hace desde una perspectiva crítica de los alcances de la democracia representativa en general, y más aún en una colonia estadounidense en tiempos de la Junta de Control Fiscal. En ese sentido, el rol que también cumplen los sectores socialistas fuera del PIP y de Victoria Ciudadana, de mantener cautela ante los esfuerzos electorales, nos sirve para adentrarnos en estos procesos con los ojos críticos necesarios.


[14] Tanto el PIP como Victoria Ciudadana (y quizás más Victoria Ciudadana, por su poco tiempo como franquicia electoral) tienen, a la misma vez, programas claramente antineoliberales y personas de ideologías heterogéneas. En algunos temas, hay personas bastante conservadoras en ambos partidos. Un resultado electoral que propicie las fuerzas conservadoras de ambas colectividad, independientemente del éxito en cantidad de votos, hubiese significado, francamente, un retroceso para las luchas progresistas en el país. Sin embargo, eso no fue lo que sucedió.


[15] El PIP se vio fortalecido con el apoyo de importantes sectores independentistas y socialistas. Aunque parte del éxito de Dalmau tenga que ver con una campaña desideologizada en las redes, que le dio mayor énfasis a su figura de “rockstar” que a sus ideas, en las discusiones y en los debates representó los elementos más positivos del programa del PIP.


[16] De Victoria Ciudadana, las personas electas tienen una clara tendencia no solo antineoliberal, sino en algunos casos también anticapitalista; fueron los elementos más progresistas quienes salieron electos, lo que pudiera ser muy positivo para el desarrollo del movimiento en los próximos años. La estructura organizativa es todavía un escollo para el funcionamiento coherente y democrático de Victoria Ciudadana; es posible que la influencia de los sectores progresistas pueda, por fin, empezar a enderezar estos problemas.


[17] Sobre todo, hay que señalar que el resultado esperanzador de ambas colectividades parece en gran medida haber disipado el sectarismo y la intolerancia que habían caracterizado sectores de ambas colectividades o cercanos a estas. El espacio de convergencia progresista está. Habrá que ver si se es capaz de aprovecharlo.


[18] Los debates a la gobernación de este ciclo electoral también dejaron claro que tanto el PIP como el MVC están lejos de internalizar un discurso de lucha de clases coherente, lo que muy bien pudiera limitar a) el alcance de sus programas políticos, aunque ambos sean antineoliberales b) el crecimiento de un polo progresista y clasista, anticapitalista, en Puerto Rico, c) el desarrollo de las contradicciones y tensiones necesarias entre la lucha legislativa y la lucha en la calle. Los y las socialistas en ambas colectividades tenemos mucho camino que recorrer. Las posibilidades de fortalecer un foco anticapitalista, sin embargo, se han abierto.


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[19] Algunas personas, sobre todo aquellas con menos experiencia política, o aquellas personas jóvenes que por primera vez votaban y se ilusionaban con un proyecto electoral, han expresado desaliento sobre el pobre resultado de Victoria Ciudadana en la candidatura a la gobernación. Francamente, un mejor resultado electoral que el que se vio es difícil de concretamente visualizar. El bipartidismo contaba y cuenta todavía con alcaldías, con miles de empleados públicos, con estructuras electorales con solidez y experiencia. El que el número de apoyo de estos partidos haya continuado reduciéndose es positivo. Además, hay que ver el panorama mayor: MVC y el PIP, en conjunto, recibieron casi un 28% del apoyo. Las verdaderas transformaciones rara vez se llevan a cabo con grupos aislados, sino a través la convergencia de distintas fuerzas y tácticas (que necesariamente incluyen fuerzas fuera del terreno electoral). La jornada del martes es, posiblemente, apenas el comienzo de grandes cambios, si el trabajo político se hace correctamente.


[20] Sin caer necesariamente en el triunfalismo, o en pensar que mecánicamente los próximos años serán mejores para las luchas progresistas, hay que reconocer las posibilidades de crecimiento y de lucha que estos resultados electorales pudieran augurar. No habrá más que seguir.


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Jorge Lefevre Tavárez es miembro de Democracia Socialista y de la Junta Editorial de momento crítico

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