El cambio climático. Diagnóstico y tratamiento.

Por Pablo Segarra


“Nature’s loss affirm instead of prohibit.

If you violate her loss you are your own

prosecuting attorney, judge, jury and hangman”


- Luther Burbank


No hay un precedente histórico a la crisis que se nos viene encima: el calentamiento global y el consiguiente cambio climático. No se trata de una crisis de carácter ideológico, creación de los ambientalistas. Los cambios en los signos vitales de nuestro entorno son definitivos. El delicado equilibrio que ha caracterizado el comportamiento climático de nuestro planeta se desestabiliza – frío, calor, lluvias, inundaciones, tornados y huracanes. La comunidad científica más capacitada no da un diagnóstico definitivo pero sostiene casi unánimemente que el causante es el calentamiento global causado por factores antropogénicos.


¿De qué estamos hablando? Sí. De la combustión masiva a partir del inicio de la revolución industrial alrededor del 1850 de petróleo, carbón y gas, con enormes emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono y otras emisiones como dióxido nitroso, clorofluorocarbonados, estrechamente vinculados a la reducción drástica del ozono que a su vez nos protege de los rayos ultravioletas, carcinogénicos reconocidos. El metano, también conocido como gas natural, procedente del ganado bovino (rumiantes), es señalado también como gas invernadero. Este gas se produce tras la ingesta de yerba y su principal componente es la celulosa – un compuesto carbonado que termina siendo expulsado a la atmósfera en cantidades considerables. Los escapes de metano también son frecuentes en la extracción de gas natural y se alega que los sistemas modernos de extracción mediante “fracking” incrementan estos escapes. El metano es mucho más activo que el dióxido de carbono pero, a su vez, mucho más perecedero.


En el ámbito de medio ambiente, hay un factor que ha contribuido sustancialmente al calentamiento global por aumento en las concentraciones de dióxido de carbono atmosférico – la deforestación masiva de los bosques en nuestro planeta y la subsiguiente quema de los restos no usados para madera. Este tema lo ampliaremos más adelante.


¿Qué es el efecto de invernadero? Trataré de explicar brevemente por qué este fenómeno es el causante del calentamiento global de acuerdo a la comunidad científica.


El sol baña de luz nuestro planeta. Atraviesa la atmósfera compuesta por nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono y vapor de agua. Esta es transparente a la luz. Luego, llega a la corteza terrestre, mar, suelo y capa vegetal donde se transforma en calor que es reflejado al espacio. Una parte de esta luz fuera del espectro visible, en forma de rayos infrarrojos, es atrapada parcialmente y retenida como calor por parte de algunos gases – dióxido de carbono, dióxido nitroso, metano, clorofluorocarbonados y vapor de agua. Este proceso es necesario para nuestro clima, que, de otra manera, sería 32 grados F más frío. Pero la gran descarga de dióxido de carbono y otros gases producidos por nosotros aumenta la temperatura global amenazando con desatar un desastre ecológico.


Calentamiento global y cambio climático


La magnitud posible y cada vez más probable de este desastre ha llegado a nivel tal que las Naciones Unidas han encomendado esta tarea a un grupo de estudios e información conocido como Panel Intergubernamental para Cambio Climático, IPCC. Sus informes son cada vez más alarmantes pero la acción mundial ha sido nula: se circunscriben a compromisos que no se cumplen. Un calentamiento podría causar algo que ya estamos experimentando – derretimiento del casquete de hielo polar, glaciales que se derriten, elevación del nivel del mar con inundación de muchas ciudades costeras, cambios climáticos severos, cambios en la producción agrícola, sequías severas donde antes llovía abundantemente, en resumen, una hecatombe.


El sector empresarial y del gran capital (que en un principio acusaron a los ecologistas como alarmistas para derrumbar a la economía de libre mercado e imponer el ecosocialismo) comprendieron en vista de la inminencia catastrófica que tenían que actuar; como es de esperarse, sus remedios van en una dirección equivocada, que es precisamente la razón principal que me ha conducido a redactar este escrito.


Para visualizar y entender objetivamente cuáles son las metas fijadas por los magnates del gran capital, utilizamos como base principal un libro de 300 páginas publicado nada menos que por Bill Gates – una de las tres personas más ricas del mundo. El libro está publicado por Gates Ventures y Brake Through Energy, que reúne otros 25 billonarios, y Rhodium Group, especializado en estudios técnicos y científicos de encargo, a quien pague por ellos. Su presencia en las redes es ostensible y reveladora. En la sección de agradecimiento, aparecen más de 100 nombres de personajes importantes.


Esa élite de poder en los sectores económicos, políticos y sociales sabe que hay dos asuntos fundamentales en juego. Hay que salvar el capitalismo y para ello hay que aplastar al ecologismo. Sus recomendaciones principales afirmadas contundentemente para evitar el desastre son:

  1. Capturar todo el dióxido de carbono que se pueda en el lugar de origen y secuestrarlo en cavernas.

  2. Fisión nuclear y continuar la investigación sobre fisión nuclear. (Yo le llamaría ficción.)

  3. Biocombustibles, ampliar la producción de etanol.

  4. Opacar la cantidad de luz que nos llega lanzando partículas químicas y metálicas al espacio.

Bill Gates, fiel representante de su clase trillonaria, mago del software, fundador de fundaciones para ayudar a los pobres y ahora autor, venido a menos, de libros sobre cómo salvar al mundo, nos afirma sin ambages en su flamante libro Cómo evitar un desastre climático una defensa de la energía nuclear. Cito a Bill Gates, página 110: “Es la única fuente neutral en carbono capaz de proporcionar energía sin fallos día y noche, a lo largo de las estaciones, en cualquier rincón del planeta, y que se haya demostrado que funciona a gran escala. Hoy por hoy ninguna otra fuente energética ofrece ni de lejos lo de la nuclear”.


Continúa Mr. Gates: “El reactor Terra Power [proyecto del cual Gates es el dueño y que está desarrollando desde hace 15 años] produciría mucho menos desperdicios que las centrales actuales, estaría automatizado en su totalidad – lo que eliminaría la posibilidad de error humano – y podría construirse bajo tierra, lo que lo protegería de atentados. El combustible radioactivo estaría contenido en vainas que se expandirían si se calentaran demasiado. Las leyes de física impedirían literalmente los accidentes”.


Bill Gates, el experto en asuntos de generación eléctrica termonuclear, no luce a la misma altura cuando se adentra en el tema de ecología, deforestación, agricultura y energía renovable. Cito a Gates: “Aunque hace falta estudiarlo más a fondo, por el momento da la impresión de que se exagera mucho sobre su efecto en el cambio climático… ¿Cuánto dióxido de carbono puede absorber un árbol durante toda su vida? Varía, pero, como regla rápida, podemos calcular que en 40 años captura cuatro toneladas… Se necesitarán 20 hectáreas de árboles en zonas tropicales para absorver las emisiones producidas por un estadounidense”.


Vamos a coger el toro por los cuernos y ver lo que nos dice sobre este particular uno que obviamente sabe un poquito más que Gates sobre árboles. Nos dice Frank H. Wadworth, silvicultor de primer orden (que trabajó en Puerto Rico por más de 50 años, toda una vida dedicada a los bosques), en su magistral libro Forest Production for Tropical America (United States Department of Agriculture), página 18: “Both animal and plants affect the soil but the major impact is from vegetation, primarily death plant material. Biomass may be 300 to 900 or more tonnes per hectare (2 1/2 cuerdas) in tropical rainforest”.


Nos informa Wardworth en otra página del libro y traduzco al español, sobre estudios realizados en Brasil, que los eucaliptos, una variedad de árbol que crece muy bien en Puerto Rico, produjo sobre 70 metros cúbicos de madera anualmente por hectárea. Esto equivale, para los curiosos, a 2,800 pies tablares de madera. El texto de Wardworth no es sobre sus opiniones. Está avalado por 3,347 bibliografías sobre estudios científicos realizados. De paso más de 60 de esos estudios fueron realizados en Puerto Rico. Si ante estos hechos constatados científicamente, Gates tiene la osadía de venirnos con esas chapucerías, obviamente no debemos tomarlo muy en serio.


Ya que nací en el bosque en San Sebastián del Pepino, estudié agronomía y, desde que me retiré de la práctica médica, he dedicado gran parte de mi vida al estudio de ambiente, a la agricultura produciendo para consumo personal y compartir su producción con amigos, vecinos y familiares, quiero compartir algunas reflexiones con mis lectores que no han sido tan afortunados.


Entiendo que los árboles, en particular, por la deforestación, han sido protagonistas de este cambio climático. Los árboles en el proceso de fotosíntesis absorben dióxido de carbono y agua de la atmósfera en presencia de la luz solar, que es la fuente energética de este proceso. Tras un proceso bastante complejo, por cierto, acumulan un hidrato de carbono y liberan hacia la atmósfera oxígeno y agua. La fórmula química es 6 C02 + 6 H2O Luz/Solar C6 H12 O6+ 6 O2. La redacto porque esta es la fórmula de la vida en este hermoso y maravilloso planeta que habitamos. Observen que en este proceso las plantas recogen y devuelven. Pero en las 900 toneladas de biomasa que nos menciona Wardworth, se ha secuestrado una gran porción del carbono que ya no está en la atmósfera actuando como gas invernadero y calentando el planeta. Los árboles y la reforestación son, por lo tanto, pieza fundamental en salvar nuestro ecosistema de forma autosustentable.


Los árboles son mucho más que eso. La ecología es una disciplina, ciencia, si usted quiere llamarle así, donde hay que amarrar muchísimos factores y fenómenos, en lugar de un examen de apartados separados entre sí (vea: Barry Commoner, Diclosing Circle, the Ecospher).


Los árboles, les decía, conservan el agua de escorrentía en su colchón de hojarasca y materia orgánica, evitan la erosión del suelo, aceleran la formación de humus, esa delicada capa de suelo que sirve de sustrato para la producción de alimentos y que tanto le gusta a los desarrolladores raspar con sus máquinas Caterpillar para sembrar hormigón. Por lo tanto, los árboles reducen la sedimentación de los embalses, aumentan la reserva de agua, nos protegen de inundaciones, reducen la turbidez del agua en su desembocadura al mar protegiendo de esta manera los arrecifes de coral y aumentando la transparencia del agua. El bosque, sobre todo el bosque primario, mantiene la diversidad biológica, cuya ausencia muchos científicos relacionan con las pandemias.


Valor económico del bosque


Además de madera son materia prima para papel, cartón, trementina, fibra, combustible y carbón para cocinar, miel de abeja, caucho, alcohol, medicamentos, forraje para animales, rompevientos y muchos otros usos. Su valor estético no es cuantificable en dólares. Si me preguntaras qué árboles sembraría y cuidaría, serían aquellos que se adapten mejor al clima, suelo, altura y agua disponible. Con frecuencia crecen mejor en los barrancos que en los terrenos llanos aptos para uso agrícola. En Puerto Rico nuestros bosques nacionales están en los barrancos de Luquillo, en Carite; al lado de mi casa, en Toro Negro y en el Monte del Estado.


Y, por supuesto, sembraría árboles que produzcan alimento. Sembraría arboles de panapén, de pana, de mangó, coco, aguacates, cacao, tamarindo, cítricos y muchos más. Sería una contribución para palear un problema casi tan grave como el cambio climático mismo: la hambruna mundial.


Deforestación en Estados Unidos, Brasil y otros países del mundo


Nos informa Daniel D. Chirras en Enviromental Science, seventh edition, que en Estados Unidos quedan en pie menos del 10% de los bosques que había al este del Río Mississippi. En la región del noroeste queda menos del 5% de los bosques originales. En Brasil, la última gran reserva del bosque húmedo tropical, millones de hectáreas de bosques son derribados para dedicarlos a pastoreo y otros cultivos. Es obligatorio señalar que, una vez que estos terrenos boscosos son expuestos al sol, su productividad agrícola desaparece en cinco años. Millones de hectáreas son dedicadas a caña de azúcar para producir combustibles para automóviles que se mueven con etanol.


Volviendo al tema central de este escrito, el cambio climático, nos dice Wardworth que el costo aproximado de remover una tonelada de dióxido de carbono roza por $1.50 al año. Rhodium Group, asesor y consultor de Bill Gates, reporta a través de las redes que remover una tonelada de dióxido de carbono y secuestrarla bajo tierra costaría 4 mil dólares. Este hecho abona al planteamiento fundamental del científico, y para muchos padre de la ecología, Barry Commoner en sus cuatro leyes fundamentales de la ecología.


  1. Todo está conectado con todo.

  2. Todo va a parar a algún sitio.

  3. La naturaleza sabe mejor que nosotros cómo hacer las cosas.

  4. En la ecología no hay un almuerzo gratis.

Los dueños de las industrias (casi todas contaminantes), de los combustibles fósiles sin explotar y de las plantas atómicas (funcionando y por construirse) no aceptan la propuesta ambiental de energía renovable. Para ellos, la energía solar no resuelve el problema, porque está muy dispersa y ocupa mucho espacio. La energía eólica no es constante, y también ocupa mucho espacio, y está muy lejana del lugar de consumo. No es almacenable. Las baterías son costosas y no hay forma de mejorarlas. Los árboles, según sus opositores, no permitirían que la nieve reflejara la luz solar y agravarían el problema del calentamiento.


Pero a lo que verdaderamente le teme esa clase social que hoy controla más del 90% de la riqueza mundial es el hecho, no de carácter biológico, sino político-social, de que el sistema de producción actual ya rindió jornada. Es un ajuste de cuentas de la naturaleza con nuestro sistema de producción. Ser o no ser, ese es el dilema. “To be or not to be”, dijo Shakespeare. Capitalismo, sociedad de consumo y catástrofe por un lado o ecosocialismo por el otro (Monthly review, noviembre 2021). Mientras tanto, como aquí hace calor, 90° F, me voy a la sombra de mi almendro frente a casa donde el termómetro marca 80°.


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