De la vacuna y otros demonios: una invitación a lxs anticapitalistas

Por Vanesa Contreras Capó



"No solía mencionar que soy vegana, pero eso ha evolucionado. Creo que es el momento adecuado para hablar de ello porque es parte de una perspectiva revolucionaria. Cómo podemos, no sólo descubrir relaciones más compasivas con los seres humanos, sino también cómo es posible desarrollar relaciones más compasivas con las otras criaturas con las que compartimos este planeta, y que podrían suponer desafiar la producción capitalista de alimentos al completo".


Angela Davis



En los últimos años el calentamiento global y la crisis política no nos han dado tregua en Puerto Rico. Después de la imposición de la Junta de Control Fiscal, el paso de 2 huracanes categoría 5, los chanchullos con los contratos (como el de White Fish), almacenes escondidos con productos de primera necesidad y pandemia mundial, entre otros eventos, parecería que las distopías tan recreadas por Hollywood las llevamos viviendo aquí desde hace más de 5 años. A pesar de que todavía hay gente que se aferra, como a un clavo caliente, a las teorías de conspiración y los castigos divinos para evitar reconocer lo obvio, para una mayoría de personas (con las que luchamos, nos organizamos y trabajamos mano a mano para detener esta espiral de la muerte) el calentamiento global es uno de los temas más preocupantes y urgentes si queremos seguir existiendo y viviendo en nuestro planeta. Por eso, cuando salieron las diferentes vacunas para tratar de frenar el COVID-19, los debates entre lxs que apostamos a un futuro en este planeta no se hicieron esperar. Debates importantes entre lxs escépticxs a esta vacuna en particular, con argumentos sólidos, y lxs que apuestan a la vacuna como una herramienta importante, con argumentos igualmente sólidos. Sin embargo, y aunque soy de las que se ha expresado a favor de la vacuna, reconozco que esta compleja situación no se detiene con una vacuna y que requiere de otros compromisos que muchas personas, por diversas razones, no han querido/podido asumir.


En la conferencia “El pensamiento decolonial y el mundo de la política”, Ramón Grosfoguel explica que las ciencias pre-modernas estaban entrelazadas con la espiritualidad de los pueblos que produjeron esos conocimientos. Es decir, no existía una división entre ciencia y espiritualidad. Sin embargo, cuando el mundo moderno colonial se impone a los otros pueblos y les roba el conocimiento científico, occidente ignora la parte espiritual de ese conocimiento y se enfoca solo en los hechos científicos. A esto se le debe añadir, comenta el sociólogo puertorriqueño, el dualismo impuesto por la cristiandad, hombre/naturaleza, que luego Descartes cambia a cuerpo/mente. Este dualismo impacta radicalmente las ciencias modernas que asumen el antropocentrismo como su brújula y, por lo tanto, la naturaleza, lo no humano, como lo inferior. Para la cristiandad, explica Grosfoguel, la naturaleza era controlada por el diablo; por eso, entre otros ejemplos, las mujeres curanderas eran consideradas brujas satánicas que debían ser quemadas. Según Grosfoguel, “una ciencia sin espiritualidad es una ciencia sin ética, una ciencia sin ética es una ciencia sin límites, una ciencia sin límites es una ciencia donde todo vale y una ciencia donde todo vale es una ciencia destructiva de la vida. […] El nuevo fetiche, la nueva religión de la modernidad pasó de la cristiandad a la ciencia. Ahora a nombre de la ciencia se justifica todo”. Ejemplos para probar esta sentencia sobran y en Puerto Rico hemos sido testigos de muchos de estos. Por eso, partiendo de este análisis de Grosfoguel para entender lo acontecido en los últimos años en Puerto Rico, y en el mundo, urge ir mucho más allá de la vacuna.


Jim Robbins explica en su artículo “The Ecology of Desease”, publicado el 14 de julio de 2012 en el New York Times, que diferentes estudios científicos han revelado que la mayor parte de las epidemias como el ébola, HIV, SARS, entre otros, son el resultado de la interacción de los seres humanos en la naturaleza, ya que el 60 % de estas enfermedades son de origen animal. De hecho, según los expertos, en los últimos 50 años este tipo de enfermedades se ha cuadruplicado; por ejemplo, en el Amazonas el aumento en la deforestación vino de la mano con el aumento en casos de malaria. A esto se le debe sumar lo que señala María Carreras en el artículo “La pandemia, la crisis climática y los animales: liberación total para evitar la extinción”, en que se presentan algunos datos del informe Planeta Vivo, de 2020 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). En este se expone que los seres humanos han modificado el 75 % de la superficie terrestre, en gran medida debido a la industria de alimentos, y han desaparecido alrededor del 68% de las especies de animales solo entre 1970 a 2020. Datos que tristemente ya no nos sorprenden porque llevamos escuchándolos hace más de una década.


Ahora bien, si retomamos lo expuesto por Grosfoguel, nos podemos dar cuenta que seguimos mirando estos números solo a través de los hechos y lo que representan para nosotros, y no como seres vivos que comparten un espacio con otros seres vivos sintientes. Nuestra desconexión con el mundo no humano se puede palpar hasta en muchos de los movimientos sociales. En gran parte, es lógico si reconocemos que nos hemos formado en una civilización que sistemáticamente ha utilizado la deshumanización de las personas para poder explotar y oprimir. Frente a esto un posible camino es aprender del Sur Global y de sus “nuevas” propuestas basadas en cosmogonías y espiritualidades ancestrales no antropocéntricas. Aprender a entender la vida desde el todo y no desde lo particular, empezando por reconocer la importancia que se la da a la naturaleza. Una formada por dioses y diosas (Pachamama, Yemayá, Tlaloc, entre muchas otras deidades) que nos dan vida, agua, alimento, a diferencia del ser divino-blanco-varón escondido entre las nubes. Es decir, reconectar con nuestro ambiente natural y reconocer la necesidad de este, y todos sus seres vivos, para lograr una vida digna y en armonía con nuestro planeta.


La lucha contra el COVID-19 va de la mano de la lucha contra el calentamiento global y todxs, lxs que están a favor y en contra de la vacuna, lo saben. La pregunta, o invitación, es… ¿cuándo vamos a empezar a hacer los cambios a nivel personal, de forma urgente, y colectivos para combatir el cambio climático? ¿Qué más argumentos necesitamos para cambiar nuestros usos/costumbres/tradiciones culturales y DIETAS? La cooptación de los movimientos veganos blancos no puede ser la excusa permanente de las personas que luchan y son conscientes de nuestra nefasta huella en el planeta. Todxs presenciamos lo que ocurrió durante los primeros meses del COVID-19, cuando estuvimos encerradxs: vimos cómo la naturaleza floreció, y fue prácticamente un renacimiento de la vida no humana mientras miles de humanos morían a diario. El dualismo, tan intrincado en nuestro sistema mundo moderno, ha quedado plasmado en este último año, y nuevamente se evidenció que la vida de esta “civilización” moderna-colonial es incompatible con nuestro planeta. Por lo tanto, si queremos impulsar y convencer a lxs escépticxs de la necesidad de vacunarse por el bien del colectivo, porque necesitamos llegar a la inmunidad comunitaria, porque queremos proteger a las personas que tienen un sistema inmune comprometido, porque no aguantamos más el horror de seguir escuchando el número de muertos todas las mañanas, porque nos aterra que los hospitales colapsen, y la lista de miedos es infinita, también nos toca escuchar a nuestrxs compas escépticxs, atender sus reclamos y comprometernos con acciones concretas.


Al momento de la redacción de esta columna más de dos millones de personas han muerto por COVID-19, en menos de un año, en el mundo y en Puerto Rico, según el departamento de Salud, la cifra de personas muertas por esta enfermedad asciende a 1861.



Referencias:


Carreras, M. “La pandemia, la crisis climática y los animales: liberación total para evitar la extinción”. Recuperado el 27 de enero de 2021.

<https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/pandemia-crisis-climatica-animales-liberacion-total-evitar-extincion?fbclid=IwAR0S_OxmnMz10rYB7DJ3lXknnXj6mFVVsR_Dmm-2zQollE8S1G1QfG3MWqs>


Carreras, M. "Feminismo y antiespecismo: dos luchas con mucho en común" Recuperado el 27 de enero de 2021.

<https://www.elsaltodiario.com/hemeroteca-diagonal/feminismo-y-antiespecismo-dos-luchas-con-mucho-en-comun>


Grosfoguel, R. “El pensamiento decolonial y el mundo de la política”. Recuperado el 27 de enero de 2021. <https://www.youtube.com/watch?v=CbNFLWoEmX0&feature=youtu.be>


Informe Planeta Vivo 2020 del Fondo Mundial para la Naturaleza, https://wwfeu.awsassets.panda.org/downloads/lpr20_full_report.pdf


Robbins, J. “The Ecology of Desease”. Recuperado el 27 de enero de 2021.

<https://www.nytimes.com/2012/07/15/sunday-review/the-ecology-of-disease.html?fbclid=IwAR1HyyA_CGUSAPEdkaAsxHh2J9xr33SLNa_tLT-FgGtMY8svRiios0CaccY>



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Vanesa Contreras-Capó es co- fundadora de la Colectiva Feminista en Construcción y de la Coalición 8 de Marzo. Actualmente participa en la Coalición 8 de Marzo yen el Centro Interdisciplinario de Investigación y Estudios del Género (CIIEG).