Revoluciones del pasado y del futuro:

Reseña de Making the Black Jacobins: C.L.R. James and the Drama of History de Rachel Douglas. (Durham, NC: Duke University Press, 2019).


Por Jackqueline Frost


[Originalmente publicado en Radical Philosophy 2.08, Autumn 2020. Traducción de Jorge Lefevre Tavárez]


De la misma manera en la que existen “poetas de poetas” y “comunistas de comunistas”, Rachel Douglas es una especialista de la obra de C. L. R. James para especialistas de C. L. R. James. Making the Black Jacobins sintetiza las muchas versiones y marginalia de la obra de James sobre la Revolución haitiana. Al tomar en cuenta cada rendición separada de la historia, ha hecho un tremendo servicio para la crítica de la historia revolucionaria del Caribe. La base de un número importante de estudios de Los jacobinos negros de los últimos años han sido los giros de la historia como drama y el drama como historia en su obra (en particular, el estudio The Black Radical Tragic de Jeremy Glick). Douglas se incorpora a esta corriente pero recordándonos que la historia escrita no solo se alinea o experimenta con convenciones genéricas, sino que también es una decisión tomada por un autor en un contexto social y bajo condiciones políticas particulares. En el caso de James, las contingencias de la vida real se preservan en manuscritos, papeles, archivos, notas y ephemera. Este material no es el centro de la obra publicada de un autor aunque nos permite entender los libros como obras provisionales o como proyectos incompletos.


Los jacobinos negros, un libro de historia publicado en el 1938, es la obra más famosa del gran historiador y teórico trinitense, pero Douglas nos presenta su predecesora: la obra Toussaint Louverture del 1936. Además, luego de la edición revisada de Los jacobinos negros del 1963 –cuyas adiciones son el tema de la obra monumental de David Scott, Conscripts of Modernity– nos enteramos de una segunda obra escrita en el 1967, también titulada Los jacobinos negros. Douglas reconoce que la mayoría de la crítica ha mezclado o mostrado poco interés ante la multiplicidad de textos y géneros en los que James manifiesta sus preocupaciones alrededor de Haití. Al leer entre historia y teatro, a la vez que utiliza metodología de historia intelectual basada en material de archivo, la prosa transparente de Douglas finalmente deshace esta mezcla textual. Making the Black Jacobins examina e interroga cómo el drama y la historia se informan entre sí a lo largo de la vida de James, y de muchas maneras, y a través del arco del pensamiento anticolonial del siglo XX.


Según el ya conocido argumento de Scott, la narrativa de la versión de Los jacobinos negros del 1938 se puede describir como romance, de acuerdo a la teoría de Hayden White sobre los tropos literarios en el discurso narrativo, mientras que la versión del 1963 se escribió como tragedia. Lo que con mayor vigor demuestra Douglas en su análisis es que las transformaciones a las que James conjugó la historia de la Revolución haitiana marcan una serie de clarificaciones conceptuales importantes en las políticas emancipadoras en general. Dado que estas transformaciones no son únicas a James, sino que representan tendencias amplias dentro del conjunto de los movimientos socialistas internacionales, la historia de la transformación de James como historiador es en última instancia la historia de la transformación del pasado y su relación con historias futuras. La meta de James al escribir sobre la Revolución haitiana en el 1938 fue la de animar las revoluciones en otros espacios. Ante el ir y venir de esas revoluciones, la revisión de James en los 1960 ocurre para presagiar nuevas insurrecciones y nuevas formas de autodeterminación que no habían ni han ocurrido hasta ahora. Este énfasis ofrece herramientas que todavía son relevantes para entender la relación entre revoluciones del pasado y revoluciones del futuro.

Al seguir el argumento de Glick, quien entiende que la tragedia se encuentra ya en la edición del 1938, Douglas argumenta en contra de la teoría de los tropos históricos en Los jacobinos negros situando a la obra de James en su contexto político. Douglas, partiendo de la historia del marxismo, muestra cómo los elementos trágicos de la edición del 1938 del estudio histórico de James se manifiestan como 'la tensión y la brecha entre el individuo y las masas'. Esta tensión crece a lo largo de varias décadas a partir de la propia participación política de James y su desenvolvimiento con eventos históricos mundiales. Las revisiones que llevó a cabo en los años sesenta se relacionan, entonces, con cambios teóricos que corresponden al importante y creciente rechazo por el propio James a las nociones tradicionales de partido, de vanguardia y de liderato autoritario en la segunda mitad del siglo XX. La edición de Los jacobinos negros de los sesenta, y en especial su obra del 1967, resaltan el carácter revolucionario de personas ‘ordinarias’ y prioriza lo que James cataloga como ‘el problema del poder’, unido a la espontaneidad de las masas. Si Toussaint Louverture, como líder revolucionario y genio militar, ocupa el lugar central en la historia de la independencia de Haití en la obra de James de los años 30, se difumina más y más hacia el fondo en versiones posteriores. James irá acercando al centro ‘líderes ocultos' y disidentes, tanto metafóricamente como literalmente, a tono con sus propias concepciones cambiantes sobre el poder popular y la democracia obrera. El rechazo de James del modelo de vanguardia de la revolución viene de nuevas elaboraciones marxistas de la lucha, producto de la Johnson-Forest Tendency y luego de Correspondence Publishing Committee y Facing Reality. Estos nuevos acercamientos a la lucha contemporánea hacen que alce de manera efectiva a figuras históricas (como Moïse) fuera de las sombras de la historia haitiana y baje a Toussaint Louverture, el de la Apertura, de su pedestal en la literatura Afro-diaspórica sobre revueltas. Tomando ciertos guiños del estudio de Daniel Guérin sobre la Revolución Francesa, James disminuye el foco en los Jacobinos negros para, por otro lado, iluminar a los Sans culottes negros.

Douglas nos demuestra hasta qué punto James polemizar contra historiadores racistas fue una parte importante de su proceso de escritura. En esto, James no solo está poniendo los puntos sobre las íes, sino que les devuelve a los revolucionarios del 1804 su heroísmo y su miedo, sus fracasos y su genialidad. Al seguirle el paso a las discusiones, las reescrituras y las colaboraciones, Douglas se embarca en una historia de revisiones, amistades, transiciones y experimentos. Esta historia contiene preocupaciones políticas tales como la ocupación de Haití por parte de los Estados Unidos (1915-1934) y la invasión y colonización brutal de Etiopía bajo el mando del ejército de Mussolini en el 1935. También incluye proyectos colectivos como su trabajo antifascista y anticolonial junto a George Padmore en la International African Friends of Abyssinia (IAFA) y luego en el African Service Bureau. La colaboración de James con el actor comunista Paul Robeson, quien hizo el papel de Toussaint en una puesta en escena de la obra de James en el 1936, también demuestra haber transformado las ideas del trinitense sobre ‘la imagen de la historia en el teatro’. El trato que hace Douglas de los puntos de contacto entre la historia de la Revolución haitiana de James y la Historia de la revolución rusa de Trotski resultará esencial para estudiosos de la tradición antiimperialista marxista. Douglas descubre las contribuciones en la investigación y en la escritura de Eric Williams para Los jacobinos negros, y examina los lazos con su estudio, Capitalismo y esclavitud. Se nos ofrece también una imagen cándida de James en el París para mediados de los 1930, incursionando en sus investigaciones haitianas y creando lazos importantes como con Pierre Naville y Léon-Gontran Damas.

En su análisis de las adiciones al apéndice de la edición de 1963 de Los jacobinos negros, nos enteramos del papel que jugó la Revolución cubana al imaginar nuevamente el 1804, enfocándose en lo vitalmente significativo del ‘pasado en el futuro de las islas’ del Caribe con relación a la historia del presente. La reescritura de James en la versión del 1963 capta no solo su nueva visión de la emancipación caribeña pero subraya también sus predicciones en el 1938 para traer a la luz la conexión ‘lógica e histórica’ entre el Haití de Dessalines, la Cuba de Castro y las revoluciones futuras que promueven la transformación de la región. Douglas concluye su libro explorando la historia posterior de las obras haitianas de James, y demuestra cómo han cruzado fronteras, idiomas y formas expresivas. El producir un recuento histórico como una manifestación de solidaridad política no es algo único en James, dado que historiadores marxistas a lo largo del siglo XX a menudo han unido la herencia partisana con los pasados políticos específicos que los han formado. Pero en el caso de James, el teatro se convirtió en una herramienta igualmente importante para escribir la historia en contra del ‘archivo imperial’, aprovechándose de sus capacidades y libertades particulares para subir al escenario la ‘historia desde abajo’ que sus revisiones del 1963 comenzaron.

Como reconoció el fenecido Michael Dash en el 1974, ‘un aspecto que distingue a los escritores del Tercer Mundo como una fraternidad literaria distinta es el diálogo fundamental con la historia en que se involucran'. En cada nueva interpretación textual del evento haitiano, James se proponía derrotar la 'hipocresía y la perfidia imperialista' de la recepción histórica, pero, al hacerlo, acentuaba los cambios en el pasado, poniendo sobre la mesa cuestiones de movimiento histórico y asincronicidad. Douglas, al desarrollar la visión profundamente histórica de la escritura política, continúa la conversación anticolonial específica sobre la temporalidad de la revolución, su pluralidad y su atemporalidad. La teoría marxista ha visto un renovado interés en las políticas de una temporalidad a destiempo (untimely temporality) en la medida en que se regresa a estas nociones en las obras de Bloch, Gramsci y Althusser. Sin embargo, se puede argumentar que las indagaciones más robustas sobre este tema se han dado entre intelectuales caribeños del siglo XX y los estudiosos de estos en décadas recientes. Así, la Revolución haitiana se ha descrito como una 'visión profética del pasado' por Édouard Glissant, y fue la base para las cavilaciones de Aimé Césaire sobre la erupción anticipada del pasado en el futuro, generando un tipo de "tiempo-ahora" que recuerda las "Tesis sobre el concepto de historia" de Walter Benjamin. Lo que Douglas describe como 'la atemporalidad positiva de Los jacobinos negros' se entiende mejor al situarlo ante la cambiante historia de las posiciones políticas de James y sus compromisos colectivos; depende necesariamente de las modificaciones producto de su recepción durante la vida de James.

La intervención de Scott en el 2004 en contra del romance de la revolución anticolonial se hizo 'en un momento en el que en la crisis postcolonial los viejos horizontes no habían colapsado o no se habían evaporado y nuevos horizontes no se habían aún materializado'. El pesimismo de este interregno se basa en los fracasos muy reales de las naciones-estados y territorios dependientes a lo largo del Caribe y del siglo XX. Pero si Los jacobinos negros ha vuelto a ser una fuente para nutrir el anhelo de revolución', al usar la frase de Scott, quizás sea porque nuevos horizontes de transformaciones se han vuelto aparentes. Mientras los Estados Unidos entra en un momento histórico en el que el llamado a la abolición de la policía ha tomado unas dimensiones mediáticas importantes, nos debemos preguntar si este giro no-trivial en la imaginación blanca merece unas dosis saludables de optimismo revolucionario. Los levantamientos de los últimos cinco años -incluyendo en Haití- demuestran que la aspiración para una transformación social comprehensiva es constante.

Esto no niega la resiliencia de las formaciones reaccionarias, no busca minimizar la dolorosa plasticidad del capitalismo racializado, pero hay razones para creer que en cualquier momento la historia puede entregarse a una coyuntura de decolonización radical. A pesar de sus faltas, James vio la 'eterna' destrucción de los imperios europeos y la restauración de la soberanía del Tercer Mundo como un evento que 'quebraba las bases' del Viejo Mundo. Si Los jacobinos negros se proyectaba como 'una visión profética del pasado', hacia un futuro decolonial en el que 'el mundo cuyo inicio marcan Cristóbal Colón y Martín Lutero' dejaba de existir, ¿qué tipo de revolución verán las revisiones de James en los años sesenta? Hay un anhelo masivo por un cambio integral y sistemático, que reconozca la centralidad de la raza y la racialización al estructurar la existencia contemporánea, desde la materialidad de nuestro trabajo hasta la inmaterialidad de nuestros deseos. Esto no es romance. Es sencillamente la voluntad de creer, como pueblos han históricamente hecho, desesperadamente y eufóricamente, en algo más allá de las fronteras del presente.

Jackqueline Frost es poeta y estudiosa de la historia intelectual. Frost pertenece al Aimé Césaire Research Group en el Institut de textes et manuscrits modernes en París, y se especializa en el pensamiento revolucionario transatlántico durante el siglo XX.

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