Radiografía del movimiento obrero (I)

Por Democracia Socialista


Este escrito pretende ser una contribución a la lucha obrera en Puerto Rico. Es nuestro interés generar una discusión lo más amplia posible con sectores del movimiento sindical y con personas afines a la lucha y que reconocen que la construcción de un mundo mejor debe ser dirigida y organizada colectivamente y desde la perspectiva de quienes producen las riquezas. En ese sentido, es un documento abierto y sujeto a enmendarse y a ser mejorado, producto de esa discusión y debate al interior de la clase. La forma de resolver la crisis del movimiento está por discutirse y desarrollarse. Adelantemos el proceso para que la clase obrera pueda convertirse en una fuerza dirigente de la sociedad justa y democrática a la que aspiramos.


[Nota de la Junta Editorial de momento crítico: por la extensión del documento, dividiremos su publicación en siete partes. Se publicará una parte cada domingo por los próximos meses. En el futuro, se hará una edición del documento descargable como folleto.]


Introducción


La organización de trabajadores y trabajadoras para defender sus intereses compartidos es un fenómeno común desde hace varios siglos, precisamente para cuando el sistema capitalista se expandía y fortalecía su dominio, primero en Europa, y luego, en el mundo. Las organizaciones obreras cobraron varias formas (asociaciones, sociedades de apoyo mutuo, cooperativas). Una de estas, el sindicato, es de las más importantes en la sociedad: agrupa a trabajadores y trabajadoras de un mismo taller, un mismo oficio o una misma industria para, en lo inmediato, lograr mejores condiciones laborales para las personas que representa.


En la sociedad capitalista, la mayoría de las personas están obligadas a vender su capacidad de trabajo, su fuerza de trabajo, para recibir un salario y poder subsistir. Esto es distinto a otras sociedades, en las que los productores tenían acceso a la tierra y a ciertos medios de producción, lo que hacía posible que grandes sectores de la población vivieran mayormente del fruto de su trabajo y del intercambio de parte de su excedente. También difiere de otras maneras de explotación laboral, como las sociedades feudales y esclavistas. Bajo el capitalismo, las mayorías están desprovistas de la tierra, mientras que los medios de producción son controlados por un sector muy reducido de la sociedad: el sector capitalista, los dueños de las fábricas, de la maquinaria, del comercio, de la banca. Para vivir, por lo tanto, la mayoría de la población tiene que entablar relaciones con los capitalistas para que les empleen. No tienen otro medio de subsistencia que su capacidad de trabajo, y están obligadas a trabajar por un salario.


En la fábrica, en el comercio, en el banco, el patrono tiene el poder que le brinda el capital. Por su cuenta, una persona aislada es incapaz de enfrentarse al capitalista para mejorar sus condiciones laborales: el desempleo es siempre una amenaza. Aunque se habla de que la relación entre el patrono y la persona obrera está fundamentada en la libertad individual y en un contrato acordado por ambas partes, el poder que ostenta el patrono es superior al de la persona obrera.


De ahí viene el poder del sindicato: para contrarrestar la debilidad de la persona obrera aislada, las reúne para, de manera colectiva, negociar sus condiciones laborales. La fuerza de la clase obrera no se debe a lo que posee (como la fuerza e influencia del capitalista que se debe a que posee capital y los medios de producción), sino por su número y su capacidad organizativa. Por eso, en muchos marcos legales, uno de los frutos del sindicalismo es un contrato que acoge a la matrícula entera que representa, que dependiendo del país puede llamarse convenio colectivo (como en Puerto Rico), carta contractual.


“Clase obrera” y “movimiento sindical” no son aquí sinónimos. Por “clase obrera”, hacemos referencia al conjunto de personas, que componen la gran mayoría de la población, que carecen de medios de producción. La mayoría de la clase obrera en Puerto Rico no pertenece a organización obrera alguna, mientras por "movimiento sindical" nos referimos, más estrechamente, a los sectores organizados en estas agrupaciones del movimiento obrero.


Para la clase obrera, siempre es preferible que trabajadores y trabajadoras estén organizados y organizadas en sindicatos. El sindicato puede ser un "hogar organizador de la clase obrera", en palabras de Carlos Marx. El propósito del sindicato es inmediato: negociar mejores condiciones para los y las trabajadoras que representa. Pero tendrá un carácter social más amplio, incluso un rol revolucionario, si reconoce que debe rebasar su propósito inmediato para asumir un rol más amplio dentro de la sociedad y del movimiento obrero. "Deben ayudar cualquier movimiento social o político que tienda a esta dirección. Considerándose y obrando como líderes y representantes de toda la clase obrera, lograrán englobar en su seno a quienes no forman parte de ningún espacio social" [1]. Por eso, en parte, la importancia que se le da a este tipo de organización de trabajadores, sobre todo si es capaz de rebasar su rol económico inmediato y lograr efectivamente entrar en el terreno de la lucha política, no solo para adelantar sus reivindicaciones estrictamente económicas (un primer paso importante en la intervención política del sindicato) sino para transformar la sociedad, a partir de un programa político amplio que promueva los intereses del pueblo trabajador y de todos los sectores explotados oprimidos.


El sindicato, para adelantar los intereses de los y las trabajadoras que representa, se opone, o entra en contradicción, con el patrono. Esto significa que, en potencia, el sindicato y su matrícula pudieran desarrollar, a través de esta lucha a favor de sus intereses, una conciencia anticapitalista, es decir, un deseo por terminar con la propiedad privada sobre los medios de producción. La experiencia organizativa incentiva las siguientes interrogantes: ¿Por qué la fábrica, ahora propiedad del patrono, no la corren los propios trabajadores y trabajadoras? Una central de sindicatos representativos de las grandes industrias pudiera preguntarse: ¿por qué la economía entera no la dirige la clase trabajadora, en lugar de dejarla en manos de la avaricia del capital, que produce para enriquecerse y no para satisfacer las necesidades sociales?


Esta es la importancia estratégica del sindicato. Sin embargo, el sindicalismo por sí solo - y así ha sido demostrado por la historia - no puede derrocar el sistema económico capitalista. Por eso, un folleto socialista de hace algunas décadas, dirigido al movimiento obrero y sindical, concluía como sigue:


“Mientras la clase obrera no tenga su propio partido político, mientras solo existan mecanismos de lucha de carácter fundamentalmente económico (sindicatos, cooperativas, etc.), la lucha obrera no dejará de tener un carácter defensivo. La necesidad de construir este instrumento de organización y lucha política es ciertamente uno de los retos más importantes que enfrenta la clase obrera en Puerto Rico. Solo cuando surgen y se desarrollan instrumentos de lucha a nivel ideológico y político es que podemos hablar de la posibilidad del desarrollo de una lucha de clases con potencial de triunfo para los trabajadores. Y, en última instancia, de eso es que se trata” [2].


Este escrito de Democracia Socialista pretende ser una contribución a la lucha sindical y la lucha obrera, al presentar una radiografía del estado actual del sindicalismo en Puerto Rico. Esperemos que el escrito sirva de base para discusiones sobre el momento actual en la historia del sindicalismo y los pasos para superar la grave crisis en la que se encuentra. De esa manera, esperamos adelantar, humildemente, la lucha por derrocar el sistema capitalista de producción y reemplazarla por la economía y la producción planificada en procesos de participación democrática de carácter colectivo.


Datos sobre la clase obrera


Parte de las características de la estructura económica de Puerto Rico es la incapacidad de su economía para generar suficientes empleos para su población en edad de trabajar. Por tal razón, se ha visto como condición crónica en Puerto Rico bajas tasas en la participación laboral (inferior al 50% desde 1955) y altos niveles de desempleo [3] (que comúnmente alcanzan doble dígito).


Gráfica 1

Tasa de Participación Laboral y Tasa de Desempleo, 1954-2020

Fuente: Informe Económico al Gobernador y Apéndice Estadístico del Informe Económico al Gobernador, 1954-2020


No obstante, hay unas aclaraciones importantes que se deben hacer con respecto a la manera en que las estadísticas oficiales se refieren a la población trabajadora. Superficialmente, da la impresión de que una tasa de participación laboral crónicamente baja para Puerto Rico significa que la mayoría de la población apta para trabajar no lo hace. Es este el discurso dominante entre los analistas, los políticos patronales y la prensa empresarial. Es, también, parte del discurso dentro de ciertos sectores progresistas, que, en muchas ocasiones con buenos motivos, cuestionan un discurso político centrado en la lucha de clases en un país en el que, supuestamente, no se trabaja. ¿Cuál es la vigencia de hablar de la clase trabajadora en un país con tasas de participación laboral tan bajas? Y, sin embargo, si miramos los números con detenimiento, el panorama que se nos presenta es de una óptica distinta.


En los informes oficiales, se define como “Grupo Trabajador” al grupo de personas, mayores de 16 años, que se encuentran trabajando o activamente buscando trabajo. La tasa de participación laboral, por otro lado, es el porciento de la población civil, mayor de 16 años, que forma parte del Grupo Trabajador.


De acuerdo con el informe de Empleo y Desempleo en Puerto Rico, el grupo trabajador para el año natural 2020 fue de 1,056,000 personas, lo que representa una tasa de participación laboral de 40.2%. De estas, 962,000 personas están empleadas (equivalente a una tasa de empleo de 36.6%), mientras las restantes 94,000 se encontraban desempleadas pero activamente buscando empleo. Dicha cifra significa una tasa de desempleo de 8.9% [4].


Pero, ¿quiénes componen las personas que se encuentran Fuera del Grupo Trabajador? El estimado de personas Fuera del Grupo Trabajador fue de 1,570,000. De estas, unas estimadas 494,000 (31.5%) personas se dedicaban a labores domésticas (de las cuales 480,000 eran mujeres), 423,000 (26.9%) eran personas retiradas, 251,000 (16.0%) eran estudiantes, 191,000 (12.2%) se encontraban incapacitadas para trabajar. Del restante 13.4%, aproximadamente 11,000 caían bajo la categoría de “desalentadas” para trabajar. Como indica el propio informe, si se suma la cantidad de personas “desalentadas” para trabajar con las desempleadas, la cifra llegaría al 10%.


Gráfica 2

Personas fuera de la Fuerza de Trabajo, 2020

Fuente: Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, Empleo y Desempleo en Puerto Rico. Promedio año natural 2020. Véase https://mercadolaboral.pr.gov/lmi/pdf/Grupo%20Trabajador/EMPLEO%20Y%20DESEMPLEO%20EN%20PUERTO%20RICO%20PROMEDIO%20A%c3%91O%20NATURAL%202020.pdf


Bajo una visión amplia de “clase obrera” o “clase trabajadora” (la que ha sido la dominante en el pensamiento socialista y marxista), no solo incluiríamos a las 1,056,000 que se encuentran activamente trabajando o en búsqueda de empleo (parte del “ejército industrial de reserva”). Tendríamos que incluir, por supuesto, a las personas (mayoritariamente mujeres) que se dedican a labores domésticas, que llevan a cabo un trabajo no remunerado pero fundamental en la sociedad. Tendríamos que incluir, también, a las personas retiradas, que, en su mayoría, fueron personas empleadas durante una gran parte de su vida. Todas son personas desprovistas de los medios de producción. Si solo añadiéramos estas dos categoría al Grupo Trabajador, el número de personas que conformarían la clase obrera aumenta a 1,994,000, o un 76% de la población civil sobre los 16 años.


Este panorama es muy distinto al que predomina en el discurso patronal. Lejos de ver un país con una población que no trabaja, nos encontramos, con todo y una crisis estructural, una población trabajadora. Y no es de sorprender: el capitalismo, con todas sus contradicciones, presiona a las grandes mayorías a tener que vender su fuerza de trabajo para poder subsistir.


Si bien es cierto que existe un debate sobre cuáles sectores exactamente forman parte de la clase obrera (¿incluimos a quienes estudian? ¿dónde ubicamos a los sectores “desalentados”?), un acercamiento riguroso a las estadísticas oficiales nos lleva a concluir que la gran mayoría de la población forma parte de eso que llamamos clase obrera o clase trabajadora. Estas categorías, lejos de perder vigencia, la mantienen. El análisis concreto y específico de la composición y transformaciones de la clase trabajadora nos exige, sin embargo, mejorar nuestro discurso y nuestras estrategias. Sin duda hay espacio para continuar fomentando la conciencia de clase y lucha de clases en nuestra sociedad.


Notas


[1] Carlos Marx, "Sociedades obreras (Trade's Unions), su pasado, presente y porvenir" y “Las asociaciones obreras”. En Los marxistas y los sindicatos, Edicions Internacionals Sedov, pp. 4-6. Este documento, disponible en internet, contiene lecturas sobre el sindicalismo de Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, la III Internacional, Vladimir Lenin, León Trotski y la Cuarta Internacional. Sirve como una excelente entrada al pensamiento marxista sobre el tema sindical.


[2] Conferencia Sindical del Frente Socialista, Entre la Huelga del Pueblo y la Cumbre Social. El movimiento obrero puertorriqueño en la encrucijada, 2001, p. 55.


[3] La tasa de desempleo se mide contando las personas que se encuentran activamente y formalmente buscando trabajo. Por esta razón, en ocasiones, una reducción en la tasa de desempleo no implica un aumento en la cantidad de personas empleadas, sino una reducción en la cantidad de personas activamente buscando empleo, y, por tanto, en una reducción en la tasa de participación laboral.


[4] La tasa de empleo se calcula dividiendo el total de personas empleadas por el total de la población civil. La tasa de desempleo, por otro lado, se calcula dividiendo el total de personas desempleadas por el número de personas que conforman el Grupo Trabajador.


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