Perspectiva estudiantil: huelga del 2026
Perspectiva estudiantil: huelga del 2026
Este escrito tiene el propósito de, primero que todo, compartir la perspectiva y experiencias de una estudiante que vivió el día a día de la huelga que se llevó a cabo en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras entre abril y mayo del 2026. Segundo, servir de posible fuente primaria a medida que se produzcan escritos y otros trabajos sobre estos eventos. Toda persona que en algún momento u otro de su vida ha luchado por la UPR, forma parte de un tejido histórico que merece ser visibilizado, documentado y estudiado.
El contexto de la huelga
Me parece que para hablar de lo ocurrido hace unos meses, debo comenzar mencionando, quizás recordando, sobre las movilizaciones estudiantiles que se llevaron a cabo el año pasado, 2025, en el semestre de enero a mayo. Estas surgieron debido a la circulación de una carta que proponía el cierre de 64 programas académicos de las facultades de Humanidades, Educación, entre otros, en los diferentes recintos de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Ese acto de parte de la administración (presidida en aquel entonces por Luis A. Ferrao) a espaldas de la comunidad universitaria, dio paso en Río Piedras a piquetes, una marcha al edificio de Administración Central y un paro de 24 horas.
Aunque yo me encontraba fuera de Puerto Rico durante ese semestre, tuve la oportunidad de participar en algunas de esas movilizaciones iniciales. Pude observar el inicio de ese momentum, del cual hubo continuidad por meses, hasta más de un año después en el presente. Para muchos, esa fue su primera experiencia con ser parte de un movimiento estudiantil. Son eventos que deben ser visibilizados; espero que algún día quienes participaron de ellos compartan sus perspectivas de lo ocurrido.
Lo ocurrido en el 2025, a mi entender, creó un precedente “reciente”, aunque se discuta muy poco (ya sea por el pasar del tiempo o por una percepción de que fue poco fructífero). Digo esto porque encuentro importante destacar y contextualizar que la huelga estudiantil del 2026 no surgió de la nada, aunque entre un año y el otro hubo muchos cambios, como la imposición de Zayira Jordán Conde (en adelante, ZJC) a la presidencia de la UPR, que trajo consigo una nueva ola de problemas y amenazas.
Desde la entrada de ZJC a mediados del 2025 y durante el resto de ese año, ya existía oposición a su presencia; a partir de la cada vez más inminente amenaza de la privatización de la UPR, al igual que su utilización como herramienta del gobierno en turno, dado que fue impuesta por la Gobernadora Jenniffer González, del Partido Nuevo Progresista (PNP).
Esta cultura de menospreciar y desmantelar poco a poco lo que hace la universidad pública del país… pues, la universidad pública del país, con todo el prestigio académico que la caracteriza, ha llevado a la precariedad en la que todos los que formamos parte de ella nos encontramos: sin vivienda estudiantil accesible, infraestructura en extrema decadencia… los cimientos para tomar acción ya estaban. ZJC ha demostrado una desconexión total e insultante hacia esta institución académica, su presencia presenta una intervención de parte de un gobierno liderado por el PNP que quiere hacer trizas de la UPR. Cuando Ferrau renunció en febrero del 2025, Miguel Muñoz Muñoz (quien presidió la UPR del 2011-2013) fue apuntado como presidente interino. Esta figura fue impulsada hacia esta posición por partidarios del PNP; ZJC es una continuación de un problema ya establecido, la cara más reciente.
Dicho esto, surge la pregunta de qué hizo que estallara la huelga y los paros que se llevaron a cabo antes de ella. El detonante fue la destitución de cinco rectores, incluyendo la ahora ex-rectora del Recinto de Río Piedras: Dra. Angélica Varela Llavona; junto al Dr. Agustín Rullán Toro de Mayagüez, Dr. Miguel Vélez Rubio de Bayamón, Dra. Tessie Cruz Rivera de Ponce y Dra. Sonia Rivera González de Aguadilla.
Para gran parte de la comunidad universitaria, las destituciones fueron un acto descarado de autoritarismo que demostró la arbitrariedad, el peligro, de que de un momento a otro ZJC podía tomar decisiones que afectan significativamente la estructura de los recintos; con la intención de transferir los puestos a ciertas personas que sigan sus intereses, como Miguel Muñoz Muñoz, ahora rector del recinto de Mayagüez. Aunque pueda parecer curioso dada la precariedad del estudiantado, las amenazas a los programas académicos, etc., eso fue lo que alzó bandera entre suficientes personas del estudiantado, profesorado, y del país, a tal nivel de que se dieran las condiciones para una huelga: esa acción institucional que llevó a una indignación en masa.
Estudiantes y organizaciones
De lo ocurrido en el 2025 y la defensa de los programas académicos, surge esta generación actual de estudiantes de la cual muchos participan en la huelga y que se organiza desde sus respectivos espacios. Estos grupos fueron parte de las convocatorias a diferentes plenos y piquetes. Movilizaciones como, por ejemplo, en defensa de los baños inclusivos en el semestre de agosto a diciembre de 2025, tras su prohibición en la universidad impulsada por medidas transfóbicas de la legislatura, que responden a las políticas del partido republicano de los Estados Unidos, presidido por Donald Trump.
En ese camino hacia la huelga del 2026, se cuenta con la presencia y participación de la Colectiva Estudiantil Combativa (CEC), conocida por ser quienes adoptaron el nombre de “Movimiento Estudiantil” previo a la huelga. También participaron estudiantes de diversas organizaciones como las siguientes: Jornada Se Acabaron las Promesas (JSALP), la Liga Roja, la Juventud Ecosocialista de Democracia Socialista (JECO), el Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores (MST), Trabajadores y Estudiantes Comunistas por el Cambio Social (TECCS), la Juventud del Partido Independentista Puertorriqueño (JPIP), la juventud del Movieminto Victoria Ciudadana (La Jota), el Movimiento Estudiantil Revolucionario (MER), la Asociación de Estudiantes de Trabajo Social (AETS), entre otros. Al igual que el Consejo General de Estudiantes (CGE) y estudiantes de los consejos departamentales. Después, con el proceso huelgario ya iniciado, surgen varios comités con sus respectivos delegados, un comité negociador (elegido por los estudiantes), y el colectivo del estudiantado presente en los portones día y noche.
Deliberar y decidir
Desde muy temprano, ya los estudiantes estaban hablando sobre una huelga (a las huelgas, con frecuencia, se les trata como leyenda). En los salones de clase, en los pasillos, en esas reuniones y asambleas iniciales, etc. Pero muchas de esas voces no surgían de sugerencias concretas. Curiosamente, muchos de aquellos estudiantes que clamaban e insistían por una huelga desde el día uno no fueron los de mayor participación. En efecto, muchos no dieron cara en los portones. Para estos estudiantes, a mi pensar, era esa gran arma del estudiantado, que se tenía que hacer ya en vez de “gastar el tiempo” en asambleas informativas y otras medidas preparativas sin necesariamente entender sus implicaciones.
Ese día, el 21 de abril, en el teatro de la universidad, en esa asamblea donde se llevó a cabo el voto por la huelga… Quienes estábamos ahí no queríamos irnos a huelga lo antes posible. Muchos éramos aquellos estudiantes con experiencia política organizativa previa, los activistas estudiantiles, quienes estuvimos presentes en los diferentes eventos en camino hacia la asamblea (plenos, sesiones informativas, una marcha/”Sal pa’ fuera” por el recinto hace unas semanas).
Ya se había hecho un paro de 72 horas a principios de mes, en el cual se identificó una preocupante falta de estudiantes, dificultando la ocupación de portones, especialmente tarde por la noche y durante la madrugada. Hubo mucha discusión, con una división sumamente marcada entre los que estábamos ahí, asistiendo de manera presencial, que preferíamos más tiempo para organizar, informar al resto del estudiantado y asegurar buena ejecución; en contra del Zoom (los estudiantes que asistieron de forma remota, virtual), una mayoría abrumante que quería la huelga y la quería ya. Aquella masa virtual dominaba las votaciones. Los gritos e indignación de todos los que estuvimos presentes y la desesperación cuando se aprobó la huelga, es algo que jamás olvidaré. Porque sabíamos que íbamos a estar ahí, íbamos a cumplir y honrar esa asamblea.
Es importante recalcar que la huelga siempre fue un instrumento, una idea presente para todos, pero estábamos conscientes que requeriría muchísimo esfuerzo y que las bases no estaban lo suficientemente fortalecidas en ese momento. El estigma en contra del activismo estudiantil, la falta de información sobre cómo se llevan a cabo estos procesos y la desinformación, eran una potencia en nuestra contra que limitaba el apoyo. Por otro lado, el estudiante promedio que solo se relaciona con su universidad para entrar a clase e irse (la mayoría), o que si tiene ese deseo de luchar pero siente que no se puede incorporar, subestima lo que conlleva la huelga. Por eso hay tanta insistencia en recurrir a ello tan pronto surge algún ataque en contra de la institución.
La huelga en sí
Toda huelga tiene sus reclamos, su razón de ser. Claramente, la renuncia de ZJC era una de ellas, con el reto de que no consumiera el propósito de la huelga como tal; no solo entre los estudiantes, sino en los medios. La lucha significa más que ir en contra de una sola persona, sino de luchar y trabajar hacia reformas institucionales, el mejoramiento de condiciones. Entre los reclamos, también se buscaba la reforma universitaria a través de la aprobación del Proyecto de la Cámara 880, que propone garantizar su autonomía; el honramiento del 9.6% del presupuesto del gobierno que debería ser asignado a la UPR; la reapertura de viviendas estudiantiles, especialmente Resicampus; detener el alza en matrícula; entre otros.
Los reclamos fueron aprobados en plenos. Dentro de estos espacios de democracia estudiantil se informaba y se tomaban decisiones que variaban desde el funcionamiento interno de la huelga, como la preparación de comida, la creación de comités y sus funciones, a las estrategias que se ejecutaron en el proceso de activismo estudiantil. La coordinación de dichos plenos enfrentó unos retos que responden a las condiciones de la huelga: establecer cuándo se llevarían a cabo y su duración.
La huelga es 24/7, pero la falta de descanso entre los estudiantes fue una debilidad para la huelga en general. Las bajas tasas de estudiantes presentes en los portones (aunque el voto de huelga fue con 880 a favor) llevó a una sobreexplotación de quienes se encontraban ahí. La frustración, la falta de sueño y el estrés crean un sentido de vulnerabilidad. Hubo un miedo que se intensificaba cada vez que surgían rumores de una posible intervención policiaca. Esos últimos días de la huelga (con más de una reunión entre estudiantes al día) fueron apresurados, con las negociaciones llegando a un punto culminante. Fueron unos momentos de alta tensión.
Reflexión: debilidades y fortalezas
El miedo que mencioné era uno que, aunque en parte se le atribuyó a una falta de cuerpos en los portones, también surgió por falta de información. Digo esto porque gran parte del estudiantado no conoce en qué consisten los procesos jurídico-legales (como el injunction), ni de sus derechos ante una situación donde la policía puede intervenir. Muchas de nuestras preocupaciones vienen de un trauma histórico que cargamos como país y movimiento estudiantil; no solo por el “carpeteo”, sino por la violencia de parte del Estado que han enfrentado los estudiantes activistas (pensemos en las huelgas de los 80s y del 2010) y la izquierda en Puerto Rico.
Dicho eso, también hay que reconocer que, de cierta forma, nos cerramos del resto que no era parte de la huelga, a veces dentro de la huelga misma. Dentro de nuestra comuna de Río Piedras se llevaron a cabo procesos de autogestión enriquecedores, pero debimos tener más presente la necesidad de integrarnos con mayor profundidad a la coyuntura política del país. Por eso considero que la mayor debilidad de este proceso huelgario fue la comunicación: interna y externa.
Más allá de comunicados de prensa y entrevistas del comité negociador y del CGE, no existían otros medios de parte del estudiantado con suficiente presencia que permitiera ver qué estaba ocurriendo. Si los estudiantes fuera de la huelga no sabían lo que estaba ocurriendo, el país menos. Si los estudiantes que están en la huelga, o que la apoyan y no pueden estar, no están informados, no se sienten integrados a ciertos procesos, no se sienten en una posición para hacer cosas para la huelga, para su universidad, más allá de lo ya establecido… no pueden expresarse sobre la huelga. Afortunadamente, se ha creado conciencia sobre esto posterior a los eventos.
Aun tomando en consideración estas “áreas para mejorar”, verdaderamente, se mostró que hay movimiento, aunque no seamos tantos como nos gustaría. Se formaron lazos entre organizaciones, entre estudiantes. Hubo momentos muy gratos donde nos decíamos entre nosotros que ese compartir que tuvimos es lo que debería darse en la vida universitaria en general, no debería tomar una huelga para poder disfrutar de la experiencia universitaria dentro de la misma universidad.
Fue también una experiencia de formación política única que solo los que estuvimos ahí vamos a recordar y apreciar. Nos permitió el espacio para aprender más allá del salón de clases, a ser ingeniosos, saber actuar en el momento y a la vez pensar a largo plazo, aprendimos mucho sobre nosotros mismos y nuestro compromiso con la universidad. Todos fuimos parte de algo
En fin, al final salimos bien, se lograron nueve acuerdos importantes. Terminamos mejor de lo que pudimos haber esperado y con la cabeza en alto, un fin pasivo, y los que estuvimos ahí teníamos algo que celebrar.
Los acuerdos con Rectoría, avalados por el estudiantado el 18 de mayo, son los siguientes:
No represalias en contra del estudiantado
Expresiones públicas de Rectoría en apoyo al PC 1201
La creación de un Comité de Sostenibilidad Alimentaria, mayor apoyo a Mesa Abierta y destinar un 3% de los ingresos de concesionarios a un fondo de apoyo alimentario
Una evaluación del plan médico estudiantil y el establecimiento de protocolos para un servicio más efectivo
El desarrollo de una política institucional para proteger a estudiantes internacionales ante la intervención de ICE y la canalización de servicio para personas sin hogar y/o migrantes
Auditoría sobre el cumplimiento de la política de nombre escogido
Vigencia anual para solicitudes de acomodo razonable establecida por OSEI
Una postura de parte de Rectoría a favor de mantener la administración de Resicampus en el Recinto de Río Piedras
Presion para el aumento de fondos al programa de Ayudantías (PEAF) y apoyo economico para estudiantes graduados
¿Ahora qué?
La huelga terminó, la lucha no. Hay mucho más por hacer, se demostró más que nunca la necesidad del trabajo de base en las facultades, de informar y organizar al estudiantado que se siente enajenado de su institución, y de fomentar un compañerismo dentro y fuera de la lucha. Y no solo informar a las facultades y al recinto, sino al país. Informar hasta sobre la huelga misma, por qué el estudiantado decidió tomar ciertas rutas de acción y qué se puede obtener de ellas. Debemos abrirnos también a explorar otras formas de resistencia y activismo.
Entonces, para concluir, deseo compartir una tarea de reflexión personal y para aquellos estudiantes que lean este escrito, a medida que sigamos por este camino, debemos preguntarnos: ¿quién es el estudiantado? ¿Quién es y está representado en la huelga? Porque luchamos por la UPR, pero la UPR no es solo aquellos que estamos organizados, los activistas, los que dan cara y cuerpo. También debemos replantear cómo definimos la democracia estudiantil y cómo enfrentar la virtualidad, que sigue siendo compuesta por estudiantes, pero que decide sin estar presente, decide sin saber el peso de su decisión sobre otros que sí la van a ejecutar.
No podemos dejar que el momentum muera. Hay que seguir luchando por lo que nos falta, por la universidad que todos merecemos.

