Lenin y los gallos

Por Rafael Bernabe


Recientemente, ha vuelto a calentarse el tema de las peleas de gallos. El Congreso de Estados Unidos las ha prohibido. La gobernadora ha salido en defensa de los galleros. Como candidato en las elecciones de 2020 más de una vez me han preguntado mi posición al respecto. Así que vamos a meterle el diente al tema de los gallos. Mi reflexión se apoya en algunos planteamientos de Vladimir Lenin, líder, como se sabe, de la revolución rusa de 1917, y una de las grandes figuras de la tradición marxista.


Y se preguntará el lector o lectora, ¿qué ha dicho Lenin sobre el tema de los gallos? La respuesta es: nada. Pero sí dijo cosas muy valiosas tanto sobre el problema de la opresión nacional y del colonialismo, como sobre el tema de las culturas nacionales.


Sobre lo primero señaló la necesidad de oponerse a toda forma de dominación colonial, de opresión nacional, a toda forma de discriminación nacional, a toda forma, por tanto, de imposición cultural de un pueblo o del gobierno de un pueblo sobre otro. Tal perspectiva forma parte de la respuesta democrática al problema de la opresión, subordinación o discriminación nacional, que también incluye el reconocimiento del derecho de la autodeterminación de las naciones, que a su vez incluye su derecho a crear un estado independiente [1]. Ejemplo perfecto del tipo de imposición colonial que debemos rechazar fue el intento de imponer el inglés en Puerto Rico durante las primeras décadas del siglo XX.


Pero Lenin añadía que, al rechazar toda forma de imposición colonial, no podemos ni debemos asumir la defensa irrestricta de las culturas de los pueblos oprimidos o subordinados colonialmente, pues todas las culturas tienen abundantes elementos que son represivos, regresivos, opresivos, discriminatorios, antiigualitarios, autoritarios, etc. Es decir, el compromiso con la democracia, con la igualdad, con la libertad que inspira nuestro rechazo del colonialismo, de la opresión nacional, de las imposiciones coloniales, nos obliga, igualmente, a oponernos a no pocos aspectos de todas las culturas nacionales, incluyendo la cultura de los pueblos subordinados.


En fin: rechazamos el colonialismo y las imposiciones coloniales, pero no defendemos acríticamente las culturas nacionales, ni siquiera la de los pueblos sometidos al dominio colonial [2].


La pertinencia de todo esto para el debate sobre los gallos me parece bastante evidente. La ley federal que prohíbe las peleas de gallos en Puerto Rico es una imposición colonial, como muchas otras (ejemplo más importante en la actualidad: la imposición de la Junta de Control Fiscal). Como imposición colonial hay que rechazarla. El destino de las peleas de gallo en Puerto Rico lo deben decidir las personas que residen en Puerto Rico. El Congreso no debió aprobar esa legislación. Ya que la aprobó, debiera revocarse.


¿Quiere esto decir que apoyamos o defendemos las peleas de gallos? Para nada. En lo que a mí respecta, son una barbaridad. Mientras más rápido desaparezcan mejor, junto a las corridas de toros en otros países, que ya están desapareciendo también. ¿Pero acaso no son parte de la tradición, de la cultura o de la identidad puertorriqueña? Sin duda. Pero la cultura puertorriqueña, como todas las culturas nacionales, contiene abundantes elementos incompatibles con una vida más democrática, solidaria, igualitaria y libre. Son elementos que hay que criticar, transformar y, cuando sea necesario, descartar. Hay también un machismo y un racismo puertorriqueños ¿acaso los vamos a defender porque son "nuestros"? Sería absurdo. Esos aspectos de la cultura puertorriqueña hay que combatirlos.


Tengo un hijo de seis años. Está aprendiendo a ser persona, está ingresando en la cultura humana. La idea de explicarle la mecánica y dinámica de esta tradición me basta para darme cuenta de que nada tiene de admirable o de amable que justifique mantenerla entre nuestras costumbres.


Esta actitud crítica hacia la cultura propia no es invento mío, ni de Lenin: fue la posición de Hostos, de Matienzo, Rafael López Landrón, Rubén del Rosario, Jesús Colón, Bernardo Vega, de Nilita Vientós, entre otras figuras anticoloniales en Puerto Rico.


Ya escucho a algún amigo o amiga que, a la vez que apunta a los huesos de los chicharrones de pollo que me comí de almuerzo, denuncia mi hipocresía al criticar las peleas de gallos. Pero esto es totalmente beside the point, como decía el prócer. En todo caso, demuestra que yo soy inconsecuente en cuanto al tema del trato de los animales, no la bondad de las peleas de gallos. En otras palabras, es un argumento a favor de que deje de comer pollo, no a favor de las peleas de gallos.


¿Debemos entonces exigir que el Congreso no prohíba las peleas para entonces poder prohibirlas nosotras y nosotros en Puerto Rico? Tampoco. La prohibición o ilegalización se justifica en ciertos casos, pero no siempre es la mejor manera eliminar prácticas nocivas o dañinas. Tómese el ejemplo del tabaco. Hay que desincentivar su consumo, pero poco se sacaría con ilegalizarlo. La cura resultaría peor que la enfermedad. Por lo mismo, hay que legalizar y descriminalizar el uso de otras sustancias, como parte de un acercamiento salubrista al problema de su uso problemático. Lo mismo pasa con las peleas de gallos. Ilegalizarlas las mandaría a la clandestinidad. Habría que destacar recursos para vigilarlas, para intervenirlas, para arrestar, procesar y castigar a los infractores. Sería absurdo. 


Así que no deben prohibirse. Pero no hay que aplaudirlas. Ni celebrarlas. Ni exhibirlas con orgullo patrio. Ni incentivarlas. Hay que ir eliminándolas, no como resultado de la prohibición, sino de la lucha por una cultura más humana.


En resumen: rechazamos la acción del Congreso como imposición colonial; rechazamos esa parte de la cultura puertorriqueña llamada peleas de gallos; luchamos contra el colonialismo y también por transformar nuestra cultura nacional. Algún día nos liberaremos del colonialismo y también de no pocas costumbres puertorriqueñas que merecen enterrarse. Seremos puertorriqueños y puertorriqueñas libres y también mejores seres humanos.

Notas:


[1] Ver, Lenin, "Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación" (1914) y "La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación. Tesis" (1916)


[2] Ver, Lenin, "Notas críticas sobre la cuestión nacional" (1913). Este es un escrito extraordinario que no ha recibido la atención que merece.

Rafael Bernabe es profesor de la Universidad de Puerto Rico, activista social y político, autor de libros y artículos sobre historia y literatura puertorriqueña.