Las lecciones de la derecha

Por la Junta Editoria de momento crítico



El éxito de la marcha contra la educación con perspectiva de género debe servir de aviso para que se deje atrás la subestimación de Proyecto Dignidad y lo que representa. Muchas personas progresistas, amparándose en el absurdo de sus ideas, lo siguen tomando como una ridiculez o un chiste de mal gusto. Pero Proyecto Dignidad es la versión criolla de lo que en otros países son movimientos de masas, desde Vox en el estado español a la presidencia de Bolsonaro en Brasil, entre otros. Esos movimientos hay que tomarlos con la seriedad que ameritan. Para empezar, hay que reconocer que han aprendido mucho de la izquierda, en un momento en que la izquierda en muchos aspectos ha olvidado sus propias tradiciones. Ahora Proyecto Dignidad nos enseña con su ejemplo cosas que no se debían haber olvidado.


¿Cuáles son algunos elementos del éxito de Proyecto Dignidad? Para empezar, entienden la necesidad de combinar el trabajo legislativo con la movilización y la agitación fuera de la legislatura. Vinculan muy efectivamente una con otra. Cuando se presenta un proyecto de ley que apoyan o uno que rechazan, inmediatamente activan sus simpatizantes y sectores afines para comunicarse con los legisladores para dejar saber su parecer. Para lograr esto, evidentemente valoran el trabajo de organización coordinada y centralizada, que les permite reaccionar rápida y unificadamente ante un tema. Reconocen que los partidos mayoritarios son débiles, politiqueros y corruptos y que la mayoría de sus líderes y funcionarios son oportunistas. Confían, por tanto, que un movimiento minoritario, siempre que tenga un programa claro, defienda sus ideas con energía y esté bien organizado y dispuesto a movilizarse puede tener un impacto decisivo en la política del país. Y ese éxito es lo que le permitiría convertirse más adelante en mayoría.


Solo podremos detener el avance de la derecha si aprendemos de sus éxitos. Esto, como adelantamos, es irónico, pues todo lo que hemos indicado es parte del arsenal histórico de la izquierda y, sobre todo, de la izquierda revolucionaria. Proyecto Dignidad nos está dando una lección de buen leninismo, pero puesto al servicio de la derecha.


Mientras esto ocurre, nuestras resistencias están fragmentadas. No solo están las luchas sindicales, ambientales, de las mujeres, LGBTT, etc. separadas unas de otras, sino que dentro de cada uno de esos sectores hay profundas divisiones. No existe un programa mínimo común, ni mecanismo que nos permita coordinar iniciativas. Todos nos oponemos al contrato de LUMA, pero no podemos sostener un frente amplio contra LUMA. Podríamos realizar una marcha por la equidad diez veces más grande que la realizada por la derecha. Pero, ¿quién la convoca? Y si uno la convoca, ¿vendrán los demás? No tenemos un programa mínimo compartido. Hay dos partidos electorales claramente comprometidos con una agenda progresista. ¿No deben ponerse de acuerdo para actuar conjuntamente contra esa derecha emergente? ¿No debe estrecharse el vínculo entre lo que se hace en la legislatura y la movilización en la calle?


Decir que Proyecto Dignidad tiene el apoyo de las iglesias conservadoras no es consuelo ni excusa. Las iglesias conservadoras han estado ahí hace mucho. Proyecto Dignidad ha sabido aprovechar esa base. En Puerto Rico, además de iglesias conservadores existen movimientos de todo tipo, con ideas opuestas a las de Proyecto Dignidad. Las personas activas en estos movimientos tenemos que coordinar nuestros esfuerzos y entender que necesitamos una representación política.


Sería necesaria una coordinadora de resistencias sociales y ambientales, que adopte un programa mínimo de exigencias laborales, ambientales, feministas, LGBTT capaz de impulsar las movilizaciones y de responder a la agenda de la derecha. En Puerto Rico los sectores democráticos, progresistas, feministas, activistas LGBTT, socialistas sumados son mucho más fuertes que la derecha fundamentalista. Pero están desunidos, desorganizados y descoordinados. Mientras no superemos esto, nos podremos seguir burlando todo lo que queramos de las declaraciones absurdas de las legisladoras de Proyecto Dignidad, pero su movimiento seguirá avanzando.