La Alianza en 2024: Una Derrota Luminosa
La Alianza en 2024: Una Derrota Luminosa
La Alianza de País perdió la gobernación el 5 de noviembre de 2024, y esa derrota fue, sin embargo, luminosa: Juan Dalmau Ramírez alcanzó el segundo lugar con el 30.8 % del voto, el Partido Popular Democrático cayó al tercer puesto por primera vez desde 1948, y una coalición armada apenas un año antes entre el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana dio el sorpasso a uno de los dos pilares del bipartidismo[1]. La Figura 1 pone la elección en su trecho largo: el bloque bipartidista, que concentró el 89.0 % del voto a la gobernación en 1948 y todavía el 94.9 % en 2012, cayó al 62.7 % en 2024, mientras en esa última contienda el resto de las candidaturas alcanzó el 37.3 %, su máximo histórico. Este artículo lee esa primera comparecencia electoral de la coalición con los datos certificados de la Comisión Estatal de Elecciones, y entra por su capítulo más incómodo: los 276,475 votos que separaron a Dalmau Ramírez de su compañera de coalición, Ana Irma Rivera Lassén, en la carrera por la comisaría residente[2]. Tras esa cifra hubo en algunos círculos, recriminación, y corrió en ambas direcciones (la base independentista que no habría querido cruzar hacia la candidata del MVC, o una candidatura que habría pesado como lastre sobre la papeleta nacional). Pero la recriminación es un mal punto de partida analítico. Conviene descontar de entrada lo que es aritmética de papeleta antes que conducta. El PIP llevó candidatura propia a la comisaría, la de Roberto Karlo Velázquez Correa, que recogió 60,161 votos, el 21.8 % de la brecha; de ellos, unos 52,032 los adjudicó el voto íntegro, que reparte la marca de una insignia entre todas las contiendas de la papeleta estatal sin que el elector toque la línea de abajo, de modo que la marca deliberada por esa candidatura alcanza 8,129 votos, el 2.9 % de la distancia que se quiere explicar. El resto, algo más de tres cuartas partes, se reparte entre el cruce hacia Hernández Rivera, las 55,207 papeletas que marcaron la gobernación y no la comisaría, y las demás candidaturas. El veredicto que aquí se documenta es otro: la brecha fue el efecto de una prima dinástica, un voto personal que el apellido atrajo, que operó sobre una sola de las dos filas de la papeleta estatal, y la explicación que parte únicamente o mayormente de culpables internos no sobrevive a varios escrutinios en ninguna de sus versiones.
Figura 1. Voto a la gobernación, 1948-2024: el bloque bipartidista dominante (PPD+PER hasta 1964; PPD+PNP desde 1968) frente al resto de las candidaturas. Fuente: registro histórico de electionspuertorico.org (1948-2020) y CEE, Escrutinio General (2024).
El artículo tiene, además, un segundo propósito, menos coyuntural y más duradero. Al mostrar el hallazgo, quiero mostrar también el taller: con qué datos se construye, con qué programas se calcula y por qué ese taller, que hace veinte años exigía centro de cómputos, licencias costosas y acceso institucional privilegiado, está hoy al alcance de cualquier persona con una láptop, software libre y paciencia. La inferencia cuantitativa dejó de ser un monopolio, y las ciencias sociales puertorriqueñas, dentro y fuera de la academia, harían bien en apropiársela.
La lectura recriminatoria y su rival
Conviene fijar primero ¿qué habría debido observarse si la lectura recriminatoria fuera cierta? Si un cuarto de millón de aliancistas (por ejemplo, votantes independentistas o del PIP) hubiera desertado de la coalición en la fila de abajo, la caída debería concentrarse donde el independentismo ha sido más fuerte, o repartirse según la geografía de la desconfianza interna entre las dos culturas políticas de la coalición. La hipótesis rival dice otra cosa. Pablo José Hernández Rivera, el candidato del PPD a la comisaría, es nieto de Rafael Hernández Colón, figura dominante del partido entre los años setenta y noventa, y el apellido patricio habría funcionado como un atractor de electorados que la marca partidista del PPD por sí sola ya no alcanzaba a convocar, una tracción que operó desde afuera sobre una sola contienda.
Los flujos estimados del voto apuntan hacia ese voto personal. La reconstrucción de las transiciones entre 2020 y 2024, estimada a partir del recuerdo de voto de la encuesta de Atlas Intel (la pregunta retrospectiva por la que cada encuestado declara a quién votó en la elección anterior) y calibrada contra los totales certificados de la CEE mediante ajuste proporcional iterativo, es decir, forzando los cruces declarados a sumar el resultado real de las urnas[3], muestra que, entre quienes en 2020 votaron por el Movimiento Victoria Ciudadana y volvieron a marcar la misma contienda en 2024, la coalición conservó el ≈ 81.7 % del voto en la gobernación y apenas el ≈ 41.6 % en la comisaría; en esta última, la porción que retuvo Rivera Lassén resulta casi idéntica a la que se desvió hacia Hernández Rivera, un ≈ 40.4 %. En la fila de arriba esa base se quedó con la Alianza; en la de abajo se partió en dos mitades. La diferencia entre una candidatura y otra tiene nombre y apellido, y el apellido no es de la coalición.
Los flujos, sin embargo, son estimados de encuesta reconciliados con las urnas, y una hipótesis de este calibre merece una prueba más rigurosa. Esa prueba existe expresable en una ecuación y cuyos resultados caben en una tabla.
La ecuación
Tómense los 114 precintos con correspondencia exacta entre las geografías electorales de 2020 y 2024, y llámese Δᵢ al diferencial entre Dalmau Ramírez y Rivera Lassén en el precinto i, en puntos porcentuales; al ser una resta, Δᵢ toma valores positivos o negativos y no está acotada entre cero y uno como lo estaría una proporción, de modo que estimarla por mínimos cuadrados no fuerza límite alguno sobre la variable. En notación matricial, el modelo completo que se estima es
donde Δ es el vector 114 x 1 de diferenciales; X es la matriz de diseño cuyas columnas son la constante, el voto a Dalmau Ramírez en la gobernación de 2024 (D), medido como el porcentaje que obtuvo en cada precinto sobre el voto de esa contienda, sin referencia alguna al resultado de 2020; el voto al PPD en la gobernación de 2020 (P), el voto soberanista del plebiscito de 2024 (S, independencia más libre asociación, 41.4 % de las papeletas válidas) y el boicot plebiscitario (B, papeletas en blanco o sin opción válida, 16.2 % de las emitidas); y es el vector de coeficientes que interesa estimar. El segundo término es el que distingue este modelo de una regresión corriente: W es la matriz de vecindad que conecta cada precinto con sus cinco vecinos más próximos entre centroides, simetrizada y estandarizada por filas, de modo que cada fila suma uno, y mide cuánto se contagia el error de un precinto a los de su vecindario. La intuición es sencilla: los precintos no son islas, y lo que el modelo no explica en Río Piedras se parece a lo que no explica en Trujillo Alto, violando el supuesto de independencia sobre el que descansa la inferencia ordinaria. Cuando =0, el modelo colapsa a mínimos cuadrados ordinarios; cuando se estima junto a por máxima verosimilitud, la dependencia espacial queda absorbida por la estructura del error y los coeficientes recuperan su credibilidad.
El regresor de 2020 precisa aclaración, porque la comparación entre las geografías electorales de 2020 y 2024 no es directa: la revisión de precintos de 2022 creó cuatro precintos nuevos, segregados de otros ya existentes, y reasignó tres números hacia municipios distintos, de modo que el precinto 9 de 2020 era de Bayamón y el de 2024 es de Cataño, el 41 pasó de Mayagüez a Bayamón y el 85 de Salinas a Aguadilla. Antes de descartar esos siete precintos, el voto del Partido Popular Democrático (PPD) en 2020 se reconstruye sobre la huella territorial de 2024 por interpolación areal: la geografía de las unidades electorales de 2020 fija qué proporción del voto de cada precinto viejo cae dentro de cada precinto nuevo, y los totales certificados se reparten según esas proporciones. El procedimiento se valida internamente mismo en los 107 precintos cuya combinación de municipio y número se mantuvo inalterada, donde el valor reconstruido reproduce el valor observado con un error mediano de cero y una correlación de 0.999 (Apéndice A).
La variable principal del ejercicio es una transformación directa de 1, el coeficiente del voto a Dalmau: como el diferencial es idénticamente la resta entre las dos papeletas, la retención marginal de la comisaría (cuántos puntos retiene la candidatura de abajo por cada punto de la de arriba) es 1 - β₁. Si la brecha fuere una deserción con geografía propia, 1 debería moverse al añadir los rivales; si fuere una prima proporcional al voto aliancista, debería quedarse quieto mirare uno donde mirare.
La prueba
La tabla siguiente somete la hipótesis a cinco pruebas: la regresión bivariada (1), el careo directo con la fuerza del PPD en la elección de 2020 (2), la especificación completa con los dos controles plebiscitarios (3), el modelo de error espacial (4), estimado por máxima verosimilitud sobre la misma especificación completa, y, como prueba de robustez a la forma funcional, un logit fraccional del voto retenido en la comisaría (5), que modela la retención directamente como una proporción acotada entre cero y uno.
Tabla 1. Determinantes del diferencial gobernación−comisaría y del voto retenido en la comisaría en 2024 (N=114)
Nota: La variable dependiente es la brecha gobernación-comisaría en los modelos (1) al (4), el voto retenido en la comisaría residente en el modelo (5). El voto al PPD de 2020 se reconstruye sobre la huella de 2024 por interpolación areal. Especificaciones: Modelos (1) a (3) estiman MCO con errores robustos HC3. El modelo (4) ajusta el error espacial por máxima verosimilitud (matriz de cinco vecinos más próximos sobre centroides proyectados a EPSG:32161). El modelo (5) estima un logit fraccional ponderado por electorado, efectos marginales promedio. La retención marginal implícita corresponde a 1-1 en los modelos de brecha (1-4) y al efecto marginal directo 1 en el modelo de retención (5).
Errores estándar entre paréntesis. * p < 0.05, ** p < 0.01, *** p < 0.001. Fuente: CEE, Escrutinio General 2020 y 2024.
El voto a Dalmau basta, por sí solo, para explicar casi toda la variación del diferencial entre precintos, pues da cuenta del 95.1 % de ella en la especificación bivariada, y su coeficiente positivo admite una lectura precisa: cada punto que la gobernación sumó en un precinto amplió la brecha en cerca de 0.6 puntos, de modo que la comisaría retuvo apenas la fracción restante de cada punto nuevo. La coalición de Dalmau Ramírez crecía con electorados nuevos, atraídos a otra manera de hacer política, que no lo siguieron enteros hacia Rivera Lassén, mientras el apellido Hernández ejercía su tracción en la fila de la comisaría. Ese patrón resiste todos los controles. La fuerza histórica del Partido Popular Democrático en 2020 pierde toda significancia una vez que el voto aliancista comparte la ecuación (0.029, con error estándar de 0.027), lo que descarta que la brecha sea el regreso de electores populares a su partido: si siguiera el mapa territorial del PPD, los precintos de raíz popular exhibirían brechas mayores, y una vez se controla por el voto aliancista, este efecto desaparece. Tampoco la geografía de la preferencia soberanista ni la del boicot plebiscitario aportan poder explicativo, de manera que la brecha no responde al estatus ni al voto de protesta, y el coeficiente del voto a Dalmau no se altera ante ninguno de estos controles.
La dependencia espacial que los residuos de los modelos ordinarios revelan, con una I de Moran de 0.40 entre precintos, tampoco modifica el cuadro. Al absorberla con un modelo de error espacial [4], el ajuste mejora de forma apreciable, con una caída del AIC de 356 a 309, mientras el coeficiente del voto a Dalmau apenas se desplaza, de 0.622 a 0.668. Lo que interesa no es ese coeficiente en sí, sino la retención marginal que de él se deriva, esto es, cuántos puntos de la comisaría acompañan a cada punto de la gobernación. Los modelos de la brecha la estiman como el complemento 1 - β₁; el logit fraccional, que toma directamente el voto retenido por Rivera Lassén y lo trata como la proporción acotada que es, la estima directamente. Ambas vías coinciden, en 0.332 la del modelo espacial y en 0.356 la del fraccional. El hecho de que distintas aproximaciones metodológicas (una resta no acotada, un modelo de error espacial y una proporción acotada), las cuales no comparten supuestos, sitúen la retención en la misma banda estrecha, entre 0.33 y 0.41 puntos de comisaría por cada punto de gobernación, es la prueba más exigente que el hallazgo supera, porque ninguna de las tres impone ese valor y las tres lo derivan empíricamente de los datos observados (Apéndice A). La brecha, en definitiva, acompaña al voto aliancista dondequiera que aumentara, con independencia de la historia popular, del estatus y de la protesta, lo cual constituye la huella de una prima proporcional, y no la de una deserción con culpables localizables.
Modelar la retención como una proporción acotada (en lugar de una sencilla resta) revela un patrón adicional que no debe pasarse por alto: Rivera Lassén retuvo menos votos donde el PPD conserva raíz territorial, y más en aquellas zonas con fuerza soberanista. Ambas direcciones apuntan al mismo sitio, pues una prima que descanse en un apellido de la cultura política popular debe ejercer su tracción ahí y no en otra parte. Cabe advertir que el hallazgo surge en el modelo ponderado por electorado y se atenúa en los no ponderados, por lo que conviene leerlo como indicio antes que como prueba concluyente.
Que la prima operara sobre una sola de las dos filas se puede observar directamente, sin necesidad de inferirlo del coeficiente. Hernández Rivera superó el desempeño de su propio candidato a la gobernación, Jesús Manuel Ortiz González, en veinte puntos por precinto; la fila homóloga del PNP se comportó al revés, con William Villafañe Ramos cuatro puntos por debajo de González Colón, el desgaste ordinario de la inferior. La sobreejecución del popular y la brecha aliancista covarían con r = 0.92 entre los 114 precintos: allí donde la Alianza más se separó de su fila de abajo, el apellido Hernández más se despegó de su compañero de papeleta. Es la misma contienda vista desde las dos filas de la papeleta, y solo en una de ellas, la del PPD, la candidatura desafió la gravedad en vez de sufrirla (Apéndice B).
Esta prima, con todo, no operó en el vacío, y la interpretación exige su matiz histórico. El apellido Hernández Colón evoca la memoria del Estado Libre Asociado en mejores tiempos y con ello cierto conservadurismo anclado en el esquema fundacional de 1948-1952 que rigió al país durante la Guerra Fría y la Pax Americana, y convoca en particular a su ala más conservadora, la que entendió el ELA como pacto bilateral y no como territorio colonial. Ese mundo venía chocando con la realidad desde la eliminación de la Sección 936 y el declive económico subsiguiente, y recibió en 2016 la estocada doble: la decisión de Sánchez Valle, donde el Supremo federal le negó al ELA fuente propia de soberanía, y PROMESA, aprobada bipartitamente en el Congreso federal, que impuso sobre la arquitectura constitucional una Junta con poderes presupuestarios omnímodos. Mientras la Junta imponía y el gobierno administraba la austeridad, el gasto tributario (lo que el fisco deja de recaudar por créditos, exenciones y tasas preferenciales) escalaba hasta superar los 30,000 millones de dólares anuales, con la sola Ley 22 proyectando más de 18,000 millones en recaudos cedidos entre 2024 y 2030 [5]. El voto que ese nombre concentró en la comisaría es, en esa clave, un voto de restauración simbólica: la fila de arriba acababa de clausurar ese mundo, y la de abajo ofreció, por un apellido, la ilusión de su regreso.
El territorio
Figura 2. Giro bivariado AdP × PNP por barrio civil entre 2020 y 2024, clasificado por terciles independientes. Violeta: barrios de realineamiento neto hacia la coalición; azul marino: barrios de avance novoprogresista; gris claro: barrios donde ninguna de las dos fuerzas avanzó de forma apreciable. Fuente: CEE 2020 y 2024; TIGER/Line 2022.
La Figura 2 sitúa la brecha en su contexto territorial. Cada barrio civil del archipiélago (sobre novecientas subdivisiones censales) está clasificado por el cruce de dos cambios entre 2020 y 2024: el del voto a la Alianza y el del voto al PNP, cada uno partido en terciles. El violeta marca los barrios donde la coalición avanzó más de lo que avanzó el oficialismo, concentrados en el cinturón metropolitano y de sectores profesionales. El azul marino marca el alza novoprogresista (poco más de ocho puntos en el agregado de la gobernación, de 33.2 % a 41.3 % del voto por candidatura, excluida la nominación directa), que llevó a la entonces comisionada residente, Jenniffer A. González Colón, por encima del desempeño de 2020 de Pedro R. Pierluisi Urrutia, el predecesor al que derrotó en primarias. El gris claro marca los barrios donde ninguna de las dos fuerzas ganó terreno apreciable. Las dos geografías dominantes conviven en el mismo país, y el giro aliancista más fuerte resulta ser geográficamente concentrado en centros urbanos (San Juan, Caguas, Mayagüez) y en municipios aledaños a la capital o en corredores que sirven de dormitorio en el área metropolitana (Gurabo, Guaynabo), antes que general. La geografía de esa tracción, con todo, no se lee en este mapa, que retrata la contienda de gobernación, sino en la tabla anterior: el rezago en la comisaría no ocurrió donde la Alianza era débil ni donde el PPD fue fuerte; los restó en estricta proporción a lo que sumaba la gobernación, dondequiera que esta creciere. El mapa aporta el contexto; la ecuación, la prueba.
El taller abierto
Hasta aquí el hallazgo; lo que sigue es el inventario del taller que lo produjo. Detallarlo tiene sentido político además de metodológico: cada eslabón de la cadena que va del dato crudo a la tabla de regresión descansa hoy sobre infraestructura pública y gratuita, y saberlo cambia la relación de fuerzas entre quien produce cifras y quien solo puede creerlas o negarlas sin más.
Los datos electorales provienen del Escrutinio General certificado de la CEE. Para trabajarlos a la escala que este análisis requiere hubo que extraerlos de la publicación oficial colegio por colegio (7,845 colegios de votación en 2024 y 6,437 en 2020, que con las actas de unidad y de precinto suman 10,051 documentos extraídos automatizadamente en 2024 y 8,401 en 2020) y consolidarlos en formatos columnares abiertos, mediante el paquete arrow, que permite leer millones de filas en segundos en una computadora ordinaria. Las geografías electorales de 2020 y 2024 no coinciden (hubo redistribución de unidades entre ciclos), de modo que la comparación exigió construir una tabla de correspondencia entre ambas, validada unidad por unidad contra los documentos de conversión de la propia Comisión. Ese trabajo de fontanería, invisible en la tabla final, es la mitad del oficio, y quien omitiere validarlo heredará sesgos a los que ninguna regresión posterior será capaz de sobreponerse.
La capa demográfica llega por otra vía: la Encuesta de la Comunidad de Puerto Rico (PRCS, la versión isleña de la encuesta continua del Censo federal) se descarga de forma reproducible con el paquete tidycensus, que se conecta directamente con la interfaz pública del Censo mediante una llave gratuita, y la cartografía oficial TIGER/Line con su paquete hermano tigris. La geometría se manipula con sf, que trata cada mapa como una tabla con una columna de polígonos, permitiendo unir votos, demografía y territorio con las mismas operaciones con que se une cualquier par de tablas. Donde las unidades de origen y destino no se solapan con exactitud (las unidades electorales de la CEE no respetan los límites de los barrios censales), el paquete areal interpola los conteos mediante ponderación por área compartida, y la figura de giro se compone con biscale y ggplot2, clasificando cada barrio en la rejilla de terciles y pintándola con la paleta de colores que uno defina. La econometría espacial corre sobre spdep y spatialreg, que construyen la matriz W y estiman por máxima verosimilitud el modelo de error; la tabla de resultados sale de modelsummary con los errores robustos ya calculados. Todo lo anterior ocurre dentro de R, un lenguaje y programa de computación estadística libre y gratuito, y cada paso queda escrito en scripts que documentan la cadena completa, desde el dato crudo hasta la figura publicada [6].
El inventario anterior no es una receta de replicación, y no pretende que cada lector corra estos modelos; pretende algo previo: mostrar que la distancia entre la pregunta política y la respuesta empírica se ha acortado como nunca antes en la historia de las ciencias sociales. La secuencia completa de este artículo (raspar un escrutinio, cruzarlo con el Censo, dibujar un mapa bivariado, estimar un modelo espacial) habría requerido, hace dos décadas, acceso a un centro de cómputos universitario, licencias de programas propietarios que costaban miles de dólares y meses de digitación manual. Hoy requiere una láptop, una conexión a internet y la voluntad (y paciencia) de aprender un lenguaje cuya documentación, cursos y comunidades de ayuda son públicos. La advertencia clásica de Robinson sigue en pie: una correlación entre agregados territoriales no autoriza, por sí sola, conclusiones sobre los individuos que los componen[7], de modo que el análisis ecológico describe geografías del comportamiento y no conductas particulares, y sus estimados (el signo ≈ de los flujos lo recuerda) son eso, estimados con supuestos declarados. Pero esa disciplina de límites es aprendible, igual que las herramientas, y el efecto agregado de ambas es una democratización real de la inferencia: los sindicatos, las organizaciones comunitarias, el periodismo independiente y la militancia política pueden hoy auditar con datos públicos las afirmaciones que antes había que aceptar por autoridad. En un país donde el poder ha administrado la información con la misma discrecionalidad con que administra todo lo demás, la capacidad distribuida de verificar es una forma de contrapoder, y regalarla por desidia sería un lujo que las izquierdas no deberían permitirse.
Lo que la brecha enseña
Queda la lección política, que es la razón de todo el aparato. Si la brecha de la comisaría hubiera sido una deserción coalicional, la tarea de 2028 sería disciplinar bases y repartir reproches; como fue una prima dinástica proporcional al voto aliancista, la tarea es otra y más honda. El cuarto de millón de votos lo concentró un apellido que ofreció, en una sola contienda, la restauración simbólica de un mundo político que la fila de gobernación acababa de clausurar. Un voto que se apoya en candidaturas, sea la de Dalmau Ramírez arriba o la del heredero de la dinastía ponceña, Hernández Rivera, abajo, es un voto que todavía no se ha vuelto estructura, y la fuerza que aspire a heredar el realineamiento del 2024 tendrá que convertir en estructura duradera lo que hoy es lealtad a unas personas. La diferencia importa porque el voto que sigue a un nombre se va con ese nombre: no se hereda, no se transfiere y no sobrevive a una retirada. El voto que sigue a una organización, en cambio, se queda cuando la candidatura cambia, y eso es lo único que permite planificar más allá de un ciclo. Nada garantiza esa conversión, y hacerla es la tarea. Esa conversión y sus arquitecturas posibles exceden el propósito de este artículo, pero su reloj ya corre: el 31 de agosto de 2027 vence la inscripción de partidos por petición. Lo que este análisis deja establecido es el diagnóstico: la prima se puede medir, y hacerlo está al alcance de cualquiera que decida aprenderlo.
Apéndice A. La retención bajo forma funcional acotada
La columna (5) de la tabla anterior se lee mejor de cerca. La retención se puede estimar sin pasar por la brecha, tomando como variable dependiente el voto retenido en la comisaría por Rivera Lassén, una proporción entre cero y uno, con un logit fraccional (Papke y Wooldridge, 1996) ponderado por el electorado. El modelo expresa la retención en momios, es decir, en la razón entre la probabilidad de que la papeleta se retuviera y la de que no, pero sus coeficientes se traducen aquí a efectos marginales promedio, en puntos de comisaría por cada punto de gobernación, para que sean directamente comparables con los de los modelos lineales y no como razones de momios. La figura recoge esos efectos: el del voto a Dalmau, 0.356 puntos, es la retención marginal, y concuerda con el 1 - β₁ = 0.332 del modelo de error espacial. Los controles pesan mucho menos que el voto a Dalmau, con una salvedad que juega a favor de la lectura: el coeficiente del PPD de 2020 es negativo y significativo, esto es, Rivera Lassén retuvo menos donde el PPD conserva raíz territorial, que es justo lo que predice una prima del apellido, más fuerte en la cultura política del PPD. El coeficiente del voto soberanista, positivo y significativo, dice lo mismo desde el otro lado: Rivera Lassén retuvo más donde el soberanismo es fuerte. Esas significancias aparecen en el logit fraccional, ponderado por el electorado, y se diluyen en los modelos de la brecha sin ponderar, de modo que descansan en parte en el peso de los precintos grandes; conviene leerlas como indicio, no como prueba. Que tres formas funcionales distintas (una resta no acotada, un error espacial y una proporción acotada) converjan en la misma retención es una prueba más exigente por la que pasa el hallazgo.
Figura A1. Efectos marginales promedio del logit fraccional del voto retenido en la comisaría por Rivera Lassén. La variable dependiente es la proporción del voto retenido, no la brecha, y está ponderada por el electorado de la contienda; los intervalos son de confianza del 95 % por método delta. El efecto del voto a Dalmau (0.356 puntos por punto) es la retención marginal; los controles pesan mucho menos, y el del PPD de 2020 es negativo (Rivera Lassén retuvo menos donde el popular conserva raíz). Fuente: CEE, Escrutinio General 2020 y 2024; n = 114 precintos.
El hallazgo tampoco depende de cómo se modele la dependencia espacial. Estimar el error espacial directamente sobre la retención, y no sobre la brecha, reproduce la columna (4) sin cambio alguno, con la misma λ de 0.771 y la misma retención de 0.332, porque la retención es el complemento aritmético de la brecha y regresar cualquiera de las dos sobre el voto a Dalmau conduce al mismo error espacial; una columna adicional de esa clase repetiría la (4) con la variable dependiente volteada, sin información nueva. Corregir, por su parte, la inferencia del logit fraccional por agrupación espacial deja su intervalo prácticamente intacto, con la retención en 0.356 y un intervalo de confianza del 95 % entre 0.30 y 0.42. La retención resiste el cambio de forma funcional y el de estructura espacial por igual, y esa doble invariancia es la razón por la cual cinco especificaciones bastan.
Dos comprobaciones adicionales. El control por el voto a Proyecto Dignidad, la cuarta fuerza de la papeleta, no altera el cuadro: su coeficiente no alcanza significancia, cambia de signo entre el modelo ordinario y el espacial, y empeora el ajuste de este último, mientras el coeficiente del voto a Dalmau se desplaza una centésima. Acreditar a la coalición la línea entera del PIP, contabilidad más favorable que la aquí empleada, deja el hallazgo en pie, con el coeficiente del voto a Dalmau entre 0.49 y 0.58 y su correlación con la sobreejecución del Partido Popular subiendo a 0.95, si bien bajo esa contabilidad la fuerza popular de 2020 alcanza significancia con un coeficiente seis veces menor que el de Dalmau.
La reconstrucción del voto de 2020. La revisión de precintos de 2022 creó cuatro precintos nuevos, segregados de otros ya existentes, y recicló tres números hacia municipios distintos: el precinto 9 era de Bayamón y pasó a Cataño, el 41 de Mayagüez a Bayamón y el 85 de Salinas a Aguadilla, de manera que siete de los 114 precintos de 2024 carecen de contraparte nominal en 2020. Antes que descartarlos, el voto al Partido Popular de ese año se reconstruye sobre la huella territorial de 2024 por interpolación areal: la geografía de las 1,365 unidades electorales de 2020 fija qué proporción del voto de cada precinto viejo cae dentro de cada precinto nuevo, y los totales certificados se reparten según esas proporciones, con las geometrías proyectadas a EPSG:32161 para que las áreas se midan en metros. Los pesos se construyen con la geografía de las unidades y se aplican a los totales de precinto, que incluyen el voto adelantado y ausente; el supuesto es que esa modalidad se distribuye por el territorio del precinto como lo hace el voto presencial. De los 110 precintos de 2020, 108 se reparten entre dos o más precintos de 2024, y el procedimiento redistribuye el 100 % del voto certificado de ese año.
La validación es directa: en los 107 precintos cuyo par de municipio y número no cambió, donde el dato observado existe, el valor reconstruido debe reproducirlo. Lo hace con un error mediano de cero, un error absoluto medio de 0.08 puntos porcentuales y una correlación de 0.999; el 94 % de los precintos queda dentro de medio punto. Los mayores desvíos, de hasta 1.4 puntos en Manatí y Bayamón, corresponden a precintos cuyos linderos cambiaron de veras, que es justo lo que el procedimiento debe capturar. Estimados los mismos modelos sobre los 107 precintos y con el voto de 2020 sin reconstruir, el coeficiente del voto a Dalmau se desplaza tres milésimas.
Apéndice B. La prueba espejo: las dos filas de la papeleta
Si la prima del apellido fuese real, Hernández Rivera debió ubicarse por encima de su propio compañero de papeleta precisamente donde la brecha aliancista es mayor. Esa ventaja, el voto de Hernández Rivera a la comisaría menos el de Ortiz González a la gobernación en cada precinto, es una variable observable, construida con los mismos datos certificados, y su contraste con la merma normal de la fila de abajo separa la prima de sus dos rivales: el desgaste genérico que sufre toda candidatura de abajo y una eventual debilidad propia de Rivera Lassén.
Tabla B1. Diferencial abajo−arriba por precinto en los tres pares de candidaturas homólogas, promedio sobre los 114 precintos de 2024. Fuente: CEE, Escrutinio General 2024
De aquí se desprenden tres hechos. Primero, existe una línea base de desgaste y la brecha aliancista la quintuplica: el PNP obedece a cierto efecto gravitatorio de la papeleta, con Villafañe cuatro puntos por debajo de González Colón, mientras la brecha aliancista, de veinte, es de otro orden. Segundo, la fila del PPD invierte el signo, y ese es el fondo del asunto: Hernández corrió veinte puntos por encima de Ortiz, y en los precintos más aliancistas de San Juan, Caguas y Trujillo Alto, donde Ortiz queda entre el 12.8 y el 18.9 %, Hernández se sostiene entre el 38.2 y el 48.5 %, un candidato de abajo desligado por completo del desempeño de su propia marca en la fila de arriba. Tercero, las dos filas son la misma contienda vista al espejo: la sobreejecución del popular y la brecha aliancista se mueven juntas, con r = 0.92, y al estimar la regresión de esa magnitud sobre los mismos cuatro regresores del modelo, el voto a Dalmau absorbe casi toda la varianza, mientras la fuerza del PPD de 2020 y la preferencia soberanista no resultan significativas, exactamente el patrón de la brecha. El desgaste común queda descartado por el signo, porque Hernández gana donde la gravedad haría perder; la debilidad de candidatura queda subordinada, porque el voto que Rivera Lassén no retuvo no se dispersó entre la abstención y los rivales, se concentró en Hernández con precisión espacial.
Figura B1. La prueba espejo. Panel (a): diferencial abajo−arriba por precinto en función del voto a Dalmau; la fila del PPD (Hernández − Ortiz) corre por encima de cero, la del PNP (Villafañe − González) por debajo. Panel (b): la sobreejecución del PPD frente a la brecha aliancista, r = 0.92. Fuente: CEE, Escrutinio General 2024; 114 precintos de 2024.
Los agregados de esta sección se calculan como promedios sobre los 114 precintos de 2024, no sobre el país; los totales nacionales siguen siendo los del cuerpo, 392,185 y 115,710. Como el resto del artículo, la prueba espejo es análisis ecológico: describe la geografía de las dos filas de la papeleta, no la conducta de votantes individuales, y la advertencia de Robinson la acompaña igual.
Notas
[1] Comisión Estatal de Elecciones de Puerto Rico, Escrutinio General 2024; las cifras de 2020 provienen del escrutinio de ese ciclo. Los porcentajes del cuerpo se calculan sobre el total de votos por candidatura, de partido o independiente, excluida la nominación directa (Art. 8.007 del Código Electoral), tal como los computa el Escrutinio General certificado; la base en la gobernación es de 1,284,630 votos en 2020 y de 1,274,745 en 2024.
[2] La brecha se deriva de los conteos certificados: 392,185 votos de Dalmau Ramírez en la fila de gobernación menos 115,710 de Rivera Lassén en la de comisaría = 276,475, y mide la distancia entre dos filas de la papeleta. El voto íntegro del Partido Independentista en la papeleta estatal fue de 52,032, contra los 60,161 votos de su candidatura a la comisaría; la diferencia, 8,129, es la marca deliberada por esa línea. La contienda de comisaría reunió 1,219,538 votos por candidatura frente a 1,274,745 en la gobernación. Todos los conteos citados sin el signo ≈ son certificados, no estimados.
[3] Atlas Intel, encuesta preelectoral, n = 4,914, 1 al 4 de noviembre de 2024. El ajuste proporcional iterativo (IPF) es el procedimiento clásico de W. E. Deming y F. F. Stephan, «On a least squares adjustment of a sampled frequency table when the expected marginal totals are known», Annals of Mathematical Statistics 11 (1940). El método corrige los márgenes de la matriz declarada, no su interior: absorbe el sesgo direccional agregado de la encuesta, pero conserva la estructura de asociación declarada, con los límites que ello implica. La calibración usa la partición certificada del registro electoral por códigos de estatus (A1: 1,269,736 electores hábiles que votaron en 2020; A2: 531,502 retenidos en listas por el mandato de Colón-Marrero v. García-Vélez sin haber votado; A3 a A7: 186,079 ingresos nuevos), sobre un universo de 1,987,317 electores hábiles. Las cuotas citadas se calculan sobre quienes volvieron a marcar la contienda, no sobre el bloque de origen completo; medidas así resultan estables ante el universo escogido, pues bajo el registro regular de 1,455,815 electores Rivera Lassén retiene un 42.5 % y Hernández Rivera un 40.3 %.
[4] La elección del modelo de error, y no de rezago, no es de conveniencia: los multiplicadores de Lagrange la prefieren de forma inequívoca, con el estadístico de error superando al de rezago por varios órdenes de magnitud y su versión robusta confirmándolo. Un modelo de rezago puro ajusta peor que el ordinario, y uno que combina rezago y error anula su componente de rezago. La conclusión es insensible a la vecindad: la retención se mantiene estable para k entre cuatro y ocho vecinos más próximos.
[5] Departamento de Hacienda, Informe de Gastos Tributarios de Puerto Rico 2025 (diciembre de 2024): la partida correspondiente a la Ley 22-2012 (traslado de inversionistas individuales) proyecta entre 2,500 y 2,777 millones de dólares anuales en recaudos cedidos entre 2024 y 2030, unos 18,480 millones acumulados. La serie del gasto tributario total (de 22,300 millones en 2018 a más de 30,000 en 2025, frente a un presupuesto consolidado de 33,300) proviene de Espacios Abiertos, «El costo de créditos contributivos y exenciones debe ser parte de la discusión de presupuesto» (junio de 2026), elaborada sobre los mismos informes de Hacienda.
[6] R Core Team, R: A Language and Environment for Statistical Computing (Viena: R Foundation for Statistical Computing). Los paquetes citados: arrow (lectura columnar), dplyr y tidyr (manipulación), sf (geometrías), tidycensus y tigris (Censo y cartografía federal), areal (interpolación areal), biscale y ggplot2 (cartografía temática), spdep y spatialreg (econometría espacial), modelsummary (tablas). Todos son de código abierto y gratuitos.
[7] W. S. Robinson, «Ecological correlations and the behavior of individuals», American Sociological Review 15 (1950).

