Del sindicato a la clase obrera: Resistencias del verano combativo 2019

Por Ángel Rodríguez Rivera



“El perreo intenso acaba de comenzar”

-Jorge Rivera Nieves


Resistencia del verano combativo


En el verano de 2019, específicamente en el mes de julio, ocurrió en Puerto Rico un hecho sin precedentes en la historia de nuestro país. El pueblo de Puerto Rico se lanzó a las calles exigiendo la renuncia de un dirigente político. No exigió la renuncia de cualquier dirigente. El país, casi en unanimidad, exigió a través de acciones de movilización militante la renuncia del gobernador de Puerto Rico. Miles de personas marcharon, piquetearon, cantaron, bailaron, cacerolearon, gritaron, recibieron gas pimienta, gases lacrimógenos, golpes de la fuerza policiaca del estado y amenazas de movilización de la guardia nacional, mientras exigían la salida del primer ejecutivo de Puerto Rico.


En un corto período de tiempo se dieron en Puerto Rico las manifestaciones políticas más grandes de nuestra historia. En el recuerdo quedaron las marchas de Vieques, de los Gobernadores, de la colonia y los primeros de mayo combativos de los últimos 5 años. En el ejercicio de la militancia popular se estableció un nuevo sheriff del pueblo. Las manifestaciones de “Ricky, renuncia” se convirtieron en el nuevo parámetro para medir la masividad de las manifestaciones populares.


El resultado de la militancia fue claro y efectivo. Ricardo Rosselló renunció. No tenía otra alternativa. El pueblo de Puerto Rico no le permitió otra alternativa. Renunciaba o la desestabilización cotidiana en el país nunca terminaría. En esa batalla de fuerzas políticas, el pueblo venció.


Sin embargo, y a pesar de lo que mucha gente quiere pensar, ese proceso no fue espontáneo. El verano combativo fue un sopón de lucha popular que se venía cocinando a fuego lento hace tiempo. Puerto Rico lleva más de 10 años en una gran depresión económica. Los niveles de la deuda llegaron a un punto insospechado. La desigualdad económica es de las más altas en todo el hemisferio. El gobierno lleva todos estos años perdiendo legitimidad y capacidad para gobernar un país en estado de crisis constante.


En un intento para salvaguardar los intereses económicos del capital financiero, el gobierno de los Estados Unidos aprueba en julio de 2016 la Ley PROMESA e impone la Junta de Control Fiscal (JCF). El advenimiento de la JCF implicó en la isla el establecimiento de políticas de austeridad que precarizaron aún más a una población que ya estaba en precariedad.Estas políticas de austeridad quitaron derechos a los trabajadores, limitaron ayudas a sectores más vulnerables del país y reestructuraron las visiones sobre dónde se debe invertir el erario.


Mientras tanto, el gobierno de Ricardo Rosselló le sirvió de parapeto a la junta. Decía por un lado que se oponían a las decisiones y recomendaciones, y por el otro seguían las directrices como buenos lacayos. En términos prácticos, y citando a Johnny Méndez, presidente de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, el gobierno de Rosselló y la JCF tenían un “juego de pícher y cátcher” con el proceso económico y político de Puerto Rico.


Ese juego de tenis de mesa entre la JCF y el gobierno de Rosselló sirvió para subir de fuego lento a mediano el asopao de la militancia en Puerto Rico. El desencanto, la indignación y el desenmascaramiento de los líderes era cada vez más latente. Mientras las altas esferas de la política seguían reclamando triunfos, el pueblo seguía adobando la lucha social.


Este proceso siguió a fuego mediano hasta junio del 2019. En ese momento se produjeron una serie de arrestos por corrupción. El gobierno que se había cantado como gran defensor del pueblo de Puerto Rico quedó desenmascarado como una serie de pillos. La temperatura subió múltiples grados con esos arrestos. Lo que los/as estudiantes universitarios/as habían dicho en su proceso de huelga de 2017 comenzó a retumbar en el país. No eran cosas de los pelús de la universidad; este gobierno está, en efecto, lleno de corrupción. Mientras los vulnerables sufren, los poderosos se siguen lucrando.


El asopao estaba listo para comer una semana después de los arrestos. Cuando sale a relucir el chat de los blanquitos de Fortaleza, el país se enteró de nuevas realidades. Estos “defensores” del pueblo se dejaron ver como homofóbicos, racistas, misóginos, inmaduros, insensibles. Esto sirvió como agente catalítico. Lo que se estaba preparando en cocinas desconocidas se convirtió en un comedor social. Todo el mundo tuvo acceso a la información. Todo el mundo se indignó. Todo el mundo se ofendió. Todo el mundo salió a la calle.


Lo que comenzó el primer día luego de salir el chat con una manifestación pequeña de unos sectores sociales específicos siguió creciendo de manera acelerada. A la calle salió la comunidad LGBTTIQ+. Gritaron su indignación porque el chat les ofendía. Más importante aún, exigieron la renuncia porque llevan años sufriendo embates de una heteronormatividad opresora que les mantiene en el margen de los procesos políticos y sociales de maneras muy particulares.


A la calle se lanzaron las mujeres. Se indignaron porque el chat refleja las bases de una cultura patriarcal que las somete a la violencia física, económica, política y social que debe ser impermisible. Se tiraron a la calle y exigieron la renuncia, ligada al establecimiento de una declaración de emergencia por violencia de género en Puerto Rico que todavía hoy no se ha declarado.


A la calle se tiraron los sindicatos. En un ejercicio de solidaridad pocas veces visto en la historia reciente de Puerto Rico, los sindicatos estuvieron codo a codo con el resto de los sectores sociales subalternos del país. Además de exigir la renuncia de Rosselló, exigimos la derogación de las políticas antiobreras establecidas por su administración. Los sindicatos del país gritamos que la reforma laboral es nociva para nuestros intereses y para los intereses del resto de la subalternidad puertorriqueña.


Tan importante como los tres sectores que acabo de mencionar son los/as jóvenes. Miles de jóvenes llevaron la voz cantante en el proceso de militancia. Ellos/as fueron la fuerza de choque de la resistencia. Pelearon, guapearon, no se dejaron intimidar cuando el ejercicio de la represión fue más fuerte. Cuando el gobierno y su policía empujaba, nuestros jóvenes empujaban con más convicción.


La diversidad de la protesta en tiempos de crisis


Cabe preguntarse, ¿qué particularidad tiene este proceso? ¿Qué condiciones históricas se conjugan para que se diera este proceso? Veamos. A partir de los años ‘90, Puerto Rico ha estado viviendo un proceso de reestructuración del régimen de acumulación capitalista. Luego de la entrada en crisis a nivel mundial del modelo de acumulación fordista ligado al estado benefactor, el proceso de aceleración del capital financiero especulativo ha tomado preponderancia. Este proceso ha redundado en la flexibilización de la producción, reducción de la fuerza de trabajo y la diversificación de la explotación capitalista. Este nuevo régimen de acumulación de capital tiene como elemento fundamental el desarrollo de la tecnología en la producción. El proceso de desplazamiento acelerado de mano de obra. Los márgenes se incrementaron y dejaron de ser transitorios. Lo que era un “ejército de reserva” se convierte en la norma constante Como en otras partes del mundo, en Puerto Rico una gran parte de la población quedó separada de manera permanente de la producción y el consumo estandarizado. Ahora vivimos en el tiempo de los márgenes magnificados y permanentes.


Esta lucha de clases reconceptualizada, que busca el establecimiento de un nuevo contrato social, ha estado marcada por un desbalance de fuerzas a favor de los sectores de la derecha capitalista. Las clases subalternas, sometidas a la explotación e invisibilización se han dedicado durante décadas a defender derechos adquiridos en el previo régimen de acumulación capitalista. Derechos laborales, derechos educativos, entre otros, han sido atacados con fuerza desde una derecha envalentonada y empoderada por sus recientes victorias.


El verano de 2019 significa un nuevo capítulo en esa lucha de clases. Por primera vez en mucho tiempo, la subalternidad en Puerto Rico está a la ofensiva. Los márgenes magnificados pero invisibles se apropiaron de la palestra pública. Esta clase obrera redefinida desde la nueva acumulación capitalista encontró una coyuntura en donde pudo respirar. Ese aire cambia el espectro político del país.


El proceso se da desde la diversidad, porque el capitalismo como relación social ya no se nutre de la estandarización y la homogeneidad. Su proceso de acumulación se monta sobre la posibilidad flexible y diversa de explotación y enriquecimiento. La resistencia también se da desde esos términos. La diversidad se visibiliza y asume posiciones de resistencia. Las clases trabajadoras y subalternas se visten de identidades múltiples. El capitalismo explota de manera diferente y distintiva a diferentes sectores. La resistencia se da de la misma manera.


El rol de los sindicatos en el verano 2019


Los sindicatos somos otro sector más en ese procesos de resistencia. Nos integramos porque somos parte del pueblo trabajador y subalterno. Nos insertamos en la lucha porque también sufrimos los embates del régimen neoliberal. Las características inherentes a nuestras organizaciones nos permitieron aportar cosas muy específicas al procesos del verano de 2019. Tenemos organización. Tenemos experiencia. Tenemos recursos organizativos. Tenemos la capacidad de trabajar con la logística de las actividades. Todo eso se puso de manifiesto en el proceso de lucha.


Sin embargo, enfrentamos retos interesantes. El crecimiento de los márgenes económicos y la reducción absoluta y relativa de la fuerza activa en el mundo del trabajo implica que nuestras matrículas serán cada vez más reducidas. Si nuestra meta es el trabajo sindical estrictamente, nos seguimos alejando del resto de la clase trabajadora de Puerto Rico. Inevitablemente dejaremos de ser movimiento para reducirnos a grupos sindicales. Si, por el contrario, nos insertamos como parte del pueblo trabajador (activo o no) y vemos los intereses de la diversidad de sectores sociales que sufren la explotación capitalista como nuestros intereses, regresaremos a ser movimiento. En ese sentido, es necesario dejar de ser sindicatos para ser clase trabajadora.