Vivir a base de propina: su historia colonial y la experiencia en Puerto Rico

Por Verónika M. Banuchi Ponce y Randiel J. Negrón Torres

[Este texto, preparado para momento crítico, es una edición de ponencias y escritos de la primavera de 2022]


En el pasado mes de octubre de 2021, Justicia Salarial surgió como una iniciativa para acabar con el sub-salario de las personas que trabajan a base de propinas. Con tal propósito, nos juntamos personas que trabajan a base de propinas con profesionales y personas de la academia que han estudiado de cerca este tema. Organizamos a meseras, bartenders, runners, profesores de economía, abogadas, psicólogas y profesores de investigación. Analizamos los resultados positivos de eliminar este sub-salario en diferentes aspectos de las relaciones de trabajo y se establecieron estrechas relaciones con organizaciones en Puerto Rico y Estados Unidos dirigidas a lograr el mismo objetivo como uniones de trabajadoras en la industria y organizaciones político-partidistas.


Breve trasfondo histórico de la propina


Antes de la Guerra Civil en Estados Unidos, las personas que trabajaban como meseras y bartenders solían ser las propias personas dueñas de los establecimientos. No existía la concepción de una clase de sirvientes para estas personas [1]. Entrada en la época de la Emancipación, aumentaron las personas afroamericanas trabajando en hoteles y restaurantes. El 43% de la fuerza laboral en la industria era afroamericana en el 1880; para el 1900, 25% del total de personas racializadas que no trabajaban en el sector de la agricultura eran meserxs o trabajaban en el servicio de hoteles, de las cuales 75% eran mujeres [2]. No existía un salario mínimo.


En el 1932, el senador Hugo Black presentó al Congreso la Ley Federal de Normas Justas en el Trabajo (FLSA, por sus siglas en inglés) que tardó 6 años en aprobarse y con ella se establecieron dos normas principales: la jornada semanal de 40 horas de trabajo y el primer salario mínimo por hora trabajada, que era de 25 centavos; cabe añadir que el borrador original de la ley establecía una jornada máxima semanal de 30 horas laborales, aunque al final la rama legislativa decidió aumentarle 10 horas.


En 1938 el Congreso aprobó la FLSA que creó el salario mínimo. Con la ley, se creó la División de Horas y Salarios en el Departamento del Trabajo para administrar la implementación de la FLSA. El administrador de la nueva división dictaminó que, para las empresas que tuvieran un sistema de cadenas de tiendas con subsidiarias en varios estados, cada empresa física operaría de manera individual y, por consiguiente, quedaron excluidas de la FLSA muchas cadenas de hoteles, bares y restaurantes donde se cobraba a base de propinas y donde la mayoría de las personas que trabajaban eran personas racializadas y feminizadas [3].


Gracias a la organización del Movimiento por los Derechos Civiles, se aprobó la Ley de Derechos Civiles en EEUU. A raíz de esta ley, se resuelve el caso Heart Atlanta Motel, Inc. vs United States [4], en el que el Tribunal Supremo de Estados Unidos ratificó la constitucionalidad del Título II de la nueva norma jurídica en la que se prohíbe la discriminación basada en la raza, color, religión o el origen étnico en los hoteles, moteles, restaurantes, teatros, cines y demás alojamientos públicos donde opere la posibilidad del servicio a personas que se desplazan entre los estados y, por ende, en el comercio interestatal. Básicamente, expandía a estos comercios, entre otras leyes protectoras, la jurisdicción de la FLSA. Como parte de los poderes del Congreso estadounidense ubicados en la Sección 8 del Artículo I de la Constitución, la Cláusula de Comercio le permite a la rama legislativa regular toda actividad que afecte al Comercio Interestatal: es la misma norma jurídica en la que se fundamentó la aprobación de la propia FLSA. En el caso del Motel de Atlanta, Archibald Cox, que en ese momento era el Procurador General de Estados Unidos, argumentó, en defensa de la nueva ley de Derechos Civiles, que la discriminación racial en estas empresas afectaba al comercio entre los estados utilizando evidencia cuantitativa y conceptos económicos sobre la relación desigual entre la pobreza y zonas territoriales racializadas en lugares como Birmingham, Alabama, y Little Rock, Arkansas. Principalmente, Cox señaló que, en ocasiones, era imposible para una persona de color de piel negra o marrón encontrar un lugar para alojarse o comer cuando su actividad laboral o personal le exigía un traslado entre territorio interestatal. El Tribunal Supremo aceptó los argumentos de Cox en los cuales también se evidenció que el motel recibía un 75% de clientela proveniente de diferentes estados. El Tribunal sostuvo que el Congreso tiene toda capacidad constitucional para regular a estas empresas que hasta el momento habían quedado excluidas de la FLSA. Cabe añadir que la decisión del Tribunal cuenta con una opinión concurrente del juez Hugo Black, el mismo senador que promulgó la FLSA entre 1932 y 1938.


Tres años antes de la aprobación de la Ley de los Derechos Civiles de 1964, el Congreso aprobó una enmienda a la FLSA para que tuviera jurisdicción sobre todas las empresas con ingresos brutos anuales superiores a los $500,000.00 [5]. Un año antes, en 1963, se enmendó la ley federal para prohibir el pago desigual por concepto de género, exigiendo a las empresas a establecer sistemas de méritos. En la actualidad, podemos observar la obsolescencia de esta enmienda al estudiar la disparidad y brecha salarial en general y particularmente en el sector donde se establecen sistemas retributivos basados en el cobro de propinas.


En 1966 y menos de dos años después del dictamen del Tribunal en el caso del Motel de Atlanta, el Congreso introdujo por primera vez en la historia la cobertura de la FLSA a las personas trabajadoras que recibían propinas con una diferencia problemática: a toda persona que devengara, al menos, veinte dólares ($20.00) al mes por concepto de propinas, su patrono le podría pagar hasta no menos del 50% del salario mínimo establecido en la misma ley [6]. La enmienda de 1966 a la FLSA también aumentó el salario mínimo federal a $1.60, lo que estableció el primer mínimo para las personas que devengan propinas (o “tips employees”, según se identifica en la ley), situándolo en $.80 por hora trabajada. En el 1977, se enmendó la ley, para que aplicara a toda persona que cobrara treinta dólares ($30.00) o más en propinas en un plazo de un mes.


Durante los próximos 12 años se enmendó en varias ocasiones la FLSA para aumentar el salario mínimo federal y, a su vez, el salario mínimo para personas que devengaban propinas aumentaba de manera automática calculándolo en el 40%.


En 1989 el senador Edward Kennedy presentó al Congreso una enmienda a la FLSA para aumentar el salario mínimo federal a $4.55 por hora trabajada. La secretaria del Departamento del Trabajo en aquel momento, Elizabeth Dole, advirtió que George W. Bush, presidente entre 1988 y 1992, vetaría cualquier aumento de salario superior a $4.25 por hora trabajada. Efectivamente, el Congreso aprobó el aumento de solo $.30 centavos superior a la cantidad admitida por el presidente y este vetó el proyecto. El Congreso revisó la enmienda y redujo el aumento al $4.25 que pedía el presidente Bush, entrando en vigor en abril de 1991. Con el nuevo mínimo, el salario para las personas que devengan propinas quedó establecido en $2.13, que representaba el 50% del nuevo mínimo federal de $4.25. En esta coyuntura, aparece la figura de Herman Cain y la Asociación Nacional de Restaurantes.


La figura Herman Cain y la Asociación Nacional de Restaurantes


Cinco años después, en 1996, el presidente Bill Clinton y el secretario del Departamento del Trabajo, Robert Reich, apoyaban un nuevo aumento de salario mínimo federal. El Congreso evaluó una nueva enmienda a la FLSA para un aumento de $4.25 a $5.15. A las vistas públicas del proyecto se presentó Herman Cain, director de operaciones de la cadena de pizzerías Godfather´s Pizza y presidente del banco de la Reserva Federal en Kansas City, en las que expuso que “un aumento en salario mínimo es una forma ineficaz de sacar a las personas de la pobreza” y abogó y presionó al Congreso para no aumentar el salario mínimo [7]. Al final, la enmienda del aumento a $5.15 por hora trabajada fue aprobada con un detalle importante: el 50% de diferencia entre el salario de las personas que devengan propinas y el salario mínimo federal fue congelado en el último salario mínimo previo a la nueva enmienda. Es decir, el salario de estas personas se mantuvo en $2.13 por hora trabajada en relación al mínimo establecido en 1991 y que estaba vigente antes de la nueva norma. El mínimo para quienes devengan propinas nunca volvió a ser aumentado. De esta manera y, al momento de la redacción del presente escrito, el salario mínimo de las “tips employees” lleva 31 años sin ver un aumento. En ese mismo año, 1996, Herman Cain fue nombrado presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes. Así llegamos al 2022.


Personas que trabajan a base de propinas en Puerto Rico


En Puerto Rico, según datos del Instituto de Estadísticas, más de 10,000 personas trabajan como meseras o bartenders, de las cuales el 70% son mujeres aproximadamente. En su gran mayoría son jóvenes, estudiantes y madres solteras. Otras personas como crupieres, trabajadoras en salones de belleza, trabajadores de carwash o repartidores de comida también trabajan a base de propinas. No se trata de una situación exclusiva de las personas que trabajan en restaurantes. Al momento, no existen datos específicos de cuántas de estas personas que trabajan a base de propinas devengan un sub-salario mínimo de $2.13. Según datos del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico para el año 2020, la media de ingreso para las meseras y meseros en San Juan y en el resto de Puerto Rico no supera los $9.00 por hora trabajada.


Experiencias de hostigamiento sexual de las trabajadoras que reciben propinas


El Restaurant Opportunity Center llevó a cabo un estudio el cual titularon “The Glass Floor: Sexual Harrasment in the Industry”. Según el estudio, 78% del hostigamiento sexual proviene de los clientes. En Estados Unidos el 48% de las personas que trabajan a base de propinas en los restaurantes reportaron que experimentaron algún evento de hostigamiento sexual por parte de clientes. Según el United States Census Bureau, siete de cada diez personas que trabajan a base de propinas en la industria de restaurantes en Estados Unidos son mujeres; el 76% expresó haber experimentado algún tipo de hostigamiento sexual mientras trabajaba. En los estados que han eliminado el sub-salario mínimo de las personas que trabajan a base de propinas, las mujeres han expresado haber experimentado la mitad de la tasa de hostigamiento sexual que en aquellos estados en los que el sub-salario mínimo es de $2.13.


Entre 2010 y 2012 el Departamento del Trabajo Federal encontró que el 84% de los más de nueve mil (9,000) restaurantes estudiados incurrieron en violaciones de salarios y horas relacionadas al pago de las personas que trabajan a base de propinas. Dicho esto, en la práctica, la existencia del sub-salario mínimo de $2.13 genera una dependencia económica total entre el ingreso a base de propinas y la persona que percibe ese ingreso. Por ser el sub-salario mínimo de $2.13 tan bajo, una persona que trabaja a base de propinas no lo puede tomar en consideración para planificar su vida. Las personas que trabajan a base de propinas se exponen a experiencias de acoso laboral, discrimen por razón de la raza, el género, la nacionalidad y/o la edad o experiencias de hostigamiento sexual que, en muchos casos, temen a denunciar para que su ingreso base no sea afectado y no perder las posibles propinas que, en ningún caso, están aseguradas.


Aunque existe protección jurídica para las personas que denuncian conductas relacionadas al hostigamiento sexual y de otro tipo en foros judiciales de represalias en el empleo, como la Ley Núm. 115 de 20 de diciembre de 1991, según enmendada, conocida como “Ley de Represalias contra el Empleado por Ofrecer Testimonio”, hay varias circunstancias que dificultan el empoderamiento de las personas que deciden denunciarlo. Normalmente los procesos judiciales son costosos y, por regla general, las personas que trabajan a base de propinas carecen de los medios y el poder adquisitivo para lograr acceso a los tribunales.


Según un estudio de McLaughlin, H., Uggen, C., y Blackstone, A. titulado Economic and Career Effects of Sexual Harassment en la actualidad (2017) , 1 de cada 5 mujeres renuncian a su trabajo por causa del hostigamiento sexual. Según un estudio del Restaurant Opportunities Centers United (2014), 92% de las personas que trabajan a base de propinas en los estados en los que el sub-salario mínimo es $2.13 lo hacen en empresas que tienen estrictas políticas de uniformes. La estadística se reduce al 60% en aquellos estados en los que se eliminó el sub-salario mínimo. El 40% de las mujeres que trabajan a base de propinas expresó sentirse incómoda con su uniforme de trabajo en comparación con el 13% en el caso de los hombres.


Complemento de datos sobre empresas y personas que trabajan a base de propinas


Haciendo referencia a otros aspectos negativos que giran alrededor de la existencia de este sub-salario mínimo, podemos identificar cómo en los siete estados (California, Oregon, Washington, Nevada, Montana, Alaska y Minnesota) y el territorio de Estados Unidos (Guam) que tienen un único salario mínimo, se ha reducido la alta tasa de hostigamiento sexual referente a la relación de subordinación entre las meseras y los clientes, aumentaron los ingresos de estas empleadas y aumentaron las ventas de las empresas cuyas empleadas reciben propinas.


Experiencias como mesera


Fui mesera en Isabela durante mis años universitarios. Fue mi primera experiencia laboral fuera del recinto de la UPR de Mayagüez donde estudiaba. Mis tareas incluían: servir mesas, limpiar baños, fregar platos, preparar cubiertos, hacer café, cobrarle a las personas y tenía la responsabilidad de abrir y cerrar el negocio. Rara vez mis propinas alcanzaban el mínimo; en realidad casi nunca recibía propinas. Así que todas las tareas que hacía las llevaba a cabo por un sub-salario menor al mínimo establecido. Además de la fuerte carga de trabajo, muchas veces estuve sujeta a situaciones en las cuales me sentí acosada sexualmente, no solo por mis compañeros de trabajo, sino también porque estaba sujeta a acercamientos indeseados de parte de clientes.


Lamentablemente, es algo común entre las personas que trabajan como meseras. Mis compañeras en ocasiones sufrieron acoso sexual que se tornó físico, desde el cliente que las tocaba para señalar sus tatuajes, hasta el cliente que las agarraba por la cintura para forzar sus movimientos. Muchas veces cuando narramos estas experiencias nos cuestionan por qué no denunciamos. En parte porque muchas veces las meseras están en la posición en que tienen que decidir entre exigir respeto y afirmar dignidad y ser penalizada o dejar de hacerlo para agradar al cliente que es quien determina si dejará propina o no.


Cuando trabajé de mesera desconocía la vía legal para hacer valer mis derechos. Sin embargo, con un Juris Doctor después puedo entender que, aunque tenemos mecanismos legales que buscan remediar los daños que una sufre ante estas situaciones, dichas herramientas no son accesibles. Lamentablemente, los procesos judiciales son costosos y una estudiante cuyo ingreso proviene de un sub-salario no puede costear una abogada que le acompañe a hacer una denuncia ante el Tribunal. Por otro lado, los procesos ante la Agencia con poder para atender el incumplimiento de mi patrono, aunque en teoría se supone sean más flexibles, continúan siendo un proceso técnico para una joven que apenas comienza su bachillerato. Además, ¿cómo yo me iba a arriesgar a una posible represalia que culminaría en mi despido? Todo esto, al día de hoy, se agrava con un periodo de probatoria de 9 meses y una carga probatoria muy onerosa para probar que mi despido en efecto no fue justificado.


Aumentos en las propinas en los estados que no tienen un sub-salario mínimo


Según un estudio del Economic Policy Institute, en los 8 estados y territorios que eliminaron el sub-salario mínimo, las personas que trabajan a base de propinas reportaron aumentos en las propinas [8]. Estos aumentos se deben a una mayor satisfacción laboral y la sensación de mayor seguridad en el empleo. No es correcto plantear que las propinas desaparecerán. El Tribunal Supremo y el Departamento del Trabajo Federal han emitido múltiples opiniones en las que reiteran que las propinas son muestras de gratitud no obligadas a las personas que brindan distintos servicios y que bajo ningún concepto se puede prohibir esta práctica.


Service Charge


En Puerto Rico y cualquier otra parte de los Estados Unidos, un restaurante o cualquier otra empresa puede cobrar cargo por servicio siempre y cuando se brinde algún tipo de servicio definido por el Departamento del Trabajo Federal. En los 8 estados y territorios que eliminaron el sub-salario mínimo las propinas no fueron sustituidas por Service Charge.


Aumentos en ventas en los restaurantes que pagan salario mínimo completo


Según el estudio Better Wages, Better Tips realizado por el Restaurant Opportunities Center United, los restaurantes en los estados con un único salario mínimo duplicaron la tasa de ventas en aquellos estados en los que el sub-salario mínimo continúa siendo $2.13 [9]. Entre el año 2011 y el año 2016, la tasa de empleo a tiempo completo, en los estados que tienen un único salario mínimo completo, aumentó casi cuatro veces más que en aquellos estados en los que el sub-salario mínimo continúa siendo de $2.13 [10].


Efecto de las medidas de prevención de contagio de Covid-19 sobre las propinas


Las personas que cobran a base de propinas están muchas veces a cargo de indicar que se cumplan las reglas de higiene (uso de mascarillas, distanciamiento, número de personas por mesa, etc.) a clientes y, en algunos casos, estos señalamientos molestan o desagradan a quien recibe el servicio y penaliza a la persona que trabaja a base de propinas al momento de otorgar la propina. Durante la pandemia, solo en el estado de Nueva York, el 57% de las personas que trabajan a base de propinas informaron que su ingreso en propinas se redujo en un 50% o más; a nivel nacional la estadística se eleva hasta los 66%. El 83% de las personas encuestadas reportó que sufrió reducción en las propinas desde el comienzo de la pandemia [11].


Por otro lado, el 84% de las personas que trabajan en restaurantes expresó exponerse a una distancia menor de seis pies de una persona sin mascarilla durante la pandemia. El 44% de las personas que trabajan en restaurantes reportaron que una o más compañeras de trabajo contrajo Covid-19.


Incumplimiento con la obligación en Ley para completar el salario mínimo cuando el sub-salario, en combinación con las propinas, no alcanza el salario mínimo por hora trabajada


Entre los años 2010 y 2012, el Departamento del Trabajo Federal encontró que el ochenta y cuatro (84%) de los más de nueve mil 9,000 restaurantes estudiados incurría en violaciones de salarios y horas relacionadas al pago de las personas que trabajan a base de propinas. Aunque bien pudiera tratarse de un problema de fiscalización, quien fuera la cónsul general en la segunda administración del expresidente Barack Obama, Patricia Smith, ha señalado en distintos foros que se trata de un problema que no se puede resolver porque para ello se necesita que todos los restaurantes tengan sus contabilidades al día, sistemas de conteo de propinas actualizados y que las instrumentalidades del gobierno como los tribunales y el Departamento del Trabajo tengan el personal suficiente para atender las miles y miles de reclamaciones que pudieran ser reportadas en la industria más grande de trabajo en Puerto Rico, solo por detrás del sector público. Este problema se agudiza si se toma en consideración la crisis fiscal por la que atraviesa el Gobierno de Puerto Rico. Eliminar el sub-salario mínimo de las personas que trabajan a base de propinas es eliminar el problema de raíz porque, en la medida en la que no haya que asegurarse del cumplimiento en ley del pago de salario mínimo completo para estas personas cuando las propinas, en combinación con el sub-salario, no alcance, entonces no hay nada que fiscalizar.


Comisión de Salario Mínimo


Según la propia Ley de Salario Mínimo en Puerto Rico, Ley Núm. 47 de 2021, sólo los Decretos Mandatorios, no los Especiales, deben aprobarse, mínimo, una vez cada 2 años. Sólo el Decreto Mandatorio Especial de quienes trabajan en la industria agrícola debe aprobarse en o antes del 1ero de julio de 2022. Los Decretos Mandatorios Especiales de las personas que trabajan a base de propinas no tienen término alguno para ser aprobados o siquiera emitidos. Si se elimina el sub-salario mínimo o si incluso se aprueba un porciento fijo (ej. 90%), la comisión nunca tendría que realizar investigaciones ni emitir Decreto Mandatorio Especial porque se trata de una fórmula matemática fija y simple. La cuestión resultaría académica.


Eliminado el sub-salario, le ahorramos el trabajo a la Comisión de salario mínimo y al trabaja de fiscalización al Departamento del Trabajo que hoy se supone que es quien debe asegurarse de que los patronos paguen salario mínimo completo cuando el sub-salario en combinación con las propinas no alcanzan el salario mínimo estatal.


Experiencia como mesero


En mis más de 5 años como mesero, me he podido encontrar con todo tipo de experiencias relacionadas a la cultura de la propina. En todos estos años he trabajado en 3 distintos restaurantes, incluso en 2 restaurantes a la misma vez. Toda persona que trabaja a base de propinas, como yo, puede tener sus días buenos y sus días malos. Me he encontrado con situaciones en las que me ha tocado cantar cumpleaños, tirar fotos, recibir comentarios sobre mi aspecto físico, hacer especificaciones y cambios a los platos de algunos comensales y un sinfín de otras cosas que no están incluidas en el manual de empleadas y al final no dejaban propina. También he tenido días buenos, mayormente en épocas de graduaciones, festividades, épocas del año como Navidad, en las que la propina aumenta, pero esto no fue necesariamente así en un restaurante en el que trabajé en el centro de la isla. Desde el primer momento en que entré a trabajar en la industria de restaurantes he recibido directrices de mi patrón como el uniforme a utilizar, el horario de trabajo, la forma de expresarme, las tareas de limpieza y, por último, las directrices de manejar las medidas de prevención del COVID-19. Durante todos estos años y, con todos los patronos que he trabajado, he cobrado un sub-salario de $2.13. Sí, hablamos de lo que paga la empresa y el patrono por exigir todo lo mencionado anteriormente.


A diferencia de mí, que me identifico como hombre, otras compañeras suelen recibir acercamientos indeseados e incluso que les toquen y les violenten sus cuerpos. Tanto para mí, con los comentarios que puedan herirme y las actitudes de los comensales que puedan ser violentas, como para las compañeras que puede tener un grado de mayor inseguridad por todo lo que viven día a día con muchos hombres que vienen a consumir, resulta muy difícil empoderarse y denunciar a estas personas porque por parte de nuestro patrono recibiremos un sub salario mínimo de $2.13 por hora trabajada y nuestro ingreso dependerá de la propina que decida dejar o no la persona que emite esos comentarios y a quien servimos. Al final del día, dependemos de todas las subjetividades que puedan tener las más de 3 millones de personas que viven en Puerto Rico. Lo que para una persona puede resultar un buen servicio no necesariamente lo es para otra persona. Es por esta razón y muchas más que eluden considerar los resultados positivos de eliminar el sub-salario mínimo de las personas que trabajan a base de propinas por las que nos organizamos y recomendamos que se elimine este sub-salario de miseria que afecta a las personas que los reciben y a las empresas que lo pagan.


Recomendamos que se enmiende el PC1133 para que se lleve a la teoría lo que plantea en la práctica y qué es que las personas que trabajan a base de propinas puedan cobrar con seguridad un salario mínimo completo.


Notas


[1] Ofer H. Azar, 2003. "The History of Tipping - From Sixteenth-Century England to United States in the 1910s," Economic History 0309001, University Library of Munich, Germany.


[2] Wright, R. R. 1913. “The Negro in Unskilled Labor.” Annals of the American Academy of Political and Social Science 49(1): 19–27.


[3] Douglas, Paul H., and Joseph Hackman. 1939. “The Fair Labor Standards Act of 1938 I.” Political Science Quarterly 54(1): 29.


[4] Heart of Atlanta Motel v. United States, 379 U.S. 241 (1964)


[5] Fact Sheet #14: Coverage Under the Fair Labor Standards Act (FLSA).


[6] Whittaker, William G. 2006. The Tip Credit Provisions of the Fair Labor Standards Act. Congressional Research Service Report for Congress.


[7] Jamieson, D. (2011). Herman Cain's Distrust Of Minimum Wage Goes Back To Restaurant Days. The Huffington Post, 27.


[8] Allegretto, Sylvia A., Cooper, D. (2014) Twenty-Three Years and Still Waiting for Change: Why It’s Time to Give Tipped Workers the Regular Minimum Wage. Economic Policy Institute Briefing Paper no. 379.


[9] Cross tabulating the projected sales from endnote 4 with the civilian population data from the United States Census Bureau https://www.census.gov to received sales weighted by population, or with the number of full service restaurant workers (sales per FTE), 722511, in 2016 from the Quarterly Census of Employment and Wages; Bureau of Labor Statistics Quarterly Census of Employment and Wages.


[10] “2016 data for 722,511 number of workers in Michigan, New York, $2.13 states (hereby referred to as $2.13 states)- Alabama, Georgia, Indiana, Kansas, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Nebraska, New Jersey, New Mexico, North Carolina, Oklahoma, South Carolina, Tennessee, Texas, Utah, Virginia, Wyoming, and one fair wage states (hereby referred to as OFW States) Montana, Minnesota, Alaska, California, Washington, Oregon, Nevada”. Bureau of Labor Statistics. Quarterly Census of Employment and Wages. En: https://data.bls.gov/cgi-bin/srgate (accessed 2/5/2018).


[11] Ver nota a pie de página #5.


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Verónika M. Banuchi Ponce Randiel J. Negrón Torres forman parte de Justicia Salarial.

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