Sobre la situación en Cuba. Defender y renovar la revolución.


Por Democracia Socialista - Puerto Rico

25 julio 2021


1. El capitalismo, construido sobre la desigualdad y la competencia, impulsado por la búsqueda de la ganancia privada para unos pocos, representa hoy, más que nunca, una amenaza a la supervivencia de la humanidad. Ninguno de los problemas urgentes que enfrentamos, empezando por la amenaza de la crisis climática, pueden resolverse respetando las reglas del capitalismo.


2. El triunfo de la revolución cubana en 1959 y su evolución hasta el derrocamiento del capitalismo ha sido uno de los grandes momentos de la lucha de la humanidad por una sociedad más justa.


3. Los logros de la revolución en terrenos como la salud, la educación, la garantía de empleo y de satisfacción de necesidades fundamentales son conocidos e innegables, a pesar de su reciente erosión en condiciones de aislamiento extremo y bloqueo incrementado. Su solidaridad con las luchas por la justicia en el mundo ha sido constante. La transformación de las mayores fuentes de riqueza en propiedad pública y la creación de una economía planificada sientan las bases necesarias (no suficientes, por supuesto) para superar los males del capitalismo.


4. Por atreverse a hacer una revolución socialista, Cuba ha sufrido el ataque, la agresión y el bloqueo del imperialismo desde el primer momento. Desde hace sesenta años, destruir la revolución y restablecer el capitalismo en Cuba ha sido un objetivo constante de la mayor potencia imperialista, vecina de Cuba. Para esto ha contado con sectores militantes del exilio cubano, que han alcanzado una influencia nada despreciable en la política en Estados Unidos. Cuba ha resistido heroicamente. A partir del colapso de la Unión Soviética y sus gobiernos aliados, esa resistencia se ha dado en condiciones de aislamiento aún más asfixiantes.


5. El recrudecimiento del bloqueo en años recientes (más de 240 medidas y la infame inclusión de Cuba en la lista de países que "fomentan el terrorismo") demuestra que el imperialismo ha visto la pandemia de la COVID-19 y su impacto económico y social como el momento para lograr el anhelado objetivo de destruir la revolución cubana. Por eso, al impacto de la paralización del turismo y de las aumentadas exigencias de gastos de salud impuestas por la pandemia, ha sumado medidas para intensificar el bloqueo, en el momento de mayor necesidad y vulnerabilidad, con el objetivo de empeorar al máximo las condiciones de vida en Cuba. De igual forma, todo indica que ha tomado o estimulado acciones para promover protestas y otras expresiones contra el gobierno. De sus aliados en Miami han venido los llamados al saqueo, a matar policías y la avalancha de fake news que hemos podido ver.


6. La perspectiva del imperialismo o sus agencias parece que es lograr una de varias posibles situaciones

  1. Generar un "estallido" (para usar una palabra que circula por las redes) que provoque la caída del gobierno y conduzca a la restauración capitalista con rápido y masivo apoyo imperialista.

  2. Generar con el "estallido" una guerra civil o enfrentamiento violento de fuerzas, que propicien una intervención externa, con resultados similares a la primera alternativa, aunque no tan rápidamente.

  3. Provocar una represión brutal y masiva ante la amenaza de las opciones a y b, represión que seguirá minando los niveles de apoyo del gobierno y aumentará su aislamiento, provocando a largo o mediano plazo las situaciones a y b.


7. Cualquiera de esos "escenarios" sería un desastre para la revolución cubana y, por tanto, para la lucha antiimperialista y revolucionaria en América Latina y el mundo. Evitarlos es tarea urgente y prioritaria de todos los antiimperialistas y revolucionarios, dentro y fuera de Cuba.


8. Para lograr sus objetivos el imperialismo intenta manipular y reclutar para sus fines el descontento que existe en Cuba con la situación del país. Ese descontento es real. Los provocadores o agentes externos o internos que puedan estar actuando intentan aprovecharlo, pero no lo inventan. Por eso, reducir las protestas recientes a acciones del imperialismo o de "mercenarios" es un error. Esas protestas expresan también un malestar muy difundido, que es necesario atender urgentemente si se quieren bloquear los planes imperialistas.


9. A costa de simplificar, podemos decir que el malestar y el descontento tiene dos fuentes o dos raíces. La primera es la angustiante situación material (la carencia de productos, las colas, los apagones, la precariedad de la vida diaria) ya mencionada, que se prolonga y que, peor aún, se agudiza. La causa fundamental (no la única) de esta situación agobiante sigue siendo el bloqueo que recientemente se ha recrudecido. Su objetivo es claro: provocar el rechazo generalizado al gobierno y lograr el llamado "cambio de régimen". En ocasiones, al analizar la situación de Cuba, el problema del bloqueo se menciona, pero no se toma en cuenta realmente. Como plantean algunos analistas, ha durado tanto que se le naturaliza o normaliza. No se puede caer en ese error: la intensidad y duración del bloqueo a Cuba no tiene precedentes. Para los que sabemos y entendemos que el socialismo no es posible en un solo país, mucho menos en un país relativamente pequeño y aislado, el hecho del bloqueo y su impacto en las opciones de Cuba no puede perderse de vista. Por lo tanto, la lucha contra el bloqueo, el apoyo solidario a Cuba (en la medida que pueda darse) es tarea urgente que debe continuar. Hay que denunciar la hipocresía de gente como el Presidente Biden, que dice preocuparse por la situación del pueblo cubano, a la vez que perpetúa el bloqueo, principal responsable de esa situación de carencias extremas. Cuando se expresa preocupación por la situación del pueblo cubano y a la vez se apoya o se perpetúa el bloqueo se demuestra que no se trata de preocupación por el pueblo cubano, sino de enarbolar esa preocupación para justificar la intervención.


10. Sin embargo, las causas del malestar y el descontento en Cuba no pueden reducirse al impacto del bloqueo y la agresión imperialista. Existe igualmente una inconformidad creciente y justificada por la falta de espacios para el debate abierto sobre los problemas que el país enfrenta y cómo atenderlos, sobre las políticas adoptadas por el gobierno y sus impactos; inconformidad con el monolitismo de la esfera pública y de los medios de comunicación y por la regimentación y vigilancia o tutela sobre la actividad creadora, por la criminalización y estigmatización de toda crítica como proveniente del enemigo. En Cuba existen mecanismos de consulta al pueblo y de cierta participación, pero son evidentemente insuficientes. Algunos existieron y se han debilitado. Es urgente que este malestar se atienda. Negar esto a nombre de "defender la revolución" no es defender la revolución, es hacerle más fácil el trabajo a la contrarrevolución y el imperialismo.


11. Este punto es necesario subrayarlo: si la revolución no logra incorporar esas inquietudes democráticas a sus instituciones, entonces esas inquietudes se expresarán contra esas instituciones y eso, precisamente, es lo que desea provocar el enemigo imperialista. La burocratización y el monolitismo también socavan las revoluciones y conducen a alguna variante de los tres escenarios que presentamos anteriormente.


12. Es cierto que situaciones extremas de aislamiento y agresión pueden justificar la suspensión de aspectos de lo que debe ser la norma de una democracia socialista. Pero incluso en esos casos es importante tener clara esa norma, pues sigue siendo nuestro horizonte. ¿Y cuál es esa norma para los socialistas revolucionarios? Dicho rápidamente: El socialismo y la transición al socialismo suponen el gobierno de la clase trabajadora y la propiedad colectiva de las fuentes más importantes de riqueza, que permite la creación de una economía planificada con acuerdo a las necesidades del pueblo, determinadas por el pueblo mismo. Estas ideas se afirman claramente en los Artículos 18 y 20 de la Constitución de Cuba, entre otros [1]. Pero, concretamente, ¿cómo puede gobernar la clase trabajadora? ¿Cómo puede decidir qué política tributaria o monetaria o salarial se debe adoptar, o a qué sectores económicos se les debe dar prioridad, o qué servicios deben ser gratuitos o cuáles se deben cobrar o qué rol debe tener la pequeña empresa privada, entre muchos otros temas? Como único puede la clase trabajadora decidir sobre estos temas es a través del debate, la discusión pública, la circulación de posiciones y propuestas distintas, la posibilidad de asociarse para promover determinadas posiciones, la elección de delegados según las posiciones que han asumido. Estas libertades (de expresión, prensa, asociación) no son libertades burguesas, como a veces se dice; son libertades obreras, son libertades socialistas. En último análisis esto corresponde al hecho de que el socialismo es mucho más que un gobierno que se ocupa de las necesidades de la gente. Es un proceso de autoemancipación, que requiere, por tanto, la libre participación de los protagonistas de ese proceso. Es más, solo en la medida que se da esa participación podrá responder plenamente a las necesidades de la gente.


13. En ausencia de una democracia socialista, la gestión económica se hará a través de una mezcla de dirección burocrática y mecanismos de mercado. A corto plazo, esa mezcla puede tener ciertos logros; a mediano plazo limita tremendamente el potencial de una economía no-capitalista y a la larga desarticula la economía planificada. La democracia socialista y la autogestión en las empresas son partes esenciales de una economía planificada saludable. En su ausencia la gestión económica (en búsqueda de mayor eficiencia, disciplina laboral, etc.) se convierte en un vaivén de aperturas al mercado, seguidas de nuevos controles administrativos, seguidos de nuevas aperturas al mercado… Es un intento de cuadratura del círculo, pues falta la pieza necesaria de la participación democrática en el estado y la empresa. Esa es precisamente la lección de la historia de la Unión Soviética y de su colapso, colapso que no fue resultado de la intervención militar, sino de la descomposición interna del régimen burocrático y del hecho de que el pueblo perdió todo apego a las instituciones existentes.


14. No se trata de exigirle una democracia ideal a la Cuba asediada, pero sí de tomar las medidas para que el descontento legítimo y para que las distintas opiniones sobre cómo enfrentar los problemas puedan debatirse y decidirse. Las acciones violentas, las agresiones o destrucción de instalaciones deben ser sancionadas. Pero no debe reprimirse la expresión de ideas o de opiniones divergentes. No hay duda de que el bloqueo, la agresión y la necesidad de enfrentarla condicionan y limitan las opciones económicas y políticas en Cuba, pero dentro de esos límites impuestos por el asedio hay, sin embargo, más de una opción y alternativa de organización política y económica.


15. Entre antiimperialistas, revolucionarios, socialistas y comunistas pueden existir y existen posiciones distintas sobre cómo enfrentar problemas como el rol del mercado en la distribución de bienes, o de las inversiones externas o la política salarial o tributaria, o la distribución de recursos entre sectores (como el turismo y la agricultura), entre muchísimos otros problemas. En Cuba hay muchas voces socialistas y patrióticas, pero críticas y descontentas con las políticas vigentes. Son voces marxistas y antiimperialistas. Nada gana la revolución haciéndolas vivir en una zona gris entre el reconocimiento o la ilegalidad. Se puede estar de acuerdo con unas y en desacuerdo con otras. Pero es necesario abrir el espacio para que se escuchen y respeten. La unidad tiene que incluir esa diversidad. En Cuba se respeta la circulación de ideas religiosas, algunas de ellas con marcado carácter conservador. ¿Acaso no debe existir igual espacio para la circulación de propuestas con referentes en la rica y diversa tradición marxista? El estudio del marxismo, presentado como doctrina cerrada y acabada, se convierte rápidamente en rutina poco atractiva, incapaz de generar entusiasmo o interés. El marxismo siempre ha florecido en debate con otras corrientes cercanas y lejanas y en debate consigo mismo. Tan solo ese marxismo abierto, que posee tan rica y poderosa historia, puede conquistar o recuperar el interés sobre todo de nuevas generaciones que ahora lo ven como una doctrina fosilizada y acartonada. No reconocerlo no es defender el marxismo sino debilitarlo.


16. Si bien el bloqueo es la causa esencial de las dificultades materiales, no es la única. También pueden señalarse errores de las políticas económicas en Cuba (por ejemplo, el posible sobre énfasis en el sector del turismo, a cosa de otras áreas, como la agricultura, etc., o la manera en que se ha implementado la "Tarea ordenamiento"). Tales errores son inevitables en todo proceso revolucionario, máxime en situaciones extremas, pero esos errores son también más fáciles de evitar o de corregir en un ambiente de debate más abierto. Tómese, por ejemplo, el punto (h) del Artículo 32 de la Constitución que señala que el Estado "promueve la libertad de creación artística en todas sus formas de expresión, conforme a los principios humanistas en que se sustenta la política cultural del Estado y los valores de la sociedad socialista". La fórmula es inobjetable, pero deja abierta la pregunta, ¿cuáles son los principios humanistas y los valores socialistas? La Constitución de Cuba prohíbe hoy, ejemplarmente, la discriminación por orientación sexual o identidad de género (Artículo 42), como parte de la lucha contra toda forma de opresión que es principio básico de la lucha por el socialismo. Pero hay que recordar que por años se asumieron a nombre de la revolución y de los valores socialistas posiciones muy lejanas de esta perspectiva, posiciones homofóbicas, que debilitaron a la revolución, hicieron más difícil su defensa y más fácil el trabajo de sus enemigos y políticas. Y posiciones, y esto es lo fundamental, que eran criticadas por revolucionarios dentro y fuera de Cuba. Foros más abiertos al debate, la discusión y la asociación hubiesen permitido corregir estos errores más rápida y plenamente y hubiesen fortalecido la revolución.


17. Por tanto, es necesario dejar atrás la práctica de criminalizar la expresión de opiniones críticas o divergentes. Para abrir ese espacio de debate bastaría, para empezar, con un cumplimiento estricto de las disposiciones de la Constitución adoptada en 2019. De igual forma, es necesario discutir y aprobar nuevas leyes de prensa y asociación que amplíen los espacios de expresión en el seno de la revolución. La violación de derechos por fuerzas del orden, reconocidos en parte por portavoces del gobierno, deben ser investigados y sancionados. Es urgente sancionar cualquier violación de las disposiciones constitucionales, como las incluidas en el Artículo 51, afirmar el derecho de Habeas Corpus recogido en el Artículo 96 y garantizar el ejercicio del derecho a reparación o indemnización por daños resultantes de acciones indebidas por "directivos, funcionarios y empleados del Estado", reconocido en el Artículo 98 [2].


18. Lo que aquí señalamos se apoya en una larga experiencia histórica y tampoco es nuevo. La lealtad, que la Constitución afirma, a las ideas de Marx y Lenin debe corresponder una lectura y recuperación tanto de la letra como el espíritu de textos de Lenin como Estado y revolución y sus contribuciones al final de su vida al alertar contra el problema y peligro de la burocracia en el estado revolucionario. Lenin fue, precisamente, el primero en hablar de "estado obrero con deformaciones burocráticas" que era necesario combatir. El peligro de la burocratización para los procesos revolucionarios ya está planteado en los textos de Marx sobre la Comuna de París y sobre las medidas que tomó para asegurar el control de los representantes y oficiales de la Comuna por los representados (elección, revocabilidad, tope de salarios, etc.).


19. Recordemos unas palabras muy duras de una implacable luchadora socialista y marxista, Rosa Luxemburgo: "Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad dirigen solo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas…". Palabras duras y quizás injustas, en la medida que se dirigían a los Bolcheviques en 1918, pero advertencia válida sobre el peligro real que señalan. Hay que mirar sin miedo las instituciones de la revolución (sindicatos, CDRs, federaciones, órganos de poder popular, etc.): ¿cuántas y en qué medida han perdido su "vida" interior y en qué medida se han convertido en una "apariencia de vida"? ¿Cómo pueden renovarse? Ese es el debate necesario. La Constitución cubana afirma en su Artículo 101 que "los elegidos tienen el deber de rendir cuenta de su actuación periódicamente y pueden ser revocados de sus cargos en cualquier momento." ¿Cuánto corresponde esto al funcionamiento real, y no solo formal, de los cuerpos electos de gobierno? Es una discusión necesaria.


20. La Constitución señala en su Artículo 55 que "Se reconoce a las personas la libertad de prensa. Este derecho se ejerce de conformidad con la ley y los fines de la sociedad. Los medios fundamentales de comunicación social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo o de las organizaciones políticas, sociales y de masas; y no pueden ser objeto de otro tipo de propiedad. El Estado establece los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social". De igual forma el Artículo 56 señala que "Los derechos de reunión, manifestación y asociación, con fines lícitos y pacíficos, se reconocen por el Estado siempre que se ejerzan con respeto al orden público y el acatamiento a las preceptivas establecidas en la ley". En ambos casos se reconocen importantes derechos, cuyo ejercicio queda sujeto a disposiciones fijadas por ley. Es urgente revisar esas leyes, en la perspectiva de ampliar el espectro de voces que participan en el debate sobre el futuro de la construcción del socialismo en Cuba.


21. No quepa duda: el imperialismo, y el bloqueo, buscan destruir todo lo que Cuba tiene de admirable. Intentan evitar que se demuestre la superioridad de una economía planificada sobre los desastres de la competencia capitalista. Pero esa superioridad tan solo podrá desplegarse en la medida que se combine con formas de participación democrática. Menospreciar lo segundo sería decir que la preocupación por la democracia no tiene espacio en la revolución. Eso sería hacerle un gran servicio al imperialismo.


Notas


[1] Textualmente: "ARTÍCULO 18. En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la Sociedad." Más adelante: "ARTÍCULO 20. Los trabajadores participan en los procesos de planificación, regulación, gestión y control de la economía. La ley regula la participación de los colectivos laborales en la administración y gestión de las entidades empresariales estatales y unidades presupuestadas."


[2] Citamos los artículos mencionados: "ARTÍCULO 51. Las personas no pueden ser sometidas a desaparición forzada, torturas ni tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes"; "ARTÍCULO 96. Quien estuviere privado de libertad ilegalmente tiene derecho, por sí o a través de tercero, a establecer ante tribunal competente procedimiento de Habeas Corpus, conforme a las exigencias establecidas en la ley"; "ARTÍCULO 98. Toda persona que sufriere daño o perjuicio causado indebidamente por directivos, funcionarios y empleados del Estado con motivo del ejercicio de las funciones propias de sus cargos, tiene derecho a reclamar y obtener la correspondiente reparación o indemnización en la forma que establece la ley."