Sobre Breve resumen de la hipótesis comunista de Héctor Meléndez

Por Jorge Lefevre Tavárez



[La siguiente reseña fue originalmente publicada en En Rojo, el suplemento cultural del semanario Claridad, la semana del 24 al 30 de septiembre de 2015.]

Aun sin conocerlo, un ligero repaso sobre las publicaciones de Héctor Meléndez demuestra su interés por la educación política, el fomento del debate y la propagación de ideas que se enfrentan a la cultura dominante. No en balde la contraportada del libro que reseñamos critica “la limitada información histórica que las instituciones brindan a los jóvenes y estudiantes”. Su reciente traducción del libro de Alex Callinicos, Marx; sus ideas revolucionarias (Ediciones Callejón, 2012), es solo un ejemplo de este empeño por desafiar esta tendencia institucional y pobreza cultural y política. Pero ese no es el libro que nos ocupa, sino Breve resumen de la hipótesis comunista (Ediciones Callejón 2015), dedicado “A los estudiantes”. Es su publicación más reciente y se enmarca dentro de esta labor formativa, política y pedagógica.

El libro sigue fielmente su propósito y su título. Contando con 120 páginas, es una lectura accesible y, a pesar de la complejidad del tema, sorprendentemente clara. Veamos, como ejemplo inicial, su definición de la hipótesis comunista: “El comunismo persigue el poder de la mayoría trabajadora sobre las minorías que acumulan riqueza a costa del pueblo, y formar una sociedad en que los recursos sean sociales, en vez de privados”. ¿Qué significa que los recursos sean sociales? Unas líneas más adelante explica: “De triunfar en un país, el pueblo trabajador decidiría cómo, cuándo, qué y cuánto producir. […] El criterio serían las necesidades sociales; prevalecería la cooperación”.

¿Y por qué hablar de una “hipótesis comunista” en lugar de presentar el libro como una introducción al marxismo? Si bien es cierto que se puede leer este Breve resumen como una introducción al marxismo, me parece que hablar de una hipótesis comunista permite enfatizar la idea que produjo antes – y todavía produce – esperanzas en millones de trabajadores e individuos, idea que es, al día de hoy, “la única teoría elaborada que existe sobre cómo dar fin al capitalismo y formar una sociedad superior”. Permite además darle una vida al comunismo más allá de la práctica política y de los gobiernos comunistas que existen o que existieron. La siguiente cita, aunque extensa, esclarece lo antes dicho: “Haber visualizado el socialismo simplemente como un Estado ha hecho común suponer que ‘fracasó’ y que es una aspiración anacrónica o ‘pasada’, pues el ‘Estado socialista’ resultó más primitivo, ineficiente y limitante de la libertad personal que el Estado capitalista. En cambio, entenderlo como una transformación de las prácticas y de la conciencia, en que las clases populares cambian su realidad específica a partir de su vida cotidiana, puede alentar opciones públicas que combinen la gestión electoral y de gobierno con luchas de masas y actividad intelectual innovadora”.

Breve resumen de la hipótesis comunista no busca definir los conceptos de lucha de clases y de dictadura del proletariado (conceptos que, de todos modos, se intuyen en su exposición), sino trazar algunas líneas que permitirían vislumbrar cómo se vería el comunismo y algunos caminos que permiten acercarse a él. El comunismo, nos dice: “No es una promesa, sino una hipótesis: si se dan ciertas condiciones pueden crearse determinadas estrategias colectivas”. En este sentido, este libro no reemplaza ni sustituye la traducción previa del libro de Callinicos, que se aproxima al formato más clásico de una introducción al marxismo: ambos se complementan. Además, cada capítulo del Breve resumen cuenta con una bibliografía selecta que permite ahondar más en lo esbozado.

A lo largo del libro (y a diferencia de otros que conozco con un propósito similar a este) Meléndez enfatiza la necesidad vital de la formación intelectual y del debate político, no solo dentro de lo que sería el comunismo, sino también dentro de aquellos esfuerzos políticos ligados a él. La discusión seria e informada es precisamente una de aquellas “condiciones” que exige la hipótesis comunista. “La filosofía comunista aspira a que, una vez destronado el capital, la sociedad sea dirigida por organismos de poder popular y obrero y por una discusión ilustrada y democrática…” (énfasis mío). El socialismo, un momento necesario hacia el comunismo, debiera producir un “proceso de ilustración” radical que permitiera este tipo de instrucción y debate. La siguiente cita es representativa de esta idea reiterada: “… la expansión democrática es condición necesaria del socialismo y para el desarrollo del pueblo, y puede ayudar a que surjan dirigentes, intelectuales y científicos. […] La calidad de la democracia está determinada por la calidad del pensamiento de quienes participan en ella: por el criterio propio, la información teórica, la libertad de debate y el nivel económico y educativo del pueblo. El voto mayoritario puede llevar a desastres y estupideces si quienes lo ejercen tienen un pobre criterio, y eso ocurre continuamente”.

Una parte considerable del libro se dedica a demostrar las carencias y los errores de algunos de los proyectos socialistas que se dieron en el siglo XX, particularmente el de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Si bien en un primer momento, parece decirnos Meléndez, la URSS logró muchos de los pasos a seguir para cumplir la hipótesis comunista, lo que ocurrió luego de la muerte de Lenin y entrando Stalin a gobernar significó un desapego del pensamiento político marxista previo.

Del gobierno de Stalin y de la ideología estalinista, que influyó en gran parte del movimiento marxista mundial y en muchas de las revoluciones del siglo XX, Meléndez destaca dos errores particulares que significaron un retroceso tremendo. El primero consistía en la ausencia del debate público y de una toma de decisiones democráticas, tanto dentro de los Partido Comunista como fuera, en los países socialistas. Se podría decir que el estalinismo en la práctica se distanció, de esta manera, de una de las condiciones necesarias de la hipótesis comunista. “En las experiencias socialistas del siglo 20 en que no se logró esto [el debate serio e informado], el poder decisional ha recaído en organismos burocráticos, los que entonces son responsables de los errores y los aciertos”.

El segundo elemento, que en principio se debió a la necesidad de sobrevivencia de la URSS, fue la unión que se produjo entre el Estado de un gobierno socialista y el Partido Comunista del mismo. Esta unión se supuso como principio del pensamiento comunista y se replicó en varios países que pretendieron llevar a cabo una revolución socialista. Sin embargo: “Que la clase obrera tuviese un partido propio de alta calidad no significaba necesariamente que, una vez tomara el poder político, debía ser el único partido. Ni en los escritos de Lenin ni en los de otros pensadores principales, como Marx y Engels, hay trazo alguno de que creyeran que debía haber un solo partido, un solo periódico, un solo punto de vista, etc. Al contrario, creían en la ilustración y la expansión de la cultura y de las ideas”.

Si existiera una distinción entre el Partido Comunista y el Estado, aun si fuera “una relación contradictoria y dialéctica no siempre fácil de ver”, el partido podría practicar una “crítica sin cesar”, permitiendo que el Estado, en lugar de petrificarse, se acercara cada vez más a aquella hipótesis comunista que la guía. “No es en el Estado, sino en el partido, donde recaería la dirección política y cultural revolucionaria, la crítica de la sociedad presente y la consecuente propagación entre el pueblo de los valores de la cooperación, en un debate de ideas con las otras ideologías. A su vez, no es el partido, sino el Estado, quien debe cumplir el contradictorio – y necesario durante una fase – rol de gerente y comerciante burgués, para insertar el proyecto socialista en relaciones comerciales, diplomáticas y de competencia de mercado”.

Son varios los méritos que tiene Breve resumen de la hipótesis comunista. Además de su enfoque particular, una ventaja que tiene sobre otras introducciones clásicas del marxismo consiste en la perspectiva que le permite el haber sido escrito en el siglo XXI. Existe un capítulo, por ejemplo, titulado “Conexión del yo” y que reflexiona sobre el rol paradójico que ocupan las tecnologías digitales en nuestra vida. Por la novedad del tema y la rapidez con la que se produjeron estos cambios en las últimas décadas no hay grandes conclusiones esbozadas en el capítulo, pero sí unos señalamientos que presentan elementos claves en relación, precisamente, a cualquier proyecto comunista y democrático. Debido a estas tecnologías, parecería haber “una reducción del espacio público – que incluye el político – junto a un ascenso del espacio privado e íntimo”. Esta “reclusión del individuo” implica una mayor enajenación del individuo de su medio social; de la ciudad se ha pasado cada vez más al espacio interior y a la casa. Además han modificado la economía, disparándose la industria de los servicios y de la información. Pero esta revolución tecnológica ha llevado a ciertos desafíos para la cultura dominante, no tan solo para movilizar rápidamente a grandes cantidades de personas, sino también para enfrentarse a la secretividad y el espionaje por parte de los Estados más poderosos, como lo son los ejemplos de Snowden y Wikileaks.

Entrado el siglo XXI y ante la expansión del capitalismo en esta fase globalizada, “difícilmente hay condiciones para desafiar el sistema mundial en las viejas formas revolucionarias”. Meléndez señala dos instancias que a la vez que albergan esperanza, podrían demostrar nuevos caminos a seguir. El primero es el llamado “socialismo del siglo XXI” de la América Latina, particularmente la experiencia política llevada a cabo en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Estos proyectos han logrado encabezar, por vías electorales, el Estado y desde él han realizado gestiones a favor de las mayorías trabajadoras, campesinas, indígenas, etc., a la vez que han promovido la participación popular. Habiendo inspirado al continente y a parte de la izquierda mundial, todavía queda por verse cuántos adelantos pueden lograrse de esta forma y desde el Estado. “Para que tuviese una dirección socialista tendría que existir un fuerte movimiento revolucionario de la clase trabajadora que elaborara la conciencia popular, de manera que la transformación fuera más allá de la gestión del Estado”. Desde el Estado no es posible producir una revolución socialista, por lo menos no a largo plazo. “Si bien debe dirigirse a alcanzar el gobierno, la estrategia socialista debe fundarse ante todo en la sociedad civil, es decir en la dimensión de la vida que no es estrictamente política (gobierno, partidos, legislación) y abarca la vida diaria”.


Meléndez es enfático al destacar la importancia a veces despreciada de asumir como el espacio político la sociedad civil, pues “el socialismo es – o debe ser – la transformación de la cultura”, cultura entendida como una palabra que “condensa la dimensión material, económica y tecnológica de la vida, y la psicología, moral y simbólica”. Dentro de todo espacio de la vida social, los valores capitalistas deben ser combatidos y en su lugar se deberán promover los valores cooperativos a los que aspira una sociedad comunista. “Producir una nueva dirección de la cultura vivida resulta esencial, ya que… una clase social que aspire a ser dirigente y no solo dominante, debe lograr ascendencia intelectual y moral, y no sólo fuerza y poder”.

La otra instancia también se encuentra dentro de la América Latina. En Cuba se dio una revolución de carácter socialista. Asumió la ideología que veía el Partido Comunista y el Estado como uno, en parte por la influencia del bloque soviético y en parte para sobrevivir la amenaza y el asedio de los Estados Unidos, que incluye un bloqueo económico perjudicial. Sin embargo, Cuba “ha logrado una participación popular y democrática” dentro de los límites de la ideología estalinista y de la poca información que se circula. El reto más grande que enfrenta Cuba, dice Meléndez, es precisamente “liberar el marxismo del estalinismo”, ejemplo que propulsaría la hipótesis comunista.

Una crítica que se le puede hacer a Breve resumen de la hipótesis comunista es la omisión de la problemática ambiental dentro del capitalismo. Si bien es cierto que esta no fue desarrollada por aquellos iniciadores de la hipótesis comunista, es hoy día uno de los problemas más apremiantes y que demuestran la total incapacidad del sistema capitalista para regirse armónicamente con sus alrededores. Es un espacio que en las últimas décadas ha sido fértil para el pensamiento marxista y que ha sido atendido en parte por los movimientos de izquierda en la América Latina que destaca Meléndez.

Habiendo dicho esto, también es cierto que por ser un “breve resumen” queda imposibilitado tocar todos los temas esenciales. Haber quizá abarcado más hubiera llevado a que fuera menos efectivo el texto.

Breve resumen de la hipótesis comunista me parece un libro útil para cualquier persona preocupada por el estado de la sociedad actual y de la economía. Aquí, claro, apenas se han esbozado algunas de las corrientes principales del texto. Para los curiosos que desean aprender más de aquella idea revolucionaria que ha movido a tantos, sirve como una introducción innovadora e intelectualmente incitante. Para quienes ya tienen alguna formación política, el enfoque amplio que Meléndez le da al movimiento comunista me parece que les resultaría refrescante y capaz de provocar nuevas reflexiones sobre la práctica política.


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Jorge Lefevre Tavárez es miembro de Democracia Socialista y de la Junta Editorial de momento crítico.