Radiografía del movimiento obrero (V)

Por Democracia Socialista



Este escrito pretende ser una contribución a la lucha obrera en Puerto Rico. Es nuestro interés generar una discusión lo más amplia posible con sectores del movimiento sindical y con personas afines a la lucha y que reconocen que la construcción de un mundo mejor debe ser dirigida y organizada colectivamente y desde la perspectiva de quienes producen las riquezas. En ese sentido, es un documento abierto y sujeto a enmendarse y a ser mejorado, producto de esa discusión y debate al interior de la clase. La forma de resolver la crisis del movimiento está por discutirse y desarrollarse. Adelantemos el proceso para que la clase obrera pueda convertirse en una fuerza dirigente de la sociedad justa y democrática a la que aspiramos.


[Nota de la Junta Editorial de momento crítico: por la extensión del documento, dividiremos su publicación en siete partes. Se publicará una parte cada domingo por los próximos meses. En el futuro, se hará una edición del documento descargable como folleto.]


Aunque esta radiografía se concentra en ofrecer un cuadro o panorama de la clase obrera y el movimiento sindical, para entender la coyuntura actual es de ayuda tener una idea de lo que ha sido la historia del movimiento obrero en Puerto Rico. Para propósitos de este escrito, dividiremos la historia del movimiento obrero desde 1898 en seis (6) grandes etapas, cada una con sus respectivos cambios internos que responden a las transformaciones en la economía y en el movimiento sindical.


Quinta etapa: las transformaciones del capitalismo global, la crisis en Puerto Rico y sus efectos sobre el movimiento obrero


La crisis económica del 1974-75 acabó con las esperanzas que el gobierno de Puerto Rico tenía en el proyecto petroquímico, que se pensaba sería la respuesta que resolvería muchos de los problemas y contradicciones de la economía insular. Esto, a su vez, tuvo un efecto profundo en la composición de la clase trabajadora y en la sindicalización.

Pero los efectos de esa crisis no vinieron a afectar únicamente a la economía de Puerto Rico. Marcaron un nuevo periodo en la historia del capitalismo. Por eso, es importante destacar, aunque sea brevemente, algunas de las transformaciones que vinieron a caracterizar la época que vino a conocerse bajo el nombre de neoliberalismo.

El neoliberalismo: el desmantelamiento del estado benefactor y la ofensiva contra y el movimiento obrero y las restricciones del capital

Un nuevo periodo en la historia de la economía capitalista comienza en los años alrededor y posteriores a la crisis del 1974-1975. La crisis representó el fin de un periodo de expansión mundial de las economías capitalistas, que inició al finalizarse la Segunda Guerra Mundial. Este periodo de posguerra incluyó, como hemos visto en el caso de Puerto Rico, la expansión de los aparatos estatales para proveer toda una serie de servicios y la promoción de cierto sindicalismo en distintos niveles de la sociedad.

La crisis de los 1970 representó un quiebre en el funcionamiento de la economía capitalista mundial de esa etapa previa. El capital, para recuperar sus ganancias y su funcionamiento normal, contestó. Es el momento en que las políticas hegemónicas a nivel internacional se enfrentan de manera agresiva contra los aparatos estatales - buscando golpearlos con recortes presupuestarios o su privatización social -, contra el movimiento obrero y contra las restricciones que el estado imponía sobre el movimiento del capital. A este conjunto de políticas públicas, y a esta etapa en la historia del capitalismo, los conocemos comúnmente bajo el nombre “neoliberalismo”.

La crisis a nivel mundial trajo consigo una reestructuración de los acuerdos sociales establecidos. Subsidios de parte del estado, derechos económicos y derechos laborales se van sustituyendo por políticas de capitalismo salvaje, acomodado a los intereses del capital. Los derechos económicos propios del estado benefactor, la visión asistencialista del estado como redentor de reclamos sociales, se desmorona. En Puerto Rico, como veremos más adelante, estos procesos se dan de manera distinta y tardías.


La crisis mundial y el excedente de capital en búsqueda de espacios de inversión implicó un empoderamiento del capital, especialmente el financiero, sobre el Estado. De la misma manera, la clase trabajadora, que había ganado espacios importantes en la sociedad, se ve ahora desprovista de pasadas ganancias políticas sociales y económicas. Durante esta época, y como una manera de contrarrestar la crisis y aumentar las ganancias de la clase capitalista, a nivel global se atacará al sindicalismo y a las concesiones más básicas del movimiento obrero de manera frontal, pues se les considera – correctamente – como el principal obstáculo del proyecto neoliberal. Parte fundamental de ese contrato social que va desapareciendo es la visualización de la organización sindical y la negociación colectiva como elementos fundamentales del desarrollo de una clase trabajadora bien remunerada que constituye una llamada clase media.

Por otro lado, las políticas dirigidas hacia el capital también se transforman, eliminando las restricciones al flujo de capital y de las mercancías e impulsando la desreglamentación de los mercados, incluyendo el mercado de trabajo, todo en aras de aumentar las ganancias del sector privado.

Esta política pública descrita brevemente es la que todavía hoy día es hegemónica a nivel global.

Las ilusiones perdidas del proyecto petroquímico

Desde mediados de la década del 50, hasta comienzos de los 70, el gobierno de Puerto Rico puso sus esperanzas para el desarrollo económico en el proyecto petroquímico que tendría su base en el sur de la isla:


“Ningún otro proyecto en el interior del proceso de industrialización de Puerto Rico generó un entusiasmo comparable al complejo petróleo-químico. No podemos olvidar que con el establecimiento de las dos primeras refinerías, a mediados de la década del 50 del siglo pasado, Muñoz Marín hizo proyecciones sorprendentes. Sobre todo, las vio como un signo de que Puerto Rico no dependería ‘tan grandemente como hace algún tiempo de factores ajenos a su voluntad’. La ilusión de Muñoz Marín se puede comprender al comparar el tipo de inversión de esta nueva industria con la inversión en la industria liviana. El nivel tecnológico exigía una cantidad mucho mayor de capital. Aunque se creaban proporcionalmente menos empleos, los salarios eran más elevados y se esperaba que tuvieran mayor estabilidad y duración. No fue hasta la segunda década de su existencia que el complejo adquirió un ritmo de desarrollo con una proyección notable de su impresionante posibilidad de expansión” [1]. En 1965, el gobernador Sánchez Vilella se refiere al proyecto del complejo petroquímico como uno de necesidad crítica para el desarrollo económico de Puerto Rico[2].

Como señala Félix Córdova en su trabajo, “las proyecciones grandiosas nunca se materializaron. El complejo petróleo-químico entró en una crisis decisiva a partir de 1973, poco antes de la recesión sincronizada que sacudió a los países capitalistas desarrollados de 1974-75”.

La crisis que tiene sus bases en la economía mundial se ve magnificada en el caso de una colonia dependiente. A partir de ella, y del desplome del proyecto petroquímico, se da un viraje importante en el desarrollo económico y social en el país.

Con el propósito de contrarrestar la crisis económica, se crea la Sección 936 del Código de Rentas Internas del gobierno federal, y se aprueba una nueva Ley de Incentivos Industriales en Puerto Rico para fortalecer la inversión estadounidense en la isla [3].

El modelo económico del Estado Libre Asociado y la Operación Manos a la Obra, en un momento dado, se implementó para intentar resolver una serie de problemas – alto desempleo, bajos salarios, falta de autonomía política. Ahora, con la Sección 936, se continuaba con la lógica de atraer al gran capital a través de políticas de exención contributiva, pero sin poder paliar ninguno de los problemas previamente descritos. La llegada de las industrias del 936, de una alta composición orgánica – es decir, que invierten mucho capital en maquinaria y materiales pero generan pocos empleos – se convirtió en una respuesta insuficiente para las contradicciones de la economía colonial.

Por la misma incapacidad del sector privado para generar empleos, veremos una particularidad de la economía en Puerto Rico durante el periodo neoliberal durante lo que conforma la quinta etapa de nuestra periodización de la historia del movimiento obrero: la expansión del sector gubernamental. Como se dijo brevemente en páginas anteriores, el gobierno se expandió como una manera de contrarrestar la pérdida de empleos producto de la crisis y la falta de capacidad privada para generarlos.


El caso de Puerto Rico contiene otra particularidad. Dadas las contradicciones de la relación colonial, fue durante este periodo que grandes cantidades de ayudas sociales federales comienzan a llegar a Puerto Rico, en momentos en que se extiende, también el salario mínimo federal a la isla. Así, aumenta de manera significativa el flujo de fondos federales a Puerto Rico, producto de la extensión al país del programa de sellos de alimentos del gobierno federal. Es decir, para la vida concreta de la clase asalariada, en el momento en el que el estado benefactor empieza a disolverse, llegan ayudas adicionales del gobierno federal.


Se agotó el modelo de Manos a la Obra, que vino a ser la respuesta económica de desarrollo, dentro de las relación colonial, del Partido Popular Democrático. Se agudiza aún más la dependencia de la economía colonial hacia la metrópolis, a través de la Sección 936 y la entrada masiva de fondos federales. El proyecto colonial-autonomista se agota en el momento en que la influencia federal se redobla. La época del neoliberalismo, por tanto, fortalece la relación colonial y la dependencia, tanto en su manifestación autonomista como en la anexionista, ambas incapaces de presentar un modelo económico alterno a la crisis estructural por la que se atraviesa. Este cuadro complejo es parte de la realidad contradictoria que se vive.


Cuando hacemos referencia a una crisis económica estructural, hacemos referencia a que el problema en la economía no es solo producto de una de las crisis reiteradas que ocurren en la historia del capitalismo, sino que estamos frente a una estructura económica que es incapaz de superar sus propias contradicciones para poder desarrollarse de una manera “normal”, dentro de la lógica del capitalismo. En la década de los 1970, Puerto Rico entró en una crisis estructural: el modelo que en una coyuntura dada le funcionó para producir un crecimiento económico sostenido - aunque con sus contradicciones inherentes -, sencillamente, se agotó. Y, sin embargo, Puerto Rico comienza a vivir una crisis económica estructural permanente disfrazada. Primero, por el flujo de fondos federales. Se produce un disloque en la actividad productiva y el consumo. La Sección 936, a su vez, suple de capital a la banca local y provee una cantidad de empleos que, aunque reducida, tiene una remuneración alta (aunque siempre menor a su equivalente en los Estados Unidos). El problema de fondo quedó oculto, en gran medida, por estos dos factores, hasta la crisis del 2006, que comentaremos más adelante.

Previo a esta crisis estructural, y como parte de los modelos que regían en la economía capitalista mundial, el Estado Libre Asociado podría auspiciar cierto sindicalismo como parte de su visión de las tareas del estado benefactor: cierto sindicalismo, por supuesto, corporativo y burocrático, como hizo durante las décadas del 1940 y 1950. Sin embargo, posteriormente, la lógica neoliberal vendrá a acabar con este espacio para la organización sindical: cualquier intento de organización obrera vendría a dislocar el mercado y la oferta y demanda de la fuerza de trabajo (según la lógica burguesa), por lo que habría que combatirlo [4].


Los efectos de esta nueva época económica en el movimiento obrero


La crisis económica y la recesión generalizada a partir de 1973-74 provocó una amplia y agresiva ofensiva patronal contra conquistas del movimiento obrero en Puerto Rico, ofensiva que se extiende hasta nuestros días. El ataque a la propia existencia de los sindicatos logró no solo detener el avance sindical en el sector privado, sino echarlo atrás y marcar un descenso significativo en este sector clave de la economía del país. Con el fortalecimiento del sector gubernamental, la lucha por la sindicalización de empleados del sector público cobró fuerza. Tanto Rafael Hernández Colón, como Carlos Romero Barceló, quienes gobernaron a Puerto Rico alternadamente durante 20 años a partir de 1972, prometieron en diversos momentos la sindicalización de empleados públicos, y luego se opusieron a ella cuando tenían el poder de llevarla a cabo. No fue sino hasta 1998 que Pedro Rosselló la aprobó, bajo condiciones muy precarias para la lucha obrera, como veremos más adelante.


Por otro lado, la empresa privada comienza su declive con respecto a su capacidad para crear empleos. Ello se traduce en un declive de la organización obrera en el sector privado, tanto en las tasas de sindicalización como con respecto a la fuerza de estos sindicatos dentro del movimiento obrero y de la sociedad puertorriqueña en su conjunto. Las razones para esta transformación son múltiples. Primero, varios sectores de la industria privada que se encontraban sindicalizados, como aquellos de la industria petroquímica (entre ellas, la propia CORCO), cerrarían sus talleres al llegar la crisis mundial de la década del 1970 y el debacle de esta industria en Puerto Rico. Segundo, las nuevas industrias que se establecieron en Puerto Rico a partir de la Sección 936 serían industrias de una alta composición orgánica del capital. Estas resultaron ser de difícil acceso para los sindicatos, debido a las condiciones laborales relativamente positivas de los empleados (aunque siempre peores que sus pares en Estados Unidos) como a otros factores que incluyen una política patronal de cero tolerancia a la sindicalización. Los derechos constitucionales de sindicalizarse se hacían letra muerta con esta ofensiva patronal. Finalmente, es en la década del 1970 donde se acentúa la incapacidad total de la empresa privada en Puerto Rico para generar una cantidad significativa de empleos. Como se dijo anteriormente, el empleo público aumentaba mientras el empleo privado disminuía o se estancaba, por lo que el sindicalismo del sector público cobra mayor importancia. Por todas estas razones, el peso del sindicalismo recaerá sobre los trabajadores del sector público, al inicio de la época en la historia del capitalismo mundial en que se buscará desmantelar lo mayor posible del Estado benefactor: la época del capitalismo neoliberal.

En este nuevo escenario la organización sindical va reduciéndose a nota al calce en el juego político de la sociedad capitalista colonial. Cuando antes se luchaba por ganar espacios de derechos políticos, sociales y económicos, en ese momento se comenzó a luchar por no perder lo que ya se tenía.


Notas


[1] Félix Córdova Iturregui, “El Complejo industrial petróleo-químico: la criatura dorada de Fomento (VI)”, momento crítico, 21 de febrero de 2021.


[2] Supplemental Statement of Rafael Durand, Administrator, Economic Development Administration, Commonwealth of Puerto Rico, in the Matter of Oil Imports into Puerto Rico, sin fecha, pp. 26-27.


[3] “La Sección 936, como parte del Código de Rentas Internas del gobierno federal fue creada mediante una reforma fiscal federal en 1976. El gobierno de Puerto Rico aprobó, a su vez, una nueva Ley de Incentivos Industriales en 1978. El propósito de ambas medidas fue estimular el proceso de acumulación de capital en el interior de la economía de Puerto Rico”. Félix Córdova Iturregui, “Después de la crisis de 1973–75: los nuevos rumbos de la economía (VIII)”, momento crítico, 19 de abril de 2021.


[4] Cualquier concesión a la organización sindical será una herramienta paradójica para debilitarlo. Esto ocurrirá más adelante, por ejemplo, durante la gobernación de Pedro Rosselló, cuando el gobierno permitió la entrada de cierto sindicalismo bajo la Ley 45 como una manera de dividir al movimiento obrero que se encontraba en una etapa intensa de lucha.