Mensaje en el 60mo Aniversario de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios

Por Ángel Rodríguez Rivera

[El siguiente texto sirvió de base para el Mensaje del Presidente de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios leído en la conmemoración oficial de los 60 años de de esa organización. La actividad, bajo el nombre "60 años de lucha, ¡y seguimos en pie!, por la docencia y nuestra Universidad", se celebró el sábado, 2 de octubre de 2021, en el Vestíbulo de la Facultad de Educación del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico]


Muy buenas tardes. Mi nombre es Ángel Rodríguez Rivera. Soy nacido en Cayey. Soy el fruto de una familia, de parte de padre, de clase trabajadora. Mi abuela y abuelo, trabajadores del tabaco, residentes del Barrio San Tomas, clásico arrabal urbano compuesto de personas del más bajo estrato social de la clase trabajadora. Un barrio pobre, plagado de problemas que aquejan a esos sectores. Sin embargo, también está lleno de los elementos de la solidaridad que caracterizan a barriadas puertorriqueñas. Barrios en donde la pobreza y la precariedad se convierten en lazos familiares.


De parte de mi madre, vengo de una familia que, como miles de puertorriqueños, tuvieron que sumarse al ejército norteamericano para poder subsistir. Con un abuelo que fue veterano de tres guerras y una madre que creció como extranjera fuera de Puerto Rico la mayor parte de su vida. Esa vida de inmigrantes militarizados por las necesidades económicas marca el inicio de lo que me constituye hoy.


Crecí en Levittown, urbanización de clase trabajadora que ejemplificó el desarrollo de la acumulación fordista que marcó la segunda mitad del Siglo XX en Puerto Rico. Soy de escuela pública. Soy hijo de la precariedad, hermano de la esperanza. Soy el producto de la lucha social, política y económica de quienes me preceden. Y es así porque, por línea de familia, también soy el hijo de las huelgas de maestros/as y telefónicos/as en los años 70. Soy el heredero de dirigentes de la huelga universitaria del 1973 en el Colegio Universitario de Cayey. Soy descendiente de la lucha histórica por la independencia y el socialismo en Puerto Rico. La historia me da la oportunidad y el orgullo de hablar en nombre de la Junta Nacional en este, el 60 aniversario de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU).


(foto tomada de la página de Facebook de la APPU)


Hoy estamos celebrando. Este es un día de fiesta, alegría y orgullo. La APPU cumple 60 años. Son seis décadas de ser orgullosamente universitarias. Son años de ser docentes organizados/as valientemente por mejores condiciones de trabajo, una mejor universidad, un mejor país. El 9 de marzo de 1961 Arturo Meléndez, Ramón Meléndez, Margot Arce de Vázquez y Sylvia Viera, entre otros/as grandes forjadores de conciencia laboral entre la docencia de la Universidad de Puerto Rico, se dieron a la tarea titánica de formar un gremio docente que se viera a sí mismo como organización de trabajadores/as de educación universitaria. No fue la fundación de un club social. Fue la creación de una organización enmarcada en las luchas de clase y políticas de la época. Celebramos la valentía de esos/as compañeros/as.


Nuestra organización se crea a solo 9 años de la fundación del Estado Libre Asociado. Es decir, se funda en pleno proceso de integración desigual de la colonia en el régimen fordista de acumulación de riqueza de los Estados Unidos. Es el momento en que el poder imperial en nuestro archipiélago se consolidaba como potencia mundial. Se respiraba un aire de triunfalismo en el bloque dominado por las potencias que ganan la Segunda Guerra Mundial. Es el momento del establecimiento de la Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy. Todo parecía indicar que la hegemonía accidental del capitalismo y el “nuevo contrato social” fordista quedaba incuestionado en la colonia.


Sin embargo, otro campo de acción de resistencia social y política también estaba en proceso. El triunfo de la Revolución Cubana, dos años antes (1959), crea, en el espectro político caribeño otras posibilidades. Los sectores de resistencia al capitalismo mundial advenían a elementos de fuera. Además del Caribe, se cuajaban movimientos de resistencia en otras partes del llamado tercer mundo. Ejemplo de esto lo fue el asesinato de Patrice Lumumba, líder del movimiento panafricanista, quien señaló elocuentemente: “Sin dignidad no hay libertad. Sin justicia no hay libertad. Sin independencia no hay hombres libres”. La fundación que hoy celebramos se da en el contexto de un mundo convulso, contradictorio y necesitado de voces de resistencia que resonaran en los sectores populares, clase trabajadora y la intelectualidad de la isla. La APPU llegó y se constituyó como parte de esos procesos. Por eso la importancia de celebrar este aniversario.


Desde el momento de su fundación, la APPU supo andar por dos paseos paralelos, con diferencias pero igual de importantes en el mundo político de la Universidad de Puerto Rico y el país. Por un lado, la inquebrantable lucha por una mejor universidad. Como académicos de altura, nuestros/as fundadores/as tomaron en serio la necesidad de la defensa de una universidad democrática, accesible y de calidad. La exigencia continua y firme de la autonomía universitaria se convertiría en punta de lanza de la APPU desde sus comienzos.


Por otro lado, las condiciones laborales de los docentes y la exigencia de derechos laborales también estuvieron presentes en todas las instancias de los primeros años de la organización. Como dije anteriormente, esto no es y nunca fue un club social. Nunca fue concebida como un mero gremio profesional. Nunca se alejaron de concepciones y visiones sindicales relacionadas a posiciones de clase social. Esas visiones acercaron a nuestra organización, desde su fundación, al resto del movimiento obrero y sindical en Puerto Rico. En palabras de la poetisa Norma Vermelha, al interior de la universidad fuimos “un clamor generalizado, la rebelión”. Por eso celebramos hoy. Porque seguimos viendo el mundo desde esa óptica de amplitud política, económica y social que corre tras la defensa de la universidad y la defensa de la justicia social del país.



La firmeza de la APPU continuó en la convulsa década de los ‘70. Cuando conflictos laborales en el 1973 y 1976 se dieron en la UPR, la APPU estuvo presente y solidaria. Este periodo logra la fundación de la Hermandad de Empleados Exentos no Docentes y el desarrollo de lazos de solidaridad entre grupos organizados desde la docencia y la no docencia universitaria.


La década de los ‘80 presenta nuevos retos para Puerto Rico, la universidad y la APPU. El modelo económico fordista comienza a ofrecer indicadores de derrumbe. Las políticas keynesianas de estado benefactor, aunque no eliminadas, comienzan a ser amenazadas. La UPR vio esto a través de la imposición de un alza de 300% en el costo de estudio en la institución. Esto fue recibido con resistencia organizada y masiva. La huelga de estudiantes en el 1981 convulsionó al país y fue recibida con toda la fuerza represiva que el estado tuvo a su alcance. Ante la represión, la solidaridad de la APPU fue clara y sin tapujos. Muchos de nuestros/as compañeras se cruzaron de brazos frente a la fuerza de choque para defender al estudiantado del abuso asesino, vergonzoso y burdo de la policía de Puerto Rico. Lo hicieron porque la APPU defiende a la universidad. Porque la APPU defiende lo que es justo. Pero, sobre todas las cosas lo hicieron porque la APPU defiende a nuestros estudiantes PRIMERO. Para masacrar a nuestras estudiantes tienen que pasar por encima de la docencia universitaria. Eso es motivo para celebrar 60 años de la APPU.


Hoy también festejamos porque en la década de los ‘90 dimos un nuevo paso en la consecución de lo que es una de las metas fundamentales de la APPU desde su fundación: la negociación colectiva y el reconocimiento de nuestra organización como sindicato docente. Se llevó la petición de elecciones sindicales a la Junta de Relaciones del Trabajo. El Tribunal Supremo, dirigido por el Partido Popular Democrático, nos derrotó. Sin embargo, perdimos esa batalla, pero no perdimos la guerra. Ante esa victoria pírrica, el patrono se confió. Pensó que la APPU desaparecería. Que la organización laboral más longeva y de mayor historia de la UPR se amilanaría ante una decisión disparatada y cegada por los intereses político-partidistas del Partido Popular Democrático. Por el contrario, nos apertrechamos, nos reorganizamos, crecimos, fundamos nuevos capítulos y crecimos exponencialmente. Lo que había sido una organización relacionada con el recinto de Río Piedras se convierte en una organización de carácter realmente nacional.


El nuevo siglo implicó nuevas luchas universitarias. La crisis económica, la agudización de las desigualdades en el país y el desmantelamiento continuo del estado como asistencia social para los sectores precarizados en Puerto Rico creó la tormenta perfecta para el surgimiento de nuevas luchas. El aumento en los costos de estudios llevó a un proceso huelgario en el año 2005. En el 2010, la agudización de la crisis condujo a una huelga estudiantil histórica. Todos los recintos de la UPR estuvieron en huelga. La APPU volvió a decir presente de manera clara, solidaria y afirmativa. La docencia del recinto de Cayey (que luego se convertirían en capítulo de Cayey de la APPU) tomó el ejemplo de aquellos profesores del 1981 y le hicieron frente a la fuerza de choque de la policía de Puerto Rico para defender al estudiantado que valientemente defendía la universidad. Con el grito de “estos son nuestros estudiantes y a nuestros estudiantes los defendemos hasta las últimas consecuencias” establecimos una alianza fundamental.


La segunda década del nuevo siglo también implicó la consolidación de nuestra organización como una de carácter nacional. Seis presidencias de la Junta Nacional de la APPU en los últimos 15 años han sido compañeros/as fuera del recinto de Río Piedras. Se han creado nuevos capítulos. Ya llegamos a 9 capítulos en 8 recintos. Nuestra presencia pública se ha magnificado. La APPU tiene el respeto de todos los sectores sindicales y obreros en el país. Ese respeto es el resultado de la militancia y solidaridad constante.


En la actualidad estamos ante un escenario nuevo e interesante. El Tribunal Supremo de Puerto Rico decidió que la Universidad de Puerto Rico es patrono bajo la ley 130. Eso abre toda una gama de posibilidades para la consecución de la negociación colectiva. Es un escenario nuevo que nos regresa a esa meta histórica. La UPR está cada vez más politizada. Los espacios deliberativos que daban a la comunidad universitaria una esperanza de poder decisional al interior de la institución se disiparon con el devenir politiquero. El nombramiento de líderes de barrio de los partidos políticos hegemónicos como dirigentes universitarios desenmascaró la ausencia de democracia en la UPR. El crecimiento de un cuerpo docente sin plaza, sin derechos, sin consideraciones, sin posibilidades en el funcionamiento actual, no puede resolverse a través de los cuerpos deliberativos de la UPR. Necesitamos nuevos mecanismos. “Situaciones extraordinarias requieren acciones extraordinarias”, dice un viejo adagio. Sin embargo, en la Universidad de Puerto Rico, la ausencia de democracia, participación y respeto a los/as trabajadores/as de la educación es la norma. Es una situación ordinaria que requiere una acción extraordinaria: la negociación colectiva. Hacia eso nos dirigimos con fuerza, creatividad y firmeza. Estoy seguro de que esta vez SÍ lo lograremos. ¡Por eso celebramos!


A 60 años de nuestra fundación celebramos porque seguimos con la fuerza necesaria para seguir defendiendo la universidad en todos los niveles. Festejamos porque a corto, mediano y largo plazo estamos en posición de fortaleza para seguir dando las batallas que nos ubican en el lado correcto de la historia; porque defendimos, defendemos y defenderemos la UPR en todos los espacios necesarios. Seguiremos haciendo las exigencias y reclamos a la Junta de Control Fiscal. Mantendremos y magnificaremos nuestros reclamos ante el Congreso de los Estados Unidos, señalando y denunciando la condición colonial de Puerto Rico y el efecto que tiene sobre la UPR. Continuaremos gritando la indignación ante los abusos de los gobiernos de turno. Esos que usan la universidad como botín político a expensas de los mejores intereses de los sectores pobres, precarizados y trabajadores de Puerto Rico. Reclamaremos ante la Junta de Gobierno de la UPR, la presidencia, rectorías, decanatos y direcciones departamentales, el respeto a la docencia y sus condiciones laborales. Nunca claudicaremos en la defensa de nuestros/as asociados/as y toda la docencia de nuestra institución. Por eso nos fundamos y por eso celebramos 60 años.

Pero nuestra lucha trasciende los portones de la universidad. No pensamos a la APPU como simple grupo sindical. Nuestra organización fue, es y será un instrumento de lucha, concienciación y cambio social. Por eso llevamos años participando, junto a otros sectores en estos esfuerzos de país. Hemos ido de frente y sin miedo defendiendo lo que entendemos es correcto para Puerto Rico. No un Puerto Rico genérico. Un Puerto Rico que se pinta de los colores de la precariedad, desigualdad, injusticia, buscando sustituirlo por un Puerto Rico de solidaridad, equidad y justicia. Desde esa perspectiva aportamos a sacar un gobernador. Y lo hacemos porque 60 años de lucha nos han delineado el camino para entender que los actos revolucionarios son múltiples, continuos y, en ocasiones, imperceptibles, pero siempre presentes.


Sesenta años de la APPU nos enseñan que no basta luchar y exigir al interior de la universidad. Es imperante construir un mundo donde la explotación y la opresión no guíen el quehacer universitario y académico. No podemos seguir en un mundo donde, como dice Eduardo Galeano, “los políticos dicen, pero no hablan… los jueces condenan a las víctimas…las ganancias se privatizan… es más libre el dinero que la gente”. Un mundo más justo hace un país más justo, una universidad más justa, unas relaciones interpersonales basadas en la equidad. Eso no llega por arte de magia. Requiere acción. Por eso le decimos a nuestra docencia, ¡“levántate!, revuélvete!, ¡resiste!”.


Para terminar, festejamos el 60 aniversario porque a través de su historia, la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios defiende y trata de mejorar lo que está bien. Lo que está mal lo combatimos y damos la lucha para cambiarlo; y lo que no existe nos lo inventaremos para el disfrute de todes.


¡Que viva la APPU!

¡Que viva la negociación colectiva!

¡Que viva la UPR!

¡Que viva Puerto Rico!

Muchas Gracias.