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La guerra genocida sionista y sus cómplices

Por Gilbert Achcar


Traducción a cargo de César J. Ayala



La verdad es que la actual agresión contra Gaza constituye, de la forma más clara posible, una guerra genocida que incluye asesinatos en masa y "limpieza étnica", dos crímenes contra la humanidad en la clasificación del derecho internacional. Estos crímenes superan cualitativamente todo lo cometido por las fuerzas armadas sionistas desde 1949 hasta hoy y son comparables a lo ocurrido durante la Nakba. Incluso superan a esta última en términos de intensidad de matanza, destrucción y desplazamiento.

A veces oímos decir a quienes desean mitigar el impacto de lo que el Estado de Israel ha estado haciendo desde la Operación Inundación Al-Aqsa que, de todos modos, estaba cometiendo crímenes a diario y librando guerras periódicas, de modo que su nueva embestida contra Gaza no es más que una continuación de este viejo y permanente patrón. Es cierto, por supuesto, que el crimen y la agresión son dos pilares fundamentales del Estado sionista como Estado colonial de colonos basado en la guerra y la "limpieza étnica". Sin embargo, restar importancia a la actual agresión contra Gaza y negar que sea cualitativamente distinta de todas las tragedias anteriores que ha sufrido el pueblo de Palestina desde la Nakba hasta nuestros días, converge con las falacias que los sionistas y sus partidarios intentan difundir al pretender que las cifras de muertos procedentes de Gaza son exageradas con fines propagandísticos.


La verdad es que la actual agresión contra Gaza constituye, de la forma más clara posible, una guerra genocida que incluye asesinatos en masa y "limpieza étnica", dos crímenes contra la humanidad en la clasificación del derecho internacional. Estos crímenes superan cualitativamente todo lo cometido por las fuerzas armadas sionistas desde 1949 hasta hoy y son comparables a lo ocurrido durante la Nakba. Incluso superan a este última en términos de intensidad de matanza, destrucción y desplazamiento. La Nakba de 1947-1949 fue una guerra cuyo objetivo era apoderarse de la tierra de Palestina y practicar una "limpieza étnica" sobre ella, en la cual la abrumadora mayoría de la población del territorio ocupado se convirtió en refugiados, mientras que un número de ellos estimado en más de 11.000 fueron asesinados, de los aproximadamente 1,3 millones de habitantes árabes de Palestina en aquel momento.


En cuanto a la actual agresión contra Gaza, hasta ahora, en menos de siete semanas, ha causado aproximadamente 15.000 muertos, como mínimo, de los aproximadamente 2,4 millones de habitantes de la Franja de Gaza, con más de la mitad de ellos desplazados desde el norte de la franja hacia su sur en preparación para su desplazamiento fuera de Palestina, como desean los círculos sionistas de extrema derecha, o al menos su reunión en la frontera egipcia en campos de refugiados que servirían como campos de concentración bajo la supervisión del ejército israelí. Y estos son sólo los resultados de la primera fase de la agresión sionista, dirigida contra la parte norte de la Franja de Gaza, a la que debería seguir una segunda fase centrada en su parte sur, lo que agravaría enormemente el número de víctimas.


Esto está ocurriendo mediante una locura de matanza y destrucción que supera todo lo presenciado en las guerras mundiales desde el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón en 1945. El asunto ha llegado a tal punto que el New York Times ha revelado el horror de lo que está ocurriendo, a pesar de que el gobierno estadounidense es cómplice directo de la agresión. Fue en un artículo de Lauren Leatherby, publicado el día 25 de este mes, bajo el título "La población civil de Gaza, bajo un torrente de fuego israelí, está siendo asesinada a un ritmo histórico". La autora del reportaje explicaba que la cuestión no sólo está relacionada con el ritmo de los bombardeos, que ascendían a 15.000 impactos hasta la actual tregua, sino también con su calidad, ya que Israel ha estado utilizando de forma extensiva bombas de 2.000 libras (900 kilogramos), poco utilizadas desde la Segunda Guerra Mundial y las guerras de Corea y Vietnam.


El informe cita a militares estadounidenses que afirman que casi nunca han utilizado un calibre semejante en el presente siglo, y que han evitado usar incluso bombas de 500 libras porque son demasiado grandes para lanzarlas en zonas urbanas pobladas, como Mosul en Irak o Raqqa en Siria durante la guerra contra el ISIS. Durante la batalla de Mosul, que comenzó en octubre de 2016 y duró nueve meses, murieron unas 10.000 personas entre víctimas del ISIS y víctimas de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, es decir, dos tercios de los muertos por la campaña israelí en Gaza en menos de siete semanas.


Lo que hace que estas cifras sean aún más peligrosas y horribles es que alrededor del 70% de los muertos por la maquinaria genocida sionista en Gaza son mujeres y niños, un porcentaje enorme sin paralelo en ninguna guerra contemporánea. El informe del New York Times afirma que el número de niños que murieron bajo el bombardeo israelí en Gaza durante las últimas siete semanas supera el número total de niños muertos el año pasado en todas las guerras que tuvieron lugar en diversos escenarios mundiales, incluida la guerra de Ucrania que comenzó en febrero de 2022.


Otro informe publicado por el Washington Post el 13 de este mes afirmaba que el número de niños muertos por Israel en Gaza durante el primer mes de sus demenciales bombardeos superaba el número de niños muertos en las guerras de Yemen e Irak, y ascendía a un tercio del número de niños muertos durante diez años de guerra en Siria. El periódico comparaba los 4.125 niños muertos en Gaza en un mes con las siguientes cifras medias de niños muertos en un mes de combates en Irak (19), Yemen (41), Afganistán (56) y Siria (100). No es ningún secreto que el asesinato de niños, en particular, es una característica flagrante del genocidio, ya que expresa la voluntad de aniquilar al pueblo designado.


Todos estos datos demuestran la gran gravedad de la guerra genocida emprendida por el Estado sionista contra el pueblo de Gaza desde la Operación Inundación Al-Aqsa. Esto no es sorprendente, ya que la extrema sed de venganza generada entre los judíos israelíes, combinada con la presencia de la extrema derecha sionista en el poder, hacía muy previsible una violencia tan demencial. El asunto era fácil de prever, y de ahí la gravedad, realmente inmensa, del apoyo prestado por los gobiernos occidentales a la embestida sionista con el pretexto del supuesto derecho de Israel a la "autodefensa" (el número de personas que ha matado hasta ahora supera diez veces el de las que perdió como consecuencia del diluvio de Al-Aqsa) —un apoyo que llegó incluso a rechazar el llamamiento al alto el fuego, además de que Estados Unidos, Alemania y otros países enviaron refuerzos militares a Israel y al Mediterráneo oriental en apoyo de la embestida israelí. Es la primera vez desde mediados del siglo pasado que estos gobiernos apoyan abiertamente una guerra genocida. Lo que es aún más grave es la complicidad de los gobiernos de los países árabes, que hasta ahora se han abstenido de militarizar el petróleo a pesar de ser conscientes de que constituye el medio de presión más fuerte en su poder que puede ayudar al pueblo de Palestina. Ello se debe a que los países occidentales temen hoy que los precios del petróleo vuelvan a subir, no sólo por razones económicas sino también y sobre todo porque ello serviría a los intereses de Rusia para financiar su guerra contra Ucrania, en un momento en que se enfrenta a dificultades en este sentido.


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(Traducido de la versión en inglés publicada en https://gilbert-achcar.net/zionist-genocidal-war (11/29/2023). El original árabe fue publicado en Al-Quds al-Arabi el 28 de noviembre de 2023. Siéntase libre de republicar o publicar en otros idiomas, con mención de la fuente.)


Gilbert Achcar es profesor de Estudios de Desarrollo y Relaciones Internacionales en SOAS, Universidad de Londres. Entre sus libros se encuentran: El choque de barbaries: la creación del nuevo desorden mundial; Dangerous Power: The Middle East and U.S. Foreign Policy, con Noam Chomsky; Los árabes y el Holocausto: la guerra árabe-israelí de narrativas; El pueblo quiere: una exploración radical de la insurrección árabe; y La nueva Guerra Fría: Estados Unidos, Rusia y China, de Kosovo a Ucrania.


César J. Ayala es profesor de sociología en UCLA. Es co-autor, con Laird Bergad, de Agrarian Puerto Rico: Reconsidering Rural Economy and Society, 1899-1940 (Cambridge University Press, 2020). También es autor de American Sugar Kingdom: The Plantation Economy of the Spanish Caribbean, 1898-1934 (University of North Carolina Press, 1999).

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