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La fantasía de la normalidad. El neoliberalismo, la familia y la nueva derecha

Por Cinzia Arruzza


Traducción de Cristina Pérez Reyes.


En un comentario publicado en New York Magazine en 2018, Andrew Sullivan advierte al movimiento LGBT contra sus "excesos" izquierdistas, que corren el riesgo de poner en peligro los logros del movimiento por los derechos de la comunidad LGBT [o derechos gay, como se refiere la autora a ellos] y de abrir las puertas a una derecha reaccionaria en ascenso:


"Me temo que la era Trump no se trata solo de esta horrible vergüenza de presidente. Esta era también es impulsada por una reacción de muchas personas comunes y corrientes a los excesos de la izquierda alineada con justicia social, sobre asuntos de inmigración, raza, género y orientación sexual. Si el movimiento por los derechos gay decide unirse a este nuevo izquierdismo y abandonar la moderación y el integracionismo del pasado reciente, corren el riesgo de convertir la igualdad gay de ser un proceso de beneficio mutuo para gays y heterosexuales en una guerra entre personas "LGBT" y el resto"[i].


El comentario de Sullivan se refiere a una encuesta de GLAAD que, según él, mostraría que el apoyo a los derechos LGBTQ se ha estancado (una interpretación cuestionable de una encuesta que concluye que el apoyo a la igualdad de derechos para las personas LGBTQ se mantiene estable en el 79%) [ii]. La visión de Sullivan no es aislada y los enfoques análogos a la cuestión del aumento de las fuerzas de derecha en todo el mundo también han comenzado a extenderse entre los académicos y comentaristas que se consideran a sí mismos de izquierda, no solo en relación con el género y la sexualidad, sino también con respecto a las políticas migratorias [iii]. En la versión izquierdista de este argumento, las fuerzas de derecha en ascenso expresan una reacción popular a la fusión tóxica del neoliberalismo, las políticas de identidad y el cosmopolitismo que ha dejado rezagada a la gran masa de la población trabajadora y pobre, la llamada "gente normal" [iv].


Sin embargo, varias encuestas recientes sobre las creencias de las personas con respecto a las libertades sexuales, las identidades de género y los derechos al aborto, de países tan diversos como Estados Unidos, Italia y Brasil, ofrecen cierto desafío a esta interpretación de las tendencias electorales recientes [v].


A base de estas encuestas, parecería que las campañas y movilizaciones feministas y LGBTQ han tenido éxito en contribuir a cambiar la opinión popular a lo largo de los años a favor de ampliar los derechos y libertades individuales, incluido el acceso al aborto. Esto obviamente ha venido con cierta reacción social y cultural, pero las diversas encuestas disponibles muestran que los sentimientos anti-gay, anti-trans y anti-aborto en países gobernados por la nueva extrema derecha, como Brasil, Italia y los Estados Unidos, se han mantenido en varios casos como posiciones minoritarias y, donde no lo son, están perdiendo progresivamente atractivo social. ¿Por qué, entonces, la cruzada contra la llamada "ideología de género" – un término despectivo acuñado por el Vaticano – se ha convertido en un principio central de la nueva extrema derecha y cómo ha llegado a ser percibida como representativa de las creencias populares generalizadas [vi]?


(foto de la autora)


Para aclarar este asunto primero debemos calificar la actual reacción violenta de la derecha como una reacción que ha sido política e institucionalmente orquestada, y no como una que surge de la reacción espontánea de la gente a los "excesos" de las campañas feministas y LGBTQ. El ejemplo del Congreso Mundial de las Familias es revelador sobre este aspecto [vii]. La acción concertada de funcionarios electos, representantes de la iglesia, organizaciones de base y activistas de derecha de las redes sociales opera como un amplificador de temores, inseguridades y prejuicios que, de hecho, existen en el electorado, pero que están lejos de representar lo que la mayoría piensa en términos de libertades sexuales, identidades de género y derechos de las mujeres. Esta amplificación concertada de preocupaciones y temores, en la que el uso de las redes sociales por parte de nuevos líderes de extrema derecha como Trump, Bolsonaro o Salvini ha jugado un papel clave, ha logrado alimentar la percepción social de que existe una supuesta mayoría de "personas normales" hostiles a los derechos de las mujeres y las personas LGBTQ. Para expresar esta dinámica en otros términos, los gobiernos y partidos de extrema derecha están creando activamente su propia base política/cultural, en lugar de representar un bloque mayoritario político y cultural que ya existe. Para comprender la base de los éxitos de la extrema derecha en esta operación, es útil abordar la cuestión más general de la relación entre el neoliberalismo y la familia.


En su libro Family Values, Melinda Cooper argumenta que el neoliberalismo ha estado comprometido desde sus orígenes a fortalecer la familia y su rol social [viii]. Al centrarse en el caso de los Estados Unidos, Cooper demuestra cómo los recortes presupuestarios neoliberales al gasto público en educación, salud y programas de asistencia social estuvieron predicados sobre las suposiciones de que las relaciones basadas en el parentesco reemplazarían los "vínculos impersonales" del seguro social a través del autocuidado, el apoyo mutuo y la deuda intergeneracional. Si bien, en contraste con el fordismo, el neoliberalismo no está ligado a costumbres sexuales disciplinarias específicas y a la familia heteronormativa, sí depende en gran medida de la familia para absorber los choques y caprichos del libre mercado. Esta dinámica obviamente se ha profundizado como consecuencia de la crisis de 2008, con la posterior aceleración en la implementación de políticas de austeridad, los recortes al gasto público, el aumentos en el desempleo y la precarización del trabajo. Los lazos familiares se han vuelto cada vez más centrales para la supervivencia misma de las personas.


La multiplicación de identidades y prácticas sexuales, la creciente visibilidad de las identidades de género queer y trans y los estilos de vida no conformes con el género, así como su mercantilización y promoción como nichos de mercado, como nuevas fuentes de ganancias y como sitios de inversión, ha contribuido a oscurecer una realidad caracterizada por una mayor dependencia de los lazos de parentesco para la supervivencia material y el bienestar psicológico. A pesar de la hostilidad de Melinda Cooper hacia la Teoría de la Reproducción Social, este fenómeno puede entenderse mejor a la luz del papel estructural desempeñado por lo que las pensadoras feministas marxistas llaman la reproducción social de la fuerza de trabajo (y, por lo tanto, por la familia como el lugar principal de la reproducción social bajo el capitalismo) y su subordinación a la producción con fines de lucro [ix]. Las reflexiones teóricas de Alan Sears sobre la relación entre reproducción social, normas de género y sexualidad, por ejemplo, son un complemento útil al análisis de Cooper sobre la relación entre familia y neoliberalismo en los Estados Unidos. Como argumenta Sears en un ensayo reciente, si bien la proliferación y la creciente visibilidad de las identidades sexuales y de género pueden confundirse como un mero síntoma de una mayor libertad individual, esta libertad se entiende mejor en la línea de la doble libertad de Marx. Para Marx, bajo el capitalismo los trabajadores están dotados de una doble libertad paradójica: libertad para disponer de sus propios cuerpos, pero también libertad, en el sentido de desposesión, de todos los medios necesarios para su supervivencia. Habiendo sido desposeídos de los medios de producción reiteradamente, los trabajadores y trabajadoras están libres de las ataduras que los unían a la tierra y son libres para vender su fuerza de trabajo, pero también están obligados a vender esa misma fuerza de trabajo para sobrevivir. Alan Sears propone extender esta visión a la esfera de la sexualidad:


"El capitalismo preparó el terreno para el surgimiento de formas de sexualidad que combinan la libertad con la coacción. La libertad de sexualidad bajo el capitalismo se basa en la reproducción social del trabajo "libre", ya que la clase obrera bajo el capitalismo se distingue de otras clases subordinadas a través de la historia en que los trabajadores pueden reclamar la propiedad formal de sus propios cuerpos. Sin embargo, la libertad de trabajo basada en la autopropiedad se combina necesariamente con formas de coacción" [x].


Las fuerzas de derecha en ascenso, desde la Unión Europea hasta América Latina y la India, a menudo han hecho campaña, de una forma u otra, por el proteccionismo económico y por apoyar los intereses económicos de sus naciones y de su clase trabajadora nacional frente a un mercado global demasiado poderoso con sus acuerdos comerciales internacionales e instituciones transnacionales (TLCAN, FMI, OMC, UE). Por esta razón, estos nuevos gobiernos de extrema derecha a menudo se interpretan como antineoliberales. De hecho, las políticas concretas presentadas por las nuevas fuerzas de derecha una vez en el poder no han hecho nada para mitigar los efectos sociales y económicos del neoliberalismo o para desafiar los dogmas neoliberales en la gestión de la economía, a pesar de sus afirmaciones propagandísticas de lo contrario. Solo para dar algunos ejemplos, tanto la administración de Trump como el gobierno del Movimiento Cinco Estrellas / Liga de Italia han presentado reformas fiscales regresivas que redistribuyen fuertemente el ingreso de los pobres a los ricos. El gobierno brasileño de Jair Bolsonaro combina una fachada nacionalista y proteccionista con una agenda neoliberal desencadenada (véase, por ejemplo, su propuesta de reforma de la seguridad social y su interés en privatizar la petrolera estatal Petrobras) [xi].


Lo que diferencia los proyectos reaccionarios de derecha y las fuerzas que Nancy Fraser ha etiquetado como "neoliberalismo progresista" no es, por lo tanto, la oposición o el respaldo al neoliberalismo: es más bien un modo diferente de gestión política de los mismos dogmas económicos neoliberales [xii]. Esto también aplica a la cuestión de la familia. De hecho, el neoliberalismo progresista también se basa en el papel de la familia como condición previa para la implementación de políticas neoliberales. En lugar de presenciar una oposición entre los valores familiares y los valores liberales de independencia personal y autonomía, lo que estamos presenciando hoy es una competencia entre dos modos diferentes de regular culturalmente a la familia en su papel social central. Los neoliberales progresistas no tienen un apego particular a formas disciplinarias específicas de relaciones interpersonales, y por esta razón pueden apoyar el divorcio, el aborto, las relaciones de parentesco alternativas como el matrimonio entre personas del mismo sexo, siempre que, para usar las palabras de Melinda Cooper, estas relaciones de parentesco alternativas puedan "internalizar exitosamente los costos de salud y bienestar de las parejas y los hijos" [xiii].


La derecha neotradicional, por el contrario, persigue un modo distinto de regulación de la familia. Habiendo comprendido que bajo el neoliberalismo la familia se ha convertido en la principal fuente de seguridad para todos, tanto de seguridad económica contra la imprevisibilidad del libre mercado como de seguridad psicológica contra los efectos psíquicos del desempleo, la precariedad y la pérdida de estatus social, los partidos de derecha persiguen un proyecto de retorno a los valores neotradicionales que refuerzan la heteronormatividad, la autoridad paterna, y la jerarquía social y cultural entre las parejas estrictamente heterosexuales. La fijación de la derecha en los valores familiares neoconservadores juega un rol ideológico y autolegitimador importante. En muchos casos, los gobiernos de derecha han logrado ganar poder a base de plataformas que denuncian la desintegración de los lazos nacionales y comunitarios a manos de una élite financiera, a menudo caracterizada como cosmopolita, amoralmente comprometida con las libertades sexuales y ajena a la difícil situación de los trabajadores normales. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, estos gobiernos ya han demostrado que tienen muy poco que ofrecer en términos de políticas concretas que aborden las causas profundas de la inseguridad social: por el contrario, promueven políticas que desmantelarán aún más las redes de seguridad social, dejando a la familia nuevamente como el único recurso disponible. Lo que sí pueden ofrecer es una fantasía movilizadora según la cual las personas se sienten inseguras porque la familia está en peligro: amenazada tanto por la "ideología de género" como por una invasión de inmigrantes "portadores" de diferentes valores, diferentes culturas y una propensión sexual a aprovecharse de las mujeres nacionales.


En el Manifiesto feminista que escribí con Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser argumentamos que "los movimientos de liberación de hoy están entre la espada y la pared: un lado quiere entregarnos a la dominación religiosa/patriarcal, mientras que el otro nos entregaría en bandeja para la depredación directa del capital. Las feministas para el 99% se niegan a jugar"[xiv]. El juego que debemos rechazar es el que ve en el neoliberalismo progresista y la reacción conservadora contra la sexualidad como las únicas dos opciones disponibles. En aquel momento, nos preocupaba que los movimientos emancipadores, frente al surgimiento de una extrema derecha agresiva, pudieran verse tentados a abrazar el neoliberalismo progresista como escudo que pudiera protegernos de la reacción conservadora. Añado otra preocupación, a saber, la tentación de arrojar por la borda los derechos y libertades de las mujeres y las personas trans y queer, en un intento de apelar a una idea fantasmal de "gente normal", que pudiera sentirse atraída por los programas de redistribución económica pero se desanima por los llamados "excesos" de las políticas de identidad. En otras palabras, el peligro que me gustaría enfatizar es el de tratar de competir con la derecha aceptando partes de la narrativa que la derecha misma se ha construido en torno a sí. Una preocupación similar es aplicable, por ejemplo, al crecimiento, en Europa, de una izquierda soberanista e incluso nacionalista que apoya la causa de las fronteras cerradas con el pretexto de proteger los salarios nacionales y que incluso intenta apropiarse de las nociones de patria y nación de la derecha [xv].


Reitero, el ascenso de la extrema derecha no debe leerse como la representación política de sentimientos y opiniones generalizadas, es decir, como un movimiento que da voz a una reacción social existente y expresión institucional a un bloque mayoritario social y cultural existente. Por el contrario, el conjunto de fuerzas de derecha está tratando activamente de crear un bloque social reaccionario explotando parasitariamente los sentimientos de inseguridad y reinterpretándolos como producidos por una crisis de la familia a causa de la propagación de la "ideología de género". Imitar a la derecha y apelar a la "gente normal" como la base social adecuada de la izquierda, en este contexto, sería un suicidio político con graves consecuencias para los sectores sociales oprimidos en cuestión.


Notas:

[i] http://nymag.com/intelligencer/2018/01/sullivan-the-gay-rights-movement-is-undoing-its-best-work.html. [ii] www.glaad.org/files/aa/Accelerating%20Acceptance%202018.pdf. [iii] http://www.redwedgemagazine.com/online-issue/nagle-review https://www.versobooks.com/blogs/4086-john-mcdonnell-is-right-we-need-a-new-left-internationalism. [iv] https://www.theguardian.com/news/2017/aug/18/neoliberalism-the-idea-that-changed-the-world. [v] https://www.prri.org/research/americas-growing-support-for-transgender-rights/ https://www.termometropolitico.it/1413570_sondaggi-politici-analisipolitica-2.html https://www.equaldex.com/region/brazil. [vi]https://www.vaticannews.va/en/vatican-city/news/2019-06/vatican-document-on-gender-yes-to-dialogue-no-to-ideology.html. [vii] https://profam.org/category/international-organization-for-the-family/world-congress-of-families/. [viii] https://mitpress.mit.edu/books/family-values. [ix] https://www.versobooks.com/blogs/3709-the-only-way-out-is-through-a-reply-to-melinda-cooper https://www.plutobooks.com/blog/social-reproduction-theory-ferguson/. [x] https://www.viewpointmag.com/2015/10/31/the-social-reproduction-of-sexuality-an-interview-with-alan-sears/. [xi]https://www.reuters.com/article/us-petrobras-privatization/brazils-bolsonaro-wants-to-privatize-petrobras-by-end-of-his-term-report-idUSKCN1VB2CW. [xii]https://www.dissentmagazine.org/online_articles/progressive-neoliberalism-reactionary-populism-nancy-fraser. [xiii]https://www.viewpointmag.com/2018/03/19/family-matters/. [xiv] https://www.versobooks.com/books/2924-feminism-for-the-99. [xv] https://jacobinmag.com/2019/05/european-parliament-elections-results-left.

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