La democracia, ¿una abstracción? (comentario a un texto de Frei Betto sobre Cuba)


Por Rafael Bernabe


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La democracia -una abstraccion
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Recientemente hemos visto en las redes un texto de Frei Betto sobre los hechos recientes en Cuba [1]. Vamos a comentar algunos de sus planteamientos.


El texto de Frei Betto incluye ideas con las que estamos de acuerdo. Hace una elocuente presentación de los logros de la revolución cubana, sobre todo, como él subraya, si se miran desde el punto de vista de la miseria a la que el capitalismo condena a las grandes mayorías de América Latina. Denuncia igualmente, con toda razón, el bloqueo y la agresión a las que el imperialismo ha sometido a Cuba por atreverse a construir una sociedad regida por reglas distintas a las del capitalismo. Sobre esto, como dije, no hay nada que objetar. Estamos completamente de acuerdo con el autor.


Pero el texto falla cuando aborda el tema central que pretende discutir: el problema de la democracia. El argumento de Betto tiene el mérito de la franqueza y la claridad, franqueza y claridad que permiten detectar su debilidad más fácilmente. Dice Frei Betto que cuando alguien le plantea que en Cuba no hay democracia, su respuesta es bajar de la "abstracción de las palabras" a la "realidad" y recordar cómo en Cuba se garantizan la educación, la salud, el empleo y otras necesidades básicas. El resto del texto no es más que una elaboración de este argumento central.


Esta perspectiva provoca varias objeciones.


Primero, se supone que la democracia es una abstracción que poco importa a las grandes mayorías empobrecidas. Pero esto es falso, y es además una calumnia contra esas grandes mayorías. Esas mayorías aprecian, correctamente, la necesidad vital de los derechos democráticos, como la libertad de expresión, de prensa, de reunión, de asociación, de organización sindical, entre otras. Valoran esas libertades cuando las tienen. Las defienden cuando se ven amenazadas. Luchan por reconquistarlas cuando se pierden. Decir que, para los defensores de la revolución cubana, o para los socialistas, estos derechos o libertades son abstracciones secundarias, accesorios prescindibles, que se trata de un problema al que respondemos cambiando el tema, es decirle a todo el que se preocupa por la democracia que la revolución y el socialismo nada o poco tienen que decir sobre sus preocupaciones, que nada tienen que ofrecer a sus aspiraciones. Sería decirles que para atender esas aspiraciones y preocupaciones deberán buscar, por tanto, otros interlocutores, otros movimientos y proyectos, ya que en el socialismo o no tienen espacio o se les relega a segundo (o tercer) plano, o, se les despacha como abstracciones. El imperialismo—¿será necesario recordarlo?—busca presentarse como defensor de la democracia y para hacerlo remacha la centralidad de este problema. Al ignorar el problema de la democracia, o menospreciarlo, o evadirlo, lejos de entorpecer, facilitamos su trabajo de aprovechar fraudulentamente las aspiraciones de los pueblos.


Segundo, supone que la democracia es una abstracción que no es parte esencial del proyecto socialista; que es una abstracción que es algo prescindible para el proyecto socialista. Recordemos que el socialismo, o la transición al socialismo, supone la propiedad colectiva de los medios de producción y su gestión para el bienestar de todos y todas, con respeto a los límites ecológicos que el entorno natural del que somos parte nos impone. En ausencia de una democracia socialista, esa gestión se hará a través de una mezcla de dirección burocrática y mecanismos de mercado. A corto plazo esa mezcla puede tener ciertos logros; a mediano plazo, limita tremendamente el potencial de una economía no-capitalista y a la larga desarticula la economía planificada. Lo cual destruye incluso la capacidad de satisfacer las necesidades materiales concretas que Betto contrapone a la democracia como reino de lo concreto. La democracia socialista y la autogestión en las empresas es parte esencial de una economía planificada saludable. Esa es precisamente la lección de la historia de la Unión Soviética y de su colapso, colapso que no fue resultado de la intervención militar, sino de la descomposición interna del régimen burocrático.


Todavía se escucha por ahí (no es el caso del texto de Betto) la idea de que aquel colapso fue orquestado por la CIA y el Vaticano. De ser así, habría que sacar conclusiones muy pesimistas sobre el futuro de la humanidad. Se pretende que creamos que, luego de ejercer el poder político por setenta años, la clase obrera soviética lo entregó debido a las manipulaciones de agentes enemigos. Por supuesto, esto nada tiene que ver con lo ocurrido. El problema era precisamente que hacía mucho tiempo que la clase trabajadora no ejercía el poder político, y sabía que no lo ejercía, y no identificaba al estado existente como suyo. Y la única manera de evitar ese divorcio, ese proceso de burocratización, es a través de la democracia, de la participación activa en la gestión estatal.


También se escucha la idea de que las libertades democráticas son libertades burguesas. Pero esto es igualmente falso. El socialismo supone el gobierno de la clase trabajadora. Pero, concretamente, ¿cómo puede gobernar la clase trabajadora? ¿Cómo puede decidir qué política tributaria o monetaria o salarial se debe adoptar, o a qué sectores económicos se les debe dar prioridad, o qué servicios deben ser gratuitos o cuáles se deben cobrar o qué rol debe tener la pequeña empresa privada, entre muchos otros temas? Como único puede la clase trabajadora decidir sobre estos temas es a través del debate abierto, la discusión pública, la circulación de posiciones y propuestas distintas, la posibilidad de asociarse para promover determinadas posiciones, la elección de delegados según las posiciones que han asumido. Estas no son abstracciones. Esta es la única manera que los productores pueden autogobernarse. Estas no son libertades burguesas, son libertades obreras, son libertades socialistas. En último análisis eso corresponde al hecho de que el socialismo es mucho más que un gobierno que se ocupa de las necesidades de la gente. Es un proceso de autoemancipación, que requiere, por tanto, la libre participación de los protagonistas de ese proceso.


Sería un grave error y una injusticia negar que el factor fundamental que explica los problemas materiales que enfrenta Cuba, las carencias y la falta de recursos, ha sido y sigue siendo ese bloqueo y esa agresión. Cuba es una fortaleza asediada y buena parte de su pueblo está al límite de la resistencia. Sería absurdo exigir a Cuba una democracia socialista modelo en condiciones de agresión y aislamiento extremo. Levantar ese bloqueo es por tanto tarea prioritaria de los revolucionarios desde el punto de vista tanto de mejorar las condiciones materiales del pueblo cubano, como de abrir paso para una más amplia democracia socialista, problema que no puede ignorarse. Dicho de otro modo, hay que combatir el bloqueo, pero no a costa de menospreciar el problema de la democracia; no a costa de menospreciar el peligro de la burocratización [2].


Incluso, cuando la agresión impone límites a la democracia, lo correcto es hablar claramente y decirlo así mismo, en lugar de convertir la necesidad en virtud y pensar o plantear que esos límites son parte de un modelo superior. Y sobre esto hay que señalar que entre una democracia plena y el monolitismo hay grados y estaciones intermedias. Sobre todos los temas indicados (y otros) hay diferencias legítimas entre revolucionarios, entre socialistas, entre antiimperialistas, entre comunistas. Y creo que en Cuba puede existir más espacio del que ahora existe para un debate franco y libre, entre revolucionarios sobre muchos temas. Esto ya no podrá evitarse. La pregunta es si la revolución podrá incorporarlo a sus estructuras y fortalecerse.


En fin, cuando se pregunta sobre la democracia, los socialistas no debemos responder que se trata de una "abstracción" y cambiar de tema. Debemos asumir claramente la defensa de la democracia como parte del proyecto socialista, como parte esencial del proyecto socialista. Y esto implica no abandonar, sino, al contrario, subrayar los límites de la democracia capitalista o burguesa. Y hay que hacerlo, incluso para reconocer que determinadas circunstancias han impuesto desviaciones a las normas de la democracia socialista.


Recuerdo que a principios de la década del 1980, el socialista belga y economista marxista Ernest Mandel planteaba cómo la burocracia soviética enfrentaba serios problemas para asimilar la revolución de las computadoras: las computadoras eran necesarias para modernizar todo el aparato productivo y elevar las destrezas de la clase trabajadora, pero cada computadora venía acompañada de una impresora. Y cada impresora era la fuente potencial de una publicación no autorizada. Lo mismo ocurre hoy con el internet. Ya no podemos vivir sin él. El socialismo tendrá que construirse con él. Para eso tenemos que abrir los espacios al debate y la discusión. Me consta que en Cuba hay muchas voces socialistas y patrióticas, pero críticas y descontentas con las políticas vigentes. Son voces marxistas y antiimperialistas. Nada gana la revolución haciéndolas vivir en una zona gris entre el reconocimiento o la ilegalidad. Estoy de acuerdo con algunas, en desacuerdo con otras. Pero es necesario abrir el espacio para que se escuchen.


La unidad tiene que incluir esa diversidad. Como he dicho en actividades en mi país: la revolución tiene que renovarse, para eso hay que defenderla; a la revolución hay que defenderla, por eso hay que renovarla.


Notas


[1] Frei Betto, "Cuba resiste" (14 julio 2021) Cuba resiste | Cubadebate. Hace 18 años publicamos un texto titulado "Notas sobre Cuba y la democracia socialista" (2003). Aunque se refería a otra coyuntura, muchos de sus planteamientos nos parecen que siguen vigentes. Notas sobre cuba y la democracia socialista - Viento Sur. Ver también del mismo momento "Crítica a la crítica de James Petras" (2003) Critica a la crítica de James Petras - Viento Sur


[2] Si alguien piensa que me desvío de los clásicos o de la "ortodoxia", les invito a releer Estado y revolución y los últimos escritos de Lenin, que tratan sobre este tema. Lenin fue el primero en describir la Unión Soviética como un estado obrero con deformaciones burocráticas.