"¿Hemos recorrido un largo camino?" y "Más allá de decidir"


A la Junta Editorial de momento crítico nos parece oportuno impulsar el diálogo sobre las estrategias para la defensa del derecho al aborto que se encuentran bajo asedio por grupos de derechas y fuerzas políticas conservadores en Estados Unidos y Puerto Rico. Por eso, publicamos traducciones de estos dos artículos, originalmente reproducidos en la revista Against the Current. Cada artículo tendrá, además, una breve nota editorial nuestra.


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¿Hemos recorrido un largo camino?*

Por Dianne Feeley


* “Have We Come a Long Way?” Against the Current, No. 218, May/June 2022

https://againstthecurrent.org/have-we-come-a-long-way/


[Nota editorial de momento crítico: Este texto recoge las palabras de Dianne Feeley, representante de la Coalición de Michigan para la Liberación Reproductiva, en la manifestación del 14 de mayo de 2022 celebrada en Detroit en defensa del aborto legal y seguro en los Estados Unidos. Se congregaron 1100 personas y ha sido la tercera manifestación y marcha desde que se filtró el borrador de opinión de Alito que revelaba la revocación de Roe v. Wade por el Tribunal Supremo de Estados Unidos. La MCRL (por sus siglas en inglés) celebró desde entonces acciones semanales frente al Tribunal Federal. Ahora, con la confirmación de la revocación, la determinación de legalidad del aborto y sus alcances recaería en los estados. Dianne menciona algunas de las medidas que han estado impulsando desde la MCRL ante la amenaza de una vieja ley prohibitiva del aborto en Michigan.]


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La semana pasada, una mujer que vivía en un albergue intentó quitarse la vida. Estaba embarazada y quería abortar, pero pensaba que el proyecto filtrado que escribió Alito estaba en vigor y que el aborto estaba prohibido.


Afortunadamente, la encontraron y la llevaron a un hospital donde se recuperó. Ahora sabe que el aborto sigue siendo legal, y programó el procedimiento.


Es esencial que las personas embarazadas entiendan que no solo es legal el aborto, sino que existe un movimiento para defender sus derechos. Eso es cierto hoy, y lo es incluso si la mayoría del Tribunal Supremo sigue adelante con su decisión.


Uno de los fascinantes paralelismos entre el texto de Alito y las dos sentencias que han impedido la aplicación de la Ley de Derecho al Voto de 1965 es el argumento de que ya no necesitamos esas protecciones federales porque hemos progresado mucho.


Es cierto que a lo largo del siglo XX las mujeres se incorporaron a la fuerza de trabajo remunerada en un número cada vez mayor, asistieron a la universidad y muchas se convirtieron en médicas, científicas, abogadas, educadoras, incluso algunas ejecutivas. Muchas más, como yo, realizamos diversos trabajos a lo largo de nuestra vida laboral.


Pero siempre con un gran costo, porque cargamos con la responsabilidad de criar a los jóvenes, cuidar a los ancianos y proporcionar la estabilidad emocional a las familias y las comunidades. Y lo hacemos sin los apoyos sociales que necesitamos para tener centros de cuidado infantil de calidad, una vivienda asequible, unas infraestructuras que funcionen, una buena sanidad pública, unas escuelas estimulantes que animen, y no brutalicen, a los estudiantes. Y muy pocas de nosotras hemos tenido trabajos significativos.


Las mujeres de color sufren además el inevitable trauma que supone la discriminación diaria: mayor riesgo de pobreza, mayor riesgo de mortalidad materna, mayor riesgo de mortalidad infantil, mayor riesgo de vivir en barrios contaminados, y la lista continúa. Y lo que es más horrible, las mujeres de color deben preparar a sus hijos para que no sean aplastados por el menosprecio que encuentran en la vida, por la posibilidad de ser arrestados, encarcelados y muertos.


A las mujeres y a las personas de género fluido que pueden quedarse embarazadas se nos dice que debemos aceptar la realidad de que no tenemos derecho a la libertad según la 14ª enmienda. Nuestras necesidades no se mencionaron especialmente allí. Al igual que las personas que viven en estados que tienen un historial de negar a los ciudadanos el derecho al voto, no necesitamos protección federal. Hemos recorrido un largo camino.


Nuestra respuesta es rechazar no solo la próxima decisión redactada por Alito y la misoginia que refleja, sino también al Tribunal como institución antidemocrática que intentaría imponer su punto de vista intolerante. Nos oponemos al objetivo de la derecha de otorgar la condición de persona al cigoto mientras se encarcela a las mujeres en nuestros cuerpos.


Desde Roe, el aborto, que solía ser peligroso porque era ilegal, es ahora varias veces más seguro que el parto. Y 50 millones de mujeres estadounidenses se han sometido al procedimiento. Hoy en día, la mayoría de los abortos -aquellos en los que el embarazo tiene menos de 10 semanas- ya no son operaciones quirúrgicas, sino médicas.


Eso pone especialmente nerviosa a la derecha, porque la gente puede autoabortar con seguridad. Después de que la derecha haya hecho todo este trabajo para montar sus clínicas falsas (que superan en número a las clínicas abortistas en tres a uno), después de que hayan desarrollado leyes que limitan a los proveedores de abortos, matando a ocho e hiriendo a 13, e incluso si consiguen matar a Roe, están intentando encontrar formas de interceptar las píldoras enviadas por correo. Tenemos que apoyar y publicitar métodos de desobediencia civil, llevando a las embarazadas a través de las fronteras estatales o siendo conductos para las píldoras abortivas.


Aquí en Michigan, tenemos una oportunidad única. De aquí a finales de junio estamos haciendo circular una petición para colocar un referéndum en la papeleta de noviembre que añadiría la libertad reproductiva a la Constitución de Michigan. Esto no solo anularía la ley antiaborto de 1931 que entraría en vigor si Roe fuera anulado, sino que añadiría protecciones estatales para una serie de cuestiones reproductivas, desde la anticoncepción hasta el parto, la gestión de abortos, el aborto y la esterilización. Asegúrate de firmar la petición y ver si puedes hacerla circular. Gracias por estar aquí hoy. Sepan que somos la mayoría y que defenderemos nuestros derechos.


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Más allá de decidir: por qué necesitamos justicia reproductiva*

Por Shui-yin Sharon Yam


* “Beyond Choice: Why We Need Reproductive Justice” Against the Current (June 2022) https://againstthecurrent.org/beyond-choice-why-we-need-reproductive-justice/


[Nota editorial de momento crítico: El debate sobre la restricción del derecho al aborto generado en Puerto Rico por el Proyecto del Senado 693, aprobado por dicho cuerpo legislativo el pasado 21 de junio de 2022, y la expectativa de lo que ocurrirá a continuación en la Cámara de Representantes con este Proyecto, adquiere dimensiones alarmantes cuando se considera la reciente revocación del caso Roe v. Wade por el Tribunal Supremo de Estados Unidos en Dobbs v. Jackson. Los grupos feministas y activistas por el derecho al aborto en Puerto Rico han unido fuerzas para hacer frente a las amenazas recientes y las que se puedan avecinar. En este artículo escrito poco antes de que se anunciara la decisión del Tribunal Supremo, Shi-yin Sharon Yam invita a considerar la justicia reproductiva como un principio para la rearticulación de las luchas en defensa del derecho al aborto en un momento que exige evaluaciones cuidadosas y diversidad de acciones.]


Nota de los editores de Against The Current: El feminismo de la segunda ola nunca fue un movimiento de un solo asunto. Reclamó el aborto gratuito y accesible, así como cuidado infantil de calidad y la igualdad salarial por el mismo trabajo. También puso de manifiesto la violencia de la sociedad, al desvelar el abuso doméstico y las violaciones por conocidos. Shui-yin Sharon Yam nos recuerda que la decisión del caso Roe vs. Wade, que afirmaba que el personal médico puede ayudar a la persona embarazada que quiere abortar, pronto será anulada por el Tribunal Supremo. La autora analiza la mejor manera de defender la autonomía corporal de las personas embarazadas en esta nueva era.


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DESDE QUE se filtró el borrador de sentencia del Tribunal Supremo para anular el caso Roe v. Wade, las personas activistas de los derechos reproductivos se han movilizado en torno al acceso legal al aborto seguro.


En el discurso público dominante, la controversia sobre el aborto suele simplificarse en binarios: "proelección" o "provida". Ambos términos, sin embargo, son inapropiados pues ocultan la lucha por una visión más amplia e interseccional de la justicia reproductiva. La posible anulación de Roe v. Wade crea una ruptura — que las personas activistas de la justicia reproductiva pueden y deben aprovechar para dar forma al futuro de la autonomía corporal y la libertad reproductiva para todos.


A medida que se intensifican más ampliamente los debates y la defensa del acceso al aborto y el cuidado reproductivo, es importante que, ahora más que nunca, afinemos el lenguaje que utilizamos para describir el contorno ideológico de la política reproductiva y la visión por la que luchamos.


Las limitaciones de decidir


Aunque Roe v. Wade ha permitido a muchas personas acceder al aborto legal, la sentencia siempre se ha basado en el concepto de decisión individual, más que en derechos o justicia. Dicho de otro modo, Roe legaliza el aborto sobre la base de que, como decisión reproductiva, pertenece a la "zona de privacidad" del individuo, donde el gobierno no puede entrometerse.


El paradigma de la elección ha sido ampliamente criticado por las académicas feministas y las activistas de la justicia reproductiva por considerarlo muy insuficiente: basado en un marco individualista, consumista y capitalista, solo aquellos que ya tienen acceso a los recursos pueden realizar una elección libre. En otras palabras, el marco y el lenguaje proelección no tienen en cuenta las dificultades que experimentan las personas marginadas -como las mujeres pobres negras- cuando buscan servicios de aborto.


Es importante recordar que el paradigma de la elección no siempre ha sido el marco definitorio para las personas defensoras del derecho al aborto.


El historiador Rickie Solinger señala que a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, las personas defensoras del aborto legal utilizaban en gran medida el término derechos para describir el acceso al aborto seguro. Sin embargo, para que el movimiento fuera más aceptable para el público en general, los defensores comenzaron a utilizar el lenguaje de la elección, que estaba más alineado con el discurso capitalista dominante sobre el consumo y la decisión individual.


Además, algunos estrategas a favor del derecho a decidir optaron por enfocar el aborto como un derecho negativo, en lugar de como un derecho: en otras palabras, como un acto que debería estar libre de la interferencia del gobierno, pero no como uno que justifica el apoyo activo y los recursos del Estado. Esta estrategia creó situaciones en las que las personas marginadas tienen dificultades para encontrar proveedores y clínicas de aborto de fácil acceso.


Aunque un argumento centrado en la libertad frente a la injerencia del gobierno fue útil para conseguir el apoyo de los votantes liberales que buscaban proteger su intimidad del "Gran Gobierno", ha limitado considerablemente el alcance del movimiento por el derecho al aborto.


En primer lugar, el mismo argumento liberal puede utilizarse para justificar las políticas antiabortistas, como la Enmienda Hyde que niega la financiación federal de los servicios de aborto. En segundo lugar, la ausencia de interferencias en un mercado capitalista no garantiza la igualdad de acceso al aborto seguro para todos.


Como sostiene Solinger, solo las mujeres blancas de clase media, consideradas legítimas por el Estado y el público, tienen derecho a elegir. Como opina Monica Simpson, directora ejecutiva del SisterSong Women of Color Reproductive Justice Collective, "para ser proelección, hay que tener el privilegio de tener opciones".


De hecho, muchas personas activistas y estudiosas de la justicia reproductiva han señalado que las mujeres pobres de color y las personas trans no tienen las mismas opciones reproductivas porque muchas de ellas carecen de acceso a una atención sanitaria adecuada. Incluso cuando Roe sigue vigente, el aumento de las restricciones legales al aborto y la Enmienda Hyde han dificultado enormemente que las personas marginadas puedan pagar y acceder al aborto legal.


En otras palabras, el marco proelección no tiene en cuenta la vida de las personas marginadas que no tienen recursos para ejercer su derecho a elegir del mismo modo que las mujeres blancas cis de clase media-alta.


Al individualizar el acceso al aborto como una elección consumista que debería estar libre de la interferencia del gobierno, el enfoque y el lenguaje proelección ocultan patrones de injusticia que se entrecruzan. Como han observado repetidamente los activistas de la justicia reproductiva, como Loretta Ross, la decisión reproductiva de tener o no tener hijos está siempre integrada en una compleja red de dinámicas de poder político y social.


Mientras que el discurso de la elección se centra únicamente en la posibilidad de acceder al aborto para interrumpir el embarazo, el enfoque de la justicia reproductiva se ocupa de un conjunto más amplio de cuestiones: ¿Puede la persona embarazada permitirse y acceder a una atención al aborto que sea afirmativa? ¿La persona embarazada busca el aborto porque de otro modo no tendría los recursos para criar al niño?


Si es así, ¿qué servicios y recursos sociales necesita esta persona para tener el hijo y criarlo en un entorno seguro? ¿Tiene la persona embarazada y su comunidad acceso a anticonceptivos no coercitivos y a una educación sexual integral?


Si la persona no puede acceder al aborto, ¿qué riesgos para la salud experimentará durante el embarazo y el parto, especialmente teniendo en cuenta las horrendas disparidades raciales en los resultados de la salud materna en Estados Unidos? En pocas palabras, el paradigma de la elección es muy insuficiente para abordar las redes sociopolíticas que conducen a la injusticia reproductiva sistémica.


¿La vida de quién está protegida?


A pesar de su actual insuficiencia para proteger el derecho de las personas al aborto, la anulación de Roe v. Wade no hará sino agravar las injusticias y la marginación existentes.


Las personas académicas y activistas de la justicia reproductiva ya han advertido que, si se anula el caso Roe, las personas pobres de color serán las más afectadas, ya que son las que tienen más probabilidades de sufrir la criminalización, las barreras financieras y los resultados negativos en materia de salud con el sistema actual.


Por lo tanto, en esta coyuntura crítica, ya no podemos conformarnos con la narrativa limitante proelección. Por el contrario, debemos organizarnos a través de un marco de justicia reproductiva que vea la opresión reproductiva como "el resultado de la intersección de múltiples opresiones" (Ross y Solinger 69).


Aunque Roe todavía no ha sido revocado, muchos estados ya han aprobado leyes restrictivas sobre el aborto -la más notoria es la S.B. 8 de Texas, que prohíbe los abortos en casi todas las circunstancias, y criminaliza a cualquiera que "ayude o instigue" a la realización de un aborto prohibido.


Además de las prohibiciones del aborto, algunos estados también han criminalizado los resultados adversos del embarazo a través de leyes de feticidio: las personas embarazadas, la mayoría de ellas mujeres de color, han sido acusadas por enfermedades mentales, adicciones y accidentes (incluyendo la caída accidental por las escaleras y el disparo en el estómago) que han provocado un aborto. Aunque los defensores de estas políticas suelen afirmar que están a favor de la vida, esta etiqueta eclipsa las vidas de muchas personas marginadas que se ven perjudicadas por la criminalización del aborto.


En sintonía con la interseccionalidad de las opresiones, las identidades y las relaciones de poder, la justicia reproductiva es un marco de coalición que exige a las personas activistas organizarse con diferentes movimientos de justicia social para lograr la autonomía corporal y la libertad reproductiva para todos.


Visto a través de la lente expansiva de la justicia reproductiva, cuestiones como el encarcelamiento masivo, la criminalización y el racismo sistémico son factores clave que contribuyen a la injusticia reproductiva. Además del derecho a no tener hijos, las personas activistas de la justicia reproductiva también luchan por el derecho de las personas a tener hijos y el derecho a ser padres en un entorno seguro.


Por consiguiente, además del acceso al aborto, la criminalización y el encarcelamiento de las personas de color en virtud de la prohibición del aborto es también una cuestión urgente de justicia reproductiva.


Debido a las injusticias sociales -como la pobreza, la falta de acceso a servicios de salud reproductiva y educación, y la violencia sexual-, la tasa de aborto de las mujeres negras es aproximadamente cinco veces superior a la de las mujeres blancas, y el 60% de las personas que abortan son personas de color.


En lugar de proporcionar los recursos y el apoyo necesarios para prevenir los embarazos no deseados entre las comunidades de color, la prohibición del aborto criminaliza a personas que a menudo ya se consideran delincuentes o desviadas sexualmente. Estudios anteriores ya han demostrado que el aumento de la criminalización tiende a afectar de forma desproporcionada a las personas de color.


Si se anula Roe, el aborto será ilegal en muchos estados que tienen una alta proporción de personas de color que buscan abortar. En otras palabras, conducirá inevitablemente a la criminalización y el encarcelamiento de las mujeres pobres y las personas de color.


Las personas estudiosas de la justicia reproductiva han argumentado que el encarcelamiento y la criminalización son un motor clave de la opresión reproductiva porque las personas encarceladas no poseen autonomía corporal y no pueden ejercer su derecho a tener hijos. El sistema de justicia penal de EE. UU. ha tenido una larga historia de despliegue de la anticoncepción coercitiva y la esterilización en las personas encarceladas.


Dado que las personas negras y marrones pobres son encarceladas de forma desproporcionada, esta sórdida práctica perpetúa la lógica eugenésica racista que impide la reproducción de las personas "no aptas" o "indeseables". La criminalización y el complejo industrial penitenciario, por tanto, no pueden separarse de la injusticia reproductiva.


La conexión entre la injusticia reproductiva y el sistema de justicia penal no encaja en el marco proelección, ya que revela que las decisiones reproductivas no son cuestión de elección individual, sino de injusticia sistémica y política. Solo a través de la lente más amplia e interseccional de la justicia reproductiva podemos ver la necesidad de construir coaliciones entre el movimiento de abolición de las prisiones y el movimiento por el derecho al aborto.


Las personas abolicionistas han argumentado que el complejo industrial penitenciario y la criminalización conducen a la muerte social, ya que las personas encarceladas -en particular las personas de color- pierden sus libertades civiles, sus derechos políticos y su autonomía corporal.


Irónicamente, bajo el lema de "provida" se encuentran muchas personas y comunidades marginadas que se enfrentan a una inminente persecución y muerte social. Al exigir la intervención de la justicia penal en cuestiones reproductivas, los defensores "provida" dejan claro que no consideran que las vidas de las personas marginadas de color sean dignas de protección.


Como señala Andrea Smith, la posición "provida" no expresa tanto un compromiso con la vida, "sino un compromiso con las intervenciones de la justicia penal en cuestiones de justicia reproductiva" (123). A través de la lente interseccional del marco de la justicia reproductiva, podemos articular más claramente la incongruencia y las contradicciones de la posición "provida".


Más allá de la criminalización de los abortos y los abortos espontáneos, los argumentos "provida" también omiten el hecho de que llevar un embarazo a término y dar a luz a un niño es estadísticamente mucho más arriesgado que interrumpir un embarazo.


Debido al racismo obstétrico, las mujeres negras, incluso después de controlar la clase social y el nivel de educación, siguen teniendo entre tres y cinco veces más probabilidades de morir en el parto que las mujeres blancas. Al obligar a dar a luz, la prohibición del aborto y la anulación de Roe convierten la vida de las mujeres negras en algo desechable.


Hacia la libertad reproductiva para todos


La filtración de la sentencia del Tribunal Supremo sobre Roe ha impulsado a la opinión pública a proteger el derecho al aborto legal. Sin embargo, como activistas de la justicia reproductiva, no debemos dejar de organizar un movimiento más amplio, inclusivo e interseccional. El marco y el lenguaje "proelección" frente a "provida" no solo es reductivo, sino que es activamente perjudicial para las personas de color marginadas, cuyas experiencias a menudo no son consideradas por ninguno de los dos bandos.


El marco de la justicia reproductiva permite un análisis y una articulación más convincentes de cómo las diferentes cuestiones sociopolíticas contribuyen a la injusticia reproductiva. Ahora más que nunca, necesitamos un marco organizativo que promueva la creación de coaliciones, porque el acceso al aborto -y la libertad reproductiva en general- no puede separarse de otras fuerzas políticas que hacen que la vida de tantas personas sea invivible.